Las transmutaciones de Papá Noel al ideario posmoderno, como un monstruo verde (El grinch), un robot malvado (Futurama) o un héroe de clase media (¡Vaya Santa Claus!), son de obligado cumplimiento al arribar la Navidad a nuestra existencia globalizada. En esta multitud de encarnaciones del anciano de traje rojo, conviven muchas desigualdades y una querencia común (la época del año manda) a la sensiblería más chusca.

Arthur Christmas: Operación regalo, la baza de Sony Pictures y los estudios Aardman (Chicken Run) para el periodo vacacional, opta por recorrer el camino de modelar a Papá Noel en la piel de un heredero (Arthur, decidido a entregar un regalo a la única niña del mundo que se quedó sin él) y, qué alegría, consigue una película excepcional.

Apoyada en una comicidad que la distancia de productos navideños al uso (incluso, su utilización del lenguaje bélico y su visión de la empresa mul-tinacional posiciona clara- mente su ideología), el largometraje de Sarah Smith sabe sacar lo mejor de la animación (ese deslumbrante 3D) y de la construcción de personajes en un género donde en demasiadas ocasiones se apuesta por escribir siluetas.

Quizá el solitario punto negativo de Arthur Christmas sea la estacionalidad de su trama: cuando chanchullemos por playas soleadas, uno echará de menos al abuelo Santa, a los elfos y a ese estupendo líder ¿militar? llamado Steve.