Se cumple hoy el 30 aniversario de la gran manifestación pro Universidad de Las Palmas celebrada el 7 de julio de 1982. Desde la reunión del Gabinete Literario en 1972 ya se pedía una universidad en Las Palmas. Antonio Núñez reflexiona sobre aquella batalla común.

Z ¿Por qué no salió la universidad completa en 1979 cuando el Gobierno de UCD dio la Ley que creaba la Universidad -pero solo Politécnica- de Las Palmas?

La ley del 79 tuvo el veto de políticos de Tenerife, y aunque Alicante, Cádiz y León eran ciudades muy pequeñas frente a Las Palmas de Gran Canaria y obtuvieron en esa misma ley universidades 'completas', la Universidad de La Laguna hizo valer su veto presentado como un criterio de 'división funcional' (Ciencias, Humanidades y Sociales en Tenerife, sólo Técnicas en Gran Canaria, principalmente). Pero la ley del 79 -lograda por iniciativa de Nicolás Díaz Saavedra con el apoyo de la UCD de Las Palmas, y con la positiva acogida del ministro Íñigo Cavero a su carta pidiendo la universidad, y el golpe final de autoridad directo de Adolfo Suárez- fue un logro muy bueno y estratégico. Por esa ley existe universidad en Las Palmas de Gran Canaria. Más aún: la ULPGC está en deuda con Nicolás Díaz Saavedra, con Adolfo Suárez y con aquel gobierno de UCD. También lo está con Lorenzo Olarte y su Gobierno de 1989 cuando finalmente se aprobó la ULPGC. Pero la ley del 79 no habría sido tan completa sin la enorme labor que había hecho Juan Pulido Castro desde el Cabildo de Gran Canaria entre el 70 y el 74 con la creación, construcción y dotación del Colegio Universitario, la creación y dotación del Centro Asociado de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), la creación y construcción del Centro de Investigación Pesquera de Taliarte, y la constante demanda al Ministerio de facultades en Las Palmas. Quiero resaltar también el importante papel que tuvo José Plácido (director de la Escuela Universitaria Politécnica, EUP) para lograr que como en la ampliación de la EUP con nuevas especialidades en el 78 se había caído de la lista de titulaciones Informática -en el último momento- con la excusa de ser "una Facultad" y no una "Escuela de Ingenieros", ahora sí apareciera Informática -como escuela universitaria- en el diseño de la creación de la UPLP. Esta ampliación había sido otorgada por el presidente Suárez en el Consejo de Ministros especial para Canarias del 78, tras las reivindicaciones presentadas al ministro Cruz Martínez Esteruelas en una famosa visita que nos hizo años antes, en el 74, a los profesores de industriales y de EUP. De hecho fueron las escuelas universitarias existentes entonces las que llevaron a Francisco Rubio y su equipo al rectorado con los votos de Juan Pulido Castro, José Plácido, Octavio Santana, y Tomás López Fragoso. Arquitectura e Industriales mostraron ciertas reservas a favor de los catalanes Enric Trillas y Fons Boronat respectivamente. La escuela de Agrícolas estuvo a otra cosa. Arquitectura y sobre todo Industriales solo pasarían a apoyar "la nueva situación" -aunque siempre con sus propios candidatos a rector- a partir de la redacción de los Estatutos de la UPLP, y gracias a varios grupos de profesores de esos centros y especialmente al tremendo liderazgo estudiantil de Jorge Rodríguez Díaz, Wenceslao Berriel y Nicolás Martí. Pero al acercarse el año 1982 fue el movimiento interno del Colegio Universitario con sus ya muchos profesores, y el impulso del presidente de su Patronato, Cristóbal García Blairsy lo que verdaderamente explotó y se unió en pinza a la dinámica lanzada en la Politécnica por Francisco Rubio.

Z Francisco Rubio impulsó la manifestación de 1982, ¿por qué tuvo tanto éxito social?

Porque era una gran necesidad social. Pero los movimientos sociales hay que vertebrarlos. Una sociedad plana, desestructurada no consigue nada. Se necesitan líderes. Y me parece de justicia recordar en este aniversario de la manifestación del 82 la creación en el 74 del CULP y en el 79 de la UPLP porque fueron las estructuras decisivas, los motores autónomos, claves, con personalidad jurídica propia, posibilidad de actuar ante los tribunales, competencias, e interlocución con el ministerio y gobiernos de turno, en la larga marcha hacia la universidad completa en Las Palmas. Lo digo tras reconocer el campo abonado previamente existente con los centros universitarios abiertos en Las Palmas. Un ejemplo había sido la apertura a Las Palmas hecha por el rector de La Laguna Antonio Bethencourt con la creación en 1976 de la Sección de Empresariales (con Jerónimo Saavedra y Beatriz González López-Valcárcel al frente), aunque al precio de tenerse que ubicar en La Laguna la Facultad originalmente solicitada para Las Palmas, teniendo Las Palmas títulos sobrados para ello. La Laguna se mostró muy satisfecha con el nombramiento del primer rector de la Politécnica en abril de 1980, Javier de Cárdenas Chávarri, y hasta su rector en funciones Francisco Sánchez asistió a la toma de posesión. Pero fue la confluencia de varios factores lo que generó la dinámica de las movilizaciones institucionales de 1982, lideradas popularmente por las APA de colegios públicos (Bernardino Mateos) y privados (Rafael Trujillo). Entre estos factores hay que contar el empuje de la nueva UPLP (tras la llegada de Francisco Rubio al rectorado), y el del Colegio Universitario de Medicina (CUM) (Cristóbal García Blairsy, Pedro Betancor, Roberto Moreno, Francisco Rubio, Nicolás Díaz Chico), la entusiasta adhesión del Centro Asociado de la UNED en Las Palmas (Cristóbal García Blairsy), el soporte institucional del Cabildo (singularmente de Boro Trujillo y en lo que pudo Fernando Giménez) y la complicidad de diversos colectivos, no todos, de los centros de la ULL en Las Palmas. Quizás la ignición del 'fuego revolucionario' del periodo 80-82 haya que situarla en el Patronato del CULP, y en concreto en el empuje de Cristóbal García Blairsy, quien desde sus tiempos de consejero del Cabildo había logrado en La Laguna la división de Medicina para Las Palmas gracias a una carambola inesperada propiciada por el decano de Medicina lagunero. El CULP fue en el 82 a la huelga total y a una gran confrontación. La UPLP y el CULP lideraron todo el movimiento institucional que condujo a julio del 82. La UPLP contó desde el primer momento con el apoyo del alcalde de Las Palmas de Gran Canaria Juan Rodríguez Doreste, que presidía el Pleno del Consejo de Patronato de la UPLP. Pero la Junta preautonómica de Canarias falló al no dar respuesta a la gigantesca manifestación de 1982 por la "¡Universidad de Las Palmas ya!" Aquel 'Consejo para la Historia' estaba presidido por Francisco Ucelay, con Fernando Bergasa de vicepresidente y José Carlos Alberto de consejero de Educación. Recuerdo haber seguido los debates del Consejo de la Junta desde una habitación del hotel Mencey, a través de la información que nos trasladaba Gregorio Toledo, consejero de Sanidad e implicado en la movilización. Gregorio Toledo había arrancado de UCD de Madrid que no se opusiera a la llegada democrática de Francisco Rubio a la Politécnica.

Z ¿Qué quiere decir con que ustedes se implicaron en la movilización?

Quiero decir que la UPLP había promovido decisivamente todo aquello: era una universidad y tenía competencias e interlocución. Por ejemplo, como miembro del equipo rectoral recuerdo que en la sede que teníamos en la plaza del Obelisco (Emalsa) había un teletipo electrónico con memoria que entonces pocos sabíamos manejar. Recuerdo haber redactado, tecleado y enviado notas de prensa que, sorprendentemente, llegaron a publicarse en aquel caliente 1982 en la portada de tipografía de ABC o en La Vanguardia, entre otros, tal y como las habíamos redactado. Fue especialmente emocionante el encierro que mantuvieron durante varios días en esa sede del rectorado los responsables de las APA's, durante la huelga general hecha en los colegios por sus asociaciones, -no enviando los niños a los colegios varios días, (ahora nos parece increíble ese nivel de lucha y movilización ciudadana)-, en el camino hacia la manifestación del 82. Fue también emotivo ver a Rafael Trujillo luchando desde la presidencia de la asamblea de APA's, colectivos profesionales, e instituciones donde se decidió la huelga y la posterior manifestación. En aquella macro-asamblea, celebrada en un abarrotado salón de actos del CUM con el apoyo del alcalde Juan Rodríguez Doreste, Trujillo fue interpelado por José Carlos Mauricio, que propiciaba, como en general la izquierda política hasta el 89, una universidad regional única, con sede en La Laguna pero con centros más distribuidos. Trujillo no pudo controlar el fuerte debate que surgió y fue el teniente de alcalde José Medina quien "se hizo" con la presidencia de facto, y con su gran experiencia recondujo la asamblea hasta sus conclusiones a favor de las medidas populares de presión por la universidad. Tan populares que recuerdo haber acordado en mi casa los servicios de Manolo García Sánchez y su gente, mucha, de La Isleta, para la seguridad interna de la manifestación del 82, como volvimos a hacer en la manifestación definitiva del 88 "¡Ahora sí!". Honra a José Medina aquella decidida actuación pues años más tarde su grupo político mantuvo hasta vísperas del debate en el Parlamento la postura de la división funcional de centros. Otro recuerdo es por ejemplo las negociaciones secretas con otro Trujillo, Gumersindo Trujillo, rector de ULL, y catedrático de Derecho Político y Derecho Constitucional, explorando un reparto pacífico más acorde a las necesidades de la población. Las negociaciones 'naufragaron', aunque no por el pintoresco hecho de que alguna se celebrara en el yate de Juan Pulido Castro. Recuerdo también la tremenda campaña popular de recogida de cerca de 90.000 firmas que protagonizó LA PROVINCIA, bajo el impulso de Ángel Tristán y acompañada de artículos muy duros. Todos los medios de comunicación de distinto signo fueron ejemplares -incluido por supuesto El Eco de Canarias de Andrés Ruiz Delgado, en sus últimos meses de edición- y fueron elementos claves en una movilización social que aunque 'popular' estaba pensada y organizada en sus pasos por muchos estamentos concretos de liderazgo social unidos entre sí pese a la desunión de los políticos.