A Francis Pérez, un economista tinerfeño de 44 años que compagina esta profesión con la fotografía submarina, la noticia le llegó hace apenas tres semanas pero no lo quiso comunicar hasta que lo viera con sus propios ojos. "Fue un gran subidón y sentí una alegría indescriptible", subraya. No era para menos. National Geographic, una de las organizaciones internacionales más grandes y prestigiosas del mundo sobre educación y ciencia, acababa de comunicarle que había seleccionado una imagen suya, captada frente a la costa de Los Gigantes, en Tenerife, como portada de su último libro, Blue hope (La esperanza azul en inglés).

Lo confirmó ayer después de la salida al mercado de la publicación, que lo hace con una primera tirada para todo el mundo de 50.000 ejemplares.

Pero Francis Pérez no solo se siente de enhorabuena por protagonizar una portada de la sociedad que edita la revista sobre geografía y naturaleza más prestigiosa del planeta, sino por tres razones más: "Me ha dado más alegría todavía conseguirlo con una foto de los espectaculares fondos marinos de mi tierra, Tenerife; porque este libro lo firma la estadounidense Sylvia Earle, una de las investigadoras más famosos y respetadas; y porque esta publicación está destinada a la lucha por la preservación de los océanos".

Los trabajos de investigación de Earle sobre los fondos submarinos y su amor por los océanos recibieron el Premio Internacional 2005 de la Sociedad Geográfica Española.

La imagen que capturó Francis Pérez comenzó un buen día de la primavera del año pasado, en una salida más al mar. Pérez estaba con unos amigos y su novia, Delioma González, actual subcampeona de Canarias de triatlón, frente a la costa del sur de Tenerife, ante los imponentes acantilados de Los Gigantes, a la altura del municipio de Santiago del Teide. Quedaba poco para el anochecer, recuerda. "De repente vimos una cachucha de pardelas sobre el agua. Era señal de que allí abajo había muchos peces. Las pardelas empezaron a lanzarse al mar y al momento lo hicimos nosotros. Sabíamos que detrás vendría los delfines y las ballenas. Lo que nunca imaginé fue encontrarme con aquel espectáculo con el que nunca antes me había topado", comenta.

Era el mayor cardumen de pescado, en este caso de chicharros, que había visto jamás. Además, tuvo la suerte de que la enorme bola, que llenaba de destellos plateados el gran azul, se movía lentamente, de tal forma que tuvo más margen para tomar buenas instantáneas. Su novia, acostumbrada a otras intentonas y con suma delicadeza, buceó hacia el cardumen para buscar ese efecto que tanto había perseguido Francis Pérez. "Además, buceamos a pulmón y a punto de anochecer, por lo que teníamos el tiempo justo para tomar varias series y regresar a la embarcación que nos esperaba en la superficie". La imagen capturada por su cámara EOS 5D Mark III queda ya para la posteridad.