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Entrevista

Miquel Rives: "El odio que vi en Bosnia va a necesitar de muchos años para que cicatrice"

"En Cataluña no sucederá lo mismo que en Yugoslavia porque España tiene resortes para evitarlo", señala el exoficial de la Legión

Miguel Rives Bernadas, ayer, antes de la presentación de su libro en el Palacio Militar de San Telmo.

Miguel Rives Bernadas, ayer, antes de la presentación de su libro en el Palacio Militar de San Telmo. JUAN CARLOS CASTRO

¿Se aprendió algo de la guerra de Bosnia?

Depende. Nosotros aprendimos mucho y la gente que vivía en Bosnia también, aunque para su desgracia tuvo que hacerlo en un clima horroroso. Pero si la pregunta es si el mundo general aprendió de este conflicto, la respuesta es no. Estamos en tres o cuatro guerras más, así que no creo que aprendieran demasiado.

¿Por qué?

El problema es la intervención de quienes tienen intereses en zonas que si no son suyas, creen que son de actuación por tradición o por cultura. Así se crean estos problemas que se desarrollan a una velocidad terrible. En el caso de Yugoslavia, Alemania reconoció a Croacia, los franceses eran amigos de los serbios y los musulmanes, que no tenían apoyo de nadie, se hicieron amigos de Arabia Saudita porque no podían estar solos.

¿Qué fue lo que más le impactó de este conflicto?

Allí vimos cosas que era mejor no haberlas visto. Antes de la guerra de Bosnia, el 70% de los matrimonios eran mixtos. Es decir, una croata casada con un musulmán o un musulmán con una serbia. Y en meses se mataron y se degollaron todo lo que pudieron. Eso es consecuencia de la acción política y de la propaganda sobre la gente. A mí lo que me impresionaba era que los combatientes de un lado y de otro decían que estaban locos por terminar la guerra y, sin embargo, la guerra seguía en marcha. Luego, ¿a quién le interesaba? A los políticos.

¿En qué medida influyó la política en las luchas y limpiezas étnicas que se produjeron?

El problema es que los combatientes pretendían ir ocupando terreno para estar sobre él cuando se hiciera la paz. Para quedarse con el territorio necesitaban echar a los que no eran de tu etnia. En la zona en la que estaba nuestro campamento echaron a los musulmanes y a los que no expulsaron fue porque los habían matado. A eso se debe la limpieza étnica.

¿Se podría encontrar el origen del terrorismo yihadista ahí?

Los musulmanes de Bosnia, cuando llegamos, eran como los católicos de aquí: de bodas, bautizos y comuniones. En una de las zonas montañosas en las que estuve salía a cantar el muecín y nadie se paraba a rezar. A ellos, comprar un kalashnikov les salía mucho más caro que a los croatas hacerse con un fusil. Cuando nos fuimos, como ya les llegaba financiación de Arabia Saudita, este país mandó a los imanes correspondientes y ya las mujeres iban con velo. Pero de esa radicalización la culpa la tiene Europa, que permitió esa guerra en el centro del continente sin intervenir porque no le convenía.

¿Aún siguen abiertas las heridas de guerra?

Seguro. El odio que yo vi allí va a necesitar muchos años para que cicatrice. Cada cual sabe quién mató a su ser querido. Existía una comisión mixta donde se reunían los dos lados, lo que luego se llamó Mostar Este y Mostar Oeste, uno musulmán y otro croata. Te encontrabas con personas que habían ido juntas al colegio y jugado al baloncesto o balonmano, uno decía "tú mataste a mi padre" y el otro le respondía que él había matado a su hermano. Esos odios son difíciles de solucionar.

¿De qué manera trata de acercar al lector de su libro el duro trabajo que supone trabajar por la paz?

No hago ninguna reflexión política. En las páginas narro mis recuerdos con bastante ironía y humor. Si tiene alguna curiosidad es que es de los pocos libros que se ha escrito desde abajo. Es decir, desde el punto de vista del que está montado en un BMR o en un punto de control. Reflejo también la especial idiosincracia de los legionarios.

Habla de ironía y humor, ¿es posible este tipo de expresiones en medio de una guerra?

Hay que vivir con humor porque es mucho mejor. Recuerdo a un intérprete tras vernos envueltos en una situación complicada. Yo me estaba riendo tras salir de un apuro muy gordo. Me reía de alivio y él me decía: "¡He visto la muerte y tú te ríes!" Pues claro que me reía, habíamos visto la muerte y estábamos vivo. Eso hay que celebrarlo.

¿Hasta qué punto el miedo ahogaba a los ciudadanos y a las tropas desplegadas?

El miedo es como el músculo, con la gimnasia se desarrolla y el miedo se relativiza. Cuando llevas tiempo, te acostumbras a que te disparen y bombardeen. Yo le decía a los legionarios que si iban a estar pensando en que les iban a sacudir estarían varios meses angustiados. Y si al final les pegaban un tiro les iba a pillar estresados. El que manda, además, tiene que hacer muchas cosas. Si tienes sentido de la responsabilidad, te das cuenta de que si te equivocas puedes provocar la muerte de alguien que está a tu cargo. Por eso el miedo lo pasas después.

¿Qué le ha aportado estar al mando de la II sección de la Compañía Austria de la Agrupación Táctica Canarias?

Siempre he dicho que nunca podré agradecer lo suficiente a la providencia, a la Legión y a mis superiores haberme dejado participar en una empresa tan honrosa. Me vine con un orgullo inmenso de haber salvado la vida a mucha gente. Es difícil de explicar, pero muy fácil de sentir.

Vivió en primera persona la integración plena de España en operaciones internacionales, ¿cómo se percibió ese proceso desde dentro?

La misión fue muy importante para la Legión. Existía en algún cajón de algún despacho un decreto de disolución de la Legión. Al final nos mandan y tenemos tanto éxito que llega el convencimiento de que el legionario era capaz de adaptarse a cualquier situación.

¿Cree que lo que sucedió en Bosnia es trasladable a la situación de Cataluña?

No, porque Yugoslavia nace después de la I Guerra Mundial al crearse el país de los eslavos del Sur. Ellos permanecen unidos de forma muy artificial y no es lo mismo que la situación de Cataluña. Por otra parte, en España tenemos una serie de mecanismos que garantizan que eso no sucederá. Además, no creo que los de CiU sean capaces de coger un kalashnikov. El Estado español tiene los suficientes resortes y seguros para evitar esa realidad. Me duele mucho la situación en Cataluña, me sabe muy mal, pero no sucederá nada de lo que ocurrió en Bosnia.

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