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'Calvary'

Los mapas del infierno

"Le voy a matar a usted porque es inocente". Lo malo de Calvary es que tiene un arranque tan bueno que luego es casi imposible mantener el listón al mismo nivel. Y de hecho esa altura de miras no vuelve a darse en todo el metraje aunque el nivel general es alto, con algún que otro bajón en algún personaje poco creíble y alguna solución estética que no encaja del todo en el conjunto. Cuando se trata de películas que mezclan diversos ingredientes es inevitable buscar referencias anteriores. Por planteamiento se podría fijar uno en Solo ante el peligro y Yo, confieso. Sí: un western en el que alguien justo se enfrenta a su destino con las horas contadas y un policiaco en el que un cura trata de descubrir al asesino. A un asesino futuro, por así decir. Y con ramalazos de Ken Loach por aquello de hurgar en la herida de una comunidad en la que todos son culpables de algo. Sin embargo, al director no le importa demasiado la tensión ni la investigación. Sus tiros van por otro lado: un viaje a los infiernos del ser humano, a veces desde el horror y a veces con cierto humor cruel o maltrecha ternura.

El mejunje tiene la enorme ventaja de contar con un Brendan Gleeson formidable al frente del reparto, capaz de hacer creíble cualquier escena por forzada que parezca. El resto de actores cumple con eficacia, beneficiados por unos diálogos incisivos y una cámara que merodea siempre cerca para capturar el menor detalle de su calvario.

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