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Sacks, el neurólogo que exploró y divulgó los desórdenes de la mente

"La lectura de sus obras puede ayudar al cuidador a entender qué pasa por la cabeza del paciente" "Supo transmitir de forma clara y sencilla conceptos nada fáciles sin un conocimiento básico sobre el tema"

"No puedo fingir que no tengo miedo. Pero el sentimiento que predomina en mí es la gratitud. He amado y he sido amado; he recibido mucho y he dado algo a cambio; he leído, y viajado, y pensado, y escrito. He tenido relación con el mundo, la especial relación de los escritores y los lectores". Así culmina la carta de despedida que escribió el neurólogo y escritor británico Oliver Sacks (9 de julio de 1933 - 30 de agosto de 2015) cuando supo, hace apenas seis meses, que iba a morir. Bajo el titular De mi propia vida, la publicó en las páginas del diario The New York Times, donde explicaba que padecía un cáncer de hígado terminal, originado en un melanoma ocular que hace nueve años le había costado la visión de un ojo.

El neurólogo más prestigioso del mundo falleció el pasado domingo en su casa de Nueva York, a los 82 años. El rotativo neoyorquino recuerda una cita del popular autor, quien recibía más de 10.000 cartas al año, e "invariablemente contestó a los menores de diez años, los mayores de 90 años o la gente que esta en prisión". Su grandísima -e infrecuente- popularidad entre los científicos y no científicos le permitió vender más de un millón de ejemplares sólo en Estados Unidos, entre los que destaca un puñado de títulos como El hombre que confundió a su mujer con un sombrero (1985), Veo una voz (Viaje al mundo de los sordos), Un antropólogo en Marte, Con una sola pierna, Alucinaciones o Despertares, que fue llevada en 1990 al cine y protagonizada por Robin Williams y Robert De Niro.

Sacks empleaba sus casos clínicos, pacientes y las enfermedades que trataba para reflexionar acerca del funcionamiento del cerebro, los comportamientos de la mente y la condición humana, en los que ahondó tanto desde su vertiente más científica como divulgativa. En sus múltiples ensayos clínicos explica a los lectores síndromes como el de Tourette o Asperger, o el origen de las alucinaciones, lo que le encumbró como uno de los más reconocidos divulgadores científicos del mundo.

"Me siento increíblemente vivo, y deseo y espero, en el tiempo que me queda, estrechar mis amistades, despedirme de las personas a las que quiero, escribir más, viajar si tengo fuerza suficiente, adquirir nuevos niveles de comprensión y conocimiento", escribió en su carta de despedida. "Y, sobre todo, he sido un ser sensible, un animal pensante en este hermoso planeta, y eso, por sí solo, ha sido un enorme privilegio y una aventura".

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