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Plasmar la esencia en un retrato

El pintor Alejandro Reino inaugura una retrospectiva de 41 cuadros en la Fundación Mapfre Guanarteme

Plasmar la esencia en un retrato

Plasmar la esencia en un retrato

El artista Alejandro Reino pondera cada palabra como quien concentra un reguero de ideas en una pincelada. "Creo que hay algo cierto en esa creencia primigenia de que quien reproduce tu imagen absorbe algo de ti porque la imaginación viaja a lugares a los que no irías si no hubieses conocido a esa persona", reflexiona el pintor en la Fundación Mapfre Guanarteme, con el telón de fondo de sus cuadros. Bajo el epígrafe de Retratos, la sala de arte inaugura el próximo jueves un conjunto de 41 imágenes al óleo sobre lienzo, que datan desde comienzos de los años 80 hasta antes de ayer. Por lo tanto, Retratos reúne una miscelánea de identidades, épocas y modas que dibujan, a un tiempo, un recorrido por el reino del pintor y sus distintas miradas a lo largo de los años. "Son adláteres de toda mi obra, agrupados por secciones", señala el artista.

Con unos 400 retratos a sus espaldas, en los que desfilan los jefes de Gobierno de Canarias, la familia real de Marruecos o celebridades como Yves Saint Laurent, para esta muestra quiso decantarse por "los retratos de la gente común". Convencido de que "el posado pasó a la historia", su técnica consiste en fotografiar al personaje durante la secuencia de un diálogo. "No me sirve la fotografía de otro, tengo que hacerla yo", afirma. Sin embargo, la clave de sus retratos reside en la conversación. "Hablamos para forjar mi propia película del personaje y, mientras pinto, el personaje está constantemente pasando por delante de mí", revela. Para distinguirlos de los "encargos" de los monarcas o presidentes, Reino denomina a los cuadros expuestos "ejercicios de mano" que, hasta ahora, nunca concibió como un trabajo para salas. Pero lo cierto es que el pintor no aborda su obra desde el ángulo de un maestro en la materia, sino con la humildad de quien siente que aún le queda todo por pintar.

"Lo mío sólo es un vampirismo cualquiera", sonríe el pintor, quien confiesa: "Me enriquezco con lo que extraigo de la gente que pinto". "Me sucede como a todos, que vamos enriqueciendo nuestra vida a través de la absorción de los demás", concluye. Con sus diversos gestos y colores, desde el hiperrrealismo hasta rasgos del pop-art, la selección de Retratos incluye "algunos personajes más evanescentes, y otros más precisos". "Yo absorbo sus cualidades y defectos, unos más superfluos, otros fundamentales", indica. "Lo que no puedo hacer es pintar a una persona que no he conocido, porque no sé cuál es su esencia y me saldría algo epidérmico", admite.

Sin embargo, lo más difícil es "saber cuándo un retrato está terminado". "Ahí tenías a Velázquez, que iba siempre con su maletín por palacio arreglando cosas", señala, porque detrás de cada trazo respira un largo expediente internacional en el arte. "Como la bailarina de ballet que se eleva cuatro metros y parece que vuela, sin esfuerzo, pero eso son 25 años de trabajo desde que era niña", señala el pintor, para quien "nada sale espontáneo" pero nada es tan mágico como "trasladar en una pincelada lo que adquieres de la persona".

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