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"A mi madre le gustaba que la quisieran"

"A mi madre  le gustaba que la quisieran"

"A mi madre le gustaba que la quisieran"

Margarita Ortiz Hernández (Sabinosa, El Hierro, 1919) es la única hija viva de la cantadora y tamborilera Valentina la de Sabinosa. A sus longevos 96 años conserva un precioso acento herreño en su habla, un carácter dicharachero y alegre y un rostro calcado al de su madre.

Valentina Hernández es una referencia indiscutible en la memoria musical del Archipiélago. ¿Dónde aprendió su madre a cantar?

Ella decía que aprendió sola; otros dicen que algo aprendió con una señora que le decían la Curra, que era del pueblo del Pinar... Si le digo, le engaño. Todo lo de El Hierro cantaba y eso lo tenía bien sabido: que si romances, que si loas, que si el tango... Esa mujer no paraba si cogía hilo. Y lo más grande era que no sabía leer ni escribir porque en la época de cuando chica ella ni para la escuelita se podía ir. Así que todo salía de su cabeza.

Nos han dicho que usted no heredó de su madre el gusto por cantar...

¡¡Essssus!! Yo para cantar soy como aquel que ¡¡no valía ni pa' esconderse porque tosía!! No, no, mi hijita..., yo me he dedicado siempre a cuidar de mi familia hasta que mi hijo Erasmo me llevó a vivir con él a Los Llanillos. Mi madre, la bendita, murió en mi casa porque los últimos meses antes de fallecer estuvo muy malita, y así la cuidé.

Valentina falleció en 1976. ¿Qué recuerdos tiene usted de ella?

Mi madre era muy buena, pero ¡qué va a decir una de quien la crio y le dio la vida! ¡Eso es como ver a Dios y no besarle la cara! A ella la quería todo el mundo allá por donde pasaba actuando... Y tanta gente que venía a Sabinosa a verla, a conocerla, porque habían oído hablar de ella... ¡Fíjese usted que de su casa no salían sin que ella los convidase!

La relación de su madre y su familia con Gran Canaria ha sido continua...

Si señora: mi abuelo Cristóbal era muy parrandero, le gustaba mucho bailar y mi madre siempre recordaba una copla, que él cantaba, aprendida de cuando estuvo en Las Palmas haciendo el servicio militar. Decía así: Cuatro pilares mantienen / la Catedral de Canaria, / San Juan y la Magdalena, / Santa Isabel y Santa Ana. A ella le gustaba mucho ir a Las Palmas porque mi hermana María, que en paz descanse, se casó allí y allí tenemos familia muy querida.

Además ejerció como partera y durante muchos años daba los baños en el famoso Pozo de la Salud...

Sí, allí fuimos cuando niñas mi hermana y yo. Mis padres atendían a la gente que venía de fuera a quedarse a las casitas del Pozo y por la noche, mi madre, para entretenerlos, cantaba y tocaba su tambor. Así empezó ella a darse a conocer y después ya vino lo del grupo de Sabinosa.

¿Nunca tuvo Valentina conflictos en casa por cumplir con sus compromisos cantando?

Mi padre la apoyaba aunque hubiera quien la criticara. Los tiempos de antes eran más reservados para las mujeres. Pero mi padre entendía la pasión que ella sentía por cantar, allí donde la llamaran. Esa mujer llevaba a El Hierro y a todas las islas Canarias en su sangre. ¡Oh, fíjese que la tuvimos que enterrar con su traje herreño porque eso nos dejo dicho...!

Se inaugura mañana en Sabinosa un mural sufragado por cuestación pública, compuesto con 300 fotografías, y se celebran los 125 años de su nacimiento ¿Cómo vive esa celebración?

Con un orgullo muy grande. Y muy agradecida porque aún se acuerden de ella y la nombren con respeto. No pasa el día que no me acuerde de mi madre porque fue una mujer amorosa con los suyos. Es que a ella le gustaba que la quisieran y, digo yo, que ese cariño lo devolvía cantando.

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