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Entrevista.

Nicolás Chesa Ponce: "En 1850 la mitad de los médicos de Las Palmas había estudiado en Francia"

"La lógica, la medicina popular se extendió en Canarias en el tiempo más allá que en otros territorios avanzados", afirma el urólogo

Nicolás Chesa Ponce.

Nicolás Chesa Ponce. J. C. CASTRO

Nicolás Chesa, un reconocido investigador internacional en el campo de la Urología, con más de cuarenta artículos científicos y varios libros publicados sobre este tema, ¿cómo se adentra en esta nueva aventura de la historia de la Medicina y, más concretamente, de Canarias?

Siempre me ha interesado la Historia y tras mi reciente jubilación he encontrado el tiempo necesario para adentrarme en este campo. Un amigo médico me animó el año pasado a ingresar en la Real Academia de Medicina de Santa Cruz de Tenerife, algo que hasta entonces no me había planteado seriamente. La elección del discurso de ingreso no me fue muy complicada, pues tiempo atrás había publicado un artículo sobre tres médicos que habían tratado el mismo tema en sus tesis doctorales y que tenían en común haber estudiado en Francia, y por ello decidí extender aquella aparente coincidencia y centrar mi discurso en el germen de este libro.

¿Qué novedad nos aporta esta edición respecto a la escasa bibliografía existente sobre la historia de la Medicina en Canarias?

En primer lugar aporta nuevos nombres y corrige errores anteriores. En 1967 Juan Bosch Millares publicó Historia de la Medicina en Gran Canaria, donde recogía una nómina de 25 grancanarios que habían estudiado en Francia. Como dato anecdótico, Bosh Millares no incluyó a mi abuelo, pues decidió que no ponía a los que estaban entonces vivos. En mi investigación incorporo 41 médicos canarios, lo que supone un considerable aumento respecto a aquel primer acercamiento de hace casi 50 años.

Imagino que la recopilación de datos, expedientes y tesis ha sido bastante ardua.

Una profesora canaria que vive en Montpelier me ayudó a buscar documentación en la facultad de Medicina de esa ciudad; asimismo, a través de Amado El Mir me puse en contacto con la profesora Carmen Pineira, que estaba estudiando entonces en Gran Canaria los diarios de Negrín, y así pude localizar los archivos de la vieja facultad de Medicina de París, ahora depositados en la Universidad París Descartes o París V. Con los expedientes académicos, una extensa bibliografía, las tesis doctorales depositadas en El Museo Canario ya tenía un cuerpo sobre el que trabajar.

¿Cuál es la razón que llevó a tantos canarios a estudiar en Francia?

Esa fue una de las primeras preguntas que me hice. En primer lugar, la enseñanza en España durante el siglo XIX era un desastre. Cierre de universidades, continuas inte-rrupciones en los años académicos y una escasa tradición investigadora. Ante ello, muchos canarios, hijos de familias pudientes de las Islas, decidieron enviar a sus hijos a Francia. Por entonces el francés era el idioma científico por excelencia. Estudiar fuera de Canarias en el siglo XIX y principios del XX era un sacrificio casi inimaginable. El prestigio de las universidades francesas y un efecto llamada entre los estudiantes canarios permitió esta afluencia constante en el tiempo. De una parte, unos prefirieron París, aunque, como estaba más alejada, un gran número optó por Montpelier, a donde se llegaba después de una travesía desde Canarias a Barcelona, y desde allí en otro barco hasta la ciudad francesa.

El contexto económico-social es otro de los aspectos sobre los que muestra especial atención.

Sí, sin éste no se entenderían las razones. Estábamos en una sociedad a la cabeza del analfabetismo europeo, con tasas próximas al 90 por ciento, frente al 45 por ciento de media existente en Europa. Una natalidad demasiado alta, rozando el límite fisiológico de las mujeres, pues casi era imposible que pudieran tener más hijos en su edad fértil. Una sociedad azotada por frecuentes epidemias y temerosa de ellas. En este contexto, en Canarias apenas había médicos. En islas como Fuerteventura no llega un facultativo hasta el siglo XX, lo que nos permite hacernos una idea de la situación. En El Hierro, el primer médico fue a la isla como desterrado por cuatro años y mientras está en la isla le comunican desde Tenerife la condena a pena capital. Los mismos herreños le arreglan el pasaje para que huya, a sabiendas de que ello implicaba que se quedarían sin médico. El primer médico oficial llegó en 1904. Antes habían estado en El Hierro otros, pero de forma periódica; como un médico ruso al que un enfermo psiquiátrico le hizo la vida imposible y que le obligó a marcharse. Lo mismo ocurría en La Gomera o en Lanzarote, donde en 1811 había tres médicos y nunca de forma continua en la isla.

¿Qué alternativa tenía la población ante tal situación de abandono?

La lógica, la medicina popular se extendió en Canarias en el tiempo más allá que en otros territorios avanzados. Y no es hasta finales del siglo XIX cuando la medicina se comienza a extender por las Islas, preferentemente en las denominadas islas capitalinas y en los núcleos de población más importantes. Debemos imaginarnos cómo eran las islas de entonces, si ponemos como ejemplo la epidemia de cólera de 1851. Gran Canaria contaba entonces con seis médicos, de los que cinco enfermaron y tres murieron. El único que quedó a salvo de aquel desastre fue Domingo J. Navarro, pues había estudiado en Barcelona, donde se inmunizó del cólera por un brote surgido allí.

¿Qué proporción de médicos formados en Francia había en las Islas?

En 1850 la mitad de los médicos que ejercían en Las Palmas habían estudiado en Francia. Todos ellos, con una formación académica superior a la española, decidieron regresar a Canarias a ejercer la medicina. A esta lista también debemos sumar otros muchos que no he podido localizar y que supongo iniciaron los estudios y no los concluyeron. Así que imagino que el número de canarios que fueron a Francia debió ser sensiblemente superior. Además, llama mucho la atención la elección de Francia frente a otros países, como el caso de Domínguez Afonso en Edimburgo o Juan Negrín en Alemania.

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