A José Alonso Morales le tocó ejercer de pregonero en las fiestas del Pino en septiembre pasado. Fue una de sus últimas intervenciones públicas. "Yo me siento esta noche como uno de esos mensajeros que llevan entre sus labios los sonidos del mensaje y me veo descendiendo por las montañas del pueblo de Teror", decía Alonso en una intervención en la que reivindicaba el valor de estas fiestas en honor a la Virgen del Pino como la oportunidad para soñar y vertebrar la identidad de las Islas.

"Invito a no tener miedo y ser soñadores en nuestro mundo que se nos presenta cerrado a grandes posibilidades y donde el velo del desencanto oculta el futuro. Hay que ser soñadores y romper el tiempo monótono de la aparente eficacia", ya que según leyó aquella noche, "un pueblo que hace fiesta es un pueblo que tiene sueños y que hace futuro. Teror en fiesta se convierte en un hervidero de sueños, Gran Canaria en fiesta se reviste de utopía, nosotros en fiesta imaginamos un horizonte distinto".

Ese canto de esperanza en medio de "un panorama de pobreza que nos rodea" sirvió a José Alonso para mantener atenta a la audiencia que le acompañaba aquella noche en Teror. Y que el sacerdote y filósofo aprovechó para exaltar los valores de la festividad y sus primeras caminatas hasta la Basílica desde Artenara, cuando se trasladó con su familia desde Tenerife. "Salimos desde Artenara con el cielo estrellado a la media noche,... fue una fiesta de visita, de cumplimiento de promesas..." Fueron sus penúltimas palabras en voz alta. Y como bien dijo entonces, "mi voz se apaga para dar voz a todo el pueblo".