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Ni limpieza ni prevención: esta costumbre femenina en los baños públicos puede ser peor de lo que imaginas

La médica Laura Salazar advierte que un gesto cotidiano puede poner en riesgo tu vejiga, tu suelo pélvico y tu salud íntima

Incontinencia urinaria e infecciones frecuentes

Incontinencia urinaria e infecciones frecuentes / LP/DLP

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Johanna Betancor Galindo

Johanna Betancor Galindo

Las Palmas de Gran Canaria

Hay hábitos que se heredan sin darnos cuenta. En baños públicos, desde niñas, muchas aprendemos que lo correcto es hacer acrobacias para no tocar el inodoro: ponerse en cuclillas, flotar unos centímetros sobre la taza, como si eso pudiera salvarnos de una catástrofe invisible. Es lo que popularmente se conoce como “hacer de aguilita”.

Sin embargo, esta práctica no es tan inocente como parece. Aunque nos tranquilice pensar que así evitamos gérmenes, lo cierto es que podría estar dañando silenciosamente nuestra salud urinaria. “Tu vejiga no necesita acrobacias, necesita paz”, resume la doctora Laura Salazar (@doctlaurasalazar), médica y divulgadora especializada en salud femenina.

Un hábito común con consecuencias invisibles

“Desde niñas nos enseñan a hacer acrobacias en el baño con tal de que nuestras 'pompis' no toquen el inodoro, pero esto es lo peor que le puedes hacer a tu vejiga”, afirma con claridad. Para adoptar la postura de aguilita, el cuerpo debe tensar músculos de piernas, abdomen y suelo pélvico. Esa tensión impide la relajación necesaria para un vaciado completo de la vejiga.

“El resultado es que queda orina guardada y eso provoca infecciones urinarias”, señala. Pero la cosa no queda ahí. Hacer pipí en esta postura de forma habitual entrena al cuerpo a hacerlo mal: con el tiempo puede derivar en incontinencia, sensación constante de ganas de orinar, goteo al estornudar y salpicaduras innecesarias.

Riesgos orinar de aguilita en un baño público

Riesgos orinar de aguilita en un baño público / LP/DLP

Riesgos reales y mitos comunes

Según Salazar, el miedo a los gérmenes de los inodoros está desproporcionado: “Es importante que sepas que la probabilidad de que contraigas una enfermedad por sentarte en un baño es extremadamente baja, a menos que tengas una herida abierta”. Y lanza una comparación llamativa: “Tienes más probabilidades de pescar una infección agarrando el carrito del súper que poniendo tu pompi en un inodoro”.

La costumbre de orinar “al vuelo” mantiene los músculos del suelo pélvico en tensión constante. A largo plazo, esto puede provocar su debilitamiento y problemas como prolapsos o pérdidas de orina. Además, si el músculo detrusor no se relaja, la vejiga nunca se vacía del todo, favoreciendo la proliferación de bacterias.

¿Y si lo haces solo a veces?

“No pasa nada si lo haces de vez en cuando, como en un festival o un concierto. El problema es cuando se convierte en hábito cada vez que usas un baño público”, insiste la médica. También alerta sobre el riesgo de tensión lumbar, molestias en las rodillas y hasta caídas por la falta de apoyo en esa posición tan incómoda.

Frente a todo esto, propone una solución sencilla: “Coloca un protector desechable o cubre la tapa con papel higiénico, desinfecta tus manos y orina tranquilamente”. Y sobre todo, recuerda: “Lávate bien las manos al terminar. Ese es el paso más importante”, subrayando que orinar de aguilita o aguantar demasiado tiempo también afecta al sistema urinario. Es un tema tan común como poco hablado.

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