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"Comes sano y haces ejercicio, pero tu colesterol no baja": la advertencia de la cardióloga Angélica Figueroa

Ni los cereales “fitness” ni los fiambres “light” son lo que parecen

Malos hábitos saludables

Malos hábitos saludables / LP/DLP

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Johanna Betancor Galindo

Johanna Betancor Galindo

Las Palmas de Gran Canaria

Bajo la luz blanca de una consulta cualquiera, día tras día, la doctora Angélica Figueroa repite la misma conversación con pacientes que llegan con los ojos abiertos por el desconcierto. Son personas que comen sano, se mueven a diario, no fuman y apenas beben. Sin embargo, el colesterol sigue ahí, alto, amenazante, como una sombra que no se despega del informe médico. La escena se repite tanto que ya no sorprende.

“Muchos piensan que basta con dejar las frituras y caminar todos los días. Y luego descubren que su desayuno ‘saludable’ está hecho de azúcar y aceites malos”, explica Figueroa, cardióloga , con una claridad que desmonta mitos y dietas por igual. Porque no todo lo que lleva la etiqueta de sano lo es y cuando el corazón está en juego, la diferencia entre marketing y nutrición puede ser vital.

Lo que parece sano, puede ser tu peor enemigo

Aunque a veces la genética es la culpable, no todo colesterol alto es hereditario. En muchos casos, se trata simplemente de hábitos : leche de avena con azúcar añadido, embutidos light que son todo menos carne, bebidas vegetales con más aditivos que nutrientes.

Según la doctora, el error más común está en confiar ciegamente en productos que se venden como saludables. “Las granolas comerciales, los cereales tipo ‘fitness’ o las barritas energéticas en realidad en su composición tienen grandes cantidades de azúcar, aceites refinados y apenas tienen fibra”, asegura. Es decir, son ultraprocesados disfrazados de comida natural.

Las bebidas vegetales son otro punto sensible. “Revisen las etiquetas. Muchas tienen azúcar escondida y aceites vegetales hidrogenados”, insiste. La leche de avena, por ejemplo, puede parecer una buena alternativa, pero muchas marcas comerciales incluyen ingredientes que afectan negativamente a los niveles de colesterol LDL.

Las frutas, hortalizas y legumbres son lo que más exporta España

Las frutas, hortalizas y legumbres son lo que más exporta España / FERRAN NADEU

El peligro oculto en la nevera

Uno de los errores más repetidos, según la especialista, está en los embutidos que se venden como “saludables”. “Hay fiambres que dicen ser de pavo o jamón cocido, pero si lees la etiqueta, ves que contienen solo un 60 % de carne. El resto es agua, almidón, fécula de patata, aditivos, sal y nitritos”, señala.

El problema no es solo el contenido, sino la frecuencia. “Muchos pacientes cenan embutido todos los días y aunque el jamón sea mejor que la mortadela, también tiene grasa. Medio kilo de jamón al mes puede marcar la diferencia en una analítica”, advierte.

Así sabotean tu colesterol

Los alimentos que elevan el colesterol malo no siempre son los que imaginamos. “La mayoría de fiambres envasados están llenos de grasa animal y sodio. No se trata solo del colesterol total, sino de cómo se distribuye entre el bueno (HDL) y el malo (LDL).

Por eso, el consejo es claro reducir al mínimo los productos procesados, aunque vengan envueltos en colores verdes y mensajes saludables. Qué deberías comer realmente para proteger tu corazón.

Para mejorar el perfil lipídico, no basta con evitar lo malo. Hay que dar espacio a lo bueno. El aceite de oliva virgen extra, el aguacate, el pescado azul, las semillas de chía y lino, las legumbres… Todos estos alimentos ayudan a subir el colesterol bueno y a mantener a raya el malo.

Una dieta basada en alimentos de origen vegetal y sin procesar es clave. Las verduras, frutas, cereales integrales, frutos secos naturales y legumbres no solo cuidan tu colesterol, también reducen la inflamación, mejoran la presión arterial y previenen enfermedades crónicas.

El colesterol es un enemigo silencioso. Por eso es tan importante mirarlo a tiempo, entender sus causas y hacer cambios reales en la alimentación, no solo aparentes. Y concluye con un aviso que suena más a consejo de vida que a dato clínico: “Revisa que no estés consumiendo sin darte cuenta alguno de estos alimentos”.

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