PSICOLOGÍA
Ansiedad: los tres rasgos ocultos que la alimentan sin que te des cuenta
La psicóloga sanitaria Ángela Fernández revela cómo estas características, aplaudidas socialmente, pueden convertirse en trampas emocionales

3 rasgos comunes en personas con ansiedad / LP/DLP

La ansiedad rara vez aparece de la nada. Muchas veces se alimenta de ciertos patrones de personalidad que, si bien socialmente son valorados y hasta aplaudidos, pueden convertirse en la raíz de un malestar profundo.
La psicóloga sanitaria Ángela Fernández (@angelaprs.psicologia) advierte que tres rasgos se repiten con frecuencia entre quienes sufren ansiedad: la alta responsabilidad, el exceso de amabilidad y el neuroticismo.
1. Alta responsabilidad: virtud y trampa
“Las personas muy autoexigentes suelen ser disciplinadas, rigurosas y con una implicación altísima en sus tareas”, señala Fernández. Buscan constantemente la perfección, y aunque eso les da prestigio y reconocimiento, también puede ser su mayor fuente de ansiedad. “Todo está bien en su justa medida. Si quieren trabajar su ansiedad tendrán que aprender a ser flexibles”, añade.
La psicología lo confirma: la responsabilidad es un rasgo asociado a longevidad, éxito laboral y capacidad de organización. Sus seis facetas competencia, orden, sentido del deber, necesidad de éxito, autodisciplina y deliberación lo convierten en un recurso poderoso, pero cuando se transforma en rigidez, la persona queda atrapada en la frustración de no llegar nunca a lo “suficientemente perfecto”.
2. El exceso de amabilidad: siempre decir que sí
El segundo rasgo que Fernández destaca es la amabilidad. “La amabilidad implica ser generoso, cooperativo, altruista, pero también supone dificultades para poner límites. Son personas que toleran demasiado y tienen el foco siempre puesto en los demás, con muy poco autocuidado”, advierte.
Ese afán de agradar puede parecer inofensivo, pero lleva a la acumulación de compromisos y a la pérdida de tiempo personal. En sus palabras: “Quien se reconoce en este rasgo necesita pasar a la acción y aprender a poner límites”.
3. Neuroticismo: vivir en alerta
El tercer rasgo es quizá el más visible en quienes sufren ansiedad: el neuroticismo. “Las personas con puntuaciones altas en este rasgo suelen ser emocionalmente inestables, impulsivas y nerviosas. Se las conoce como ‘personas de alta reactividad’, porque están en un estado de alerta constante: un ruido, una mala contestación o un plan que se frustra les afecta mucho más”, describe la psicóloga.
Para estas personas, Fernández recomienda incluir en la rutina actividades que promuevan serenidad: meditación, ejercicio físico ligero, paseos en la naturaleza o prácticas creativas. “La clave está en hablarnos con una mirada flexible y compasiva, sin forzarnos demasiado. Porque podemos caer en la trampa de la autoexigencia, el perfeccionismo y la frustración. Hay que aceptar esas tendencias, pero no dejar que nos limiten”.
Los estudios en psicología de la personalidad refuerzan estas observaciones. Mientras que la responsabilidad ofrece orden y éxito, su cara rígida genera ansiedad. La amabilidad sin límites erosiona el autocuidado. Y el neuroticismo, ligado a la reactividad emocional, es un terreno fértil para la preocupación constante y el descontrol del ánimo.
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