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Cine 'La visita'

¡Bienvenido, Mister Shyamalan!

Ed Oxenbould en un fotograma de 'La visita'.

Ed Oxenbould en un fotograma de 'La visita'. LA PROVINCIA / DLP

Por más que los fervientes admiradores de M. Night Shyamalan se empeñen desde hace años en saludar como obra de autor cada nueva película que éste realiza, lo cierto es que el creciente desinterés del público (los espectadores y los críticos) por sus últimos trabajos, Airbender, el último guerrero y After Earth, tan sólo roto por el éxito del episodio piloto de la serie de televisión Wayward Pines, hizo que Shyamalan se replantease su carrera, o al menos que se hiciese esta pregunta: ¿hacia dónde va el cine fantástico y de terror?

Fue su tercera película, El sexto sentido, la que animó, hace ya dieciséis años, al desfallecido cine fantástico y de terror, agonizante desde principios de los 90, para entronizarlo como género recurrente en la cinematografía contemporánea. Tanto El sexto sentido y las siguientes películas de Shyamalan (El protegido, Señales, El bosque), como El proyecto de la bruja de Blair de Daniel Myrick y Eduardo Sánchez, hasta aquella película casera de bajísimo presupuesto titulada Paranormal Activity de Oren Peli, dan fe de lo dicho.

La nueva película de Shyamalan, La visita, busca su quimérica originalidad en la mezcolanza de todas ellas. Y lo hace en forma de mockumentary, o falso documental, sobre una pareja de hermanos que son enviados a pasar un fin de semana con sus abuelos en una remota granja de Pensilvania. Una vez que Becca y Tyler están instalados, descubren no sólo que sus abuelos están envueltos en un asunto tenebroso, sino también que cada día que pasa tienen menos probabilidades de regresar a casa sanos y salvos. Confieso que antes de ver La visita, el trailer me había hecho abrigar la idea de que iba a ser una mala película. No obstante, tras un atento visionado, se revela como un filme insuficiente, a medio camino entre lo trillado y cierta originalidad, entre lo grotesco y un agradable punto de irónica reflexión sobre su cine. Pero nunca, y nunca es nunca, en algo carente de interés.

La visita es un intento de poner orden en la confusión y de extraer de la turbiedad del género cierto brillo. Shyamalan cuenta con bazas de efecto seguro, aunque el resultado no es del todo contundente y duro que podía haber sido, a pesar de que los actores (en especial Ed Oxenbould) contribuyen no poco a elevar la temperatura de función. Con todo, hay que darle la bienvenida de nuevo a Shyamalan.

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