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Cine 'Horns'

El infierno son los otros

El infierno son los otros

El infierno son los otros

Basada en la novela homónima de Joe Hill, Horns (Cuernos) de Alexandre Aja es una curiosa película que tiene la virtud de devolvernos el ingenio de las pequeñas producciones americanas de serie B, que parecía definitivamente perdido con el paso del tiempo. Todo ello no debe sorprendernos en absoluto si tenemos en cuenta que Aja ya nos dio hace algún tiempo uno de los mejores remakes del último decenio, Las colinas tienen ojos, pese a dividir a la crítica casi por igual entre los que la elogiaron y los que la estigmatizaron desde el primer momento por tomar el nombre de Wes Craven en vano.

Tal como ocurre frecuentemente en el cine de serie B, la película Horns se plantea a través de la confrontación de dos personajes en un contexto dentro del cual ocupan posiciones antagónicas. Uno de los personajes es Ig Perrish (Daniel Radcliffe), el protagonista, un joven atormentado, acosado, rechazado incluso por su propia familia, después de que lo considerasen responsable de la violación y asesinato de su novia, Merrin Williams (Juno Temple). El otro es la pequeña comunidad donde vive Ig, que hace buena la máxima de Grace Metaliou (autora de la maravillosa Peyton Place): "Pueblo pequeño, infierno grande".

Mientras la intriga de la película se va desgranando, el director de Las colinas tienen ojos se mueve en varios tiempos: el presente, con las pesquisas de Ig para descubrir al culpable de la muerte de su novia y la evolución de los cuernos que le crecen en la frente (y de donde parten sus funestos poderes), y el pasado. Las diferencias sustanciales entre la película y la novela radican sobre todo en el desenfado que muestra Aja a la hora de enfrentarse a la historia, de qué manera inscribe en la misma un humor negro que no estaba en sus películas anteriores.

Aunque no sea nada más que por ese desenfado, por pertenecer a ese cada vez más exiguo número de películas que no se toman a sí mismas en serio, que no intentan demostrar ni testimoniar nada, ni jugar la baza de los homenajes mediante la apropiación de unos nombres fetiches con los que cubrirse, y sí en cambio estar encaminada de una manera general a intentar entretener, Horns ya me resulta simpática. Tal vez no sea la mejor película de Aja, pero desde luego es mucho más interesante que engendros como Insidious 3 de Leigh Whannel, un horror donde los haya, y no me refiero precisamente al género, con la que comparte cartelera.

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