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Entrevista a Luis Miranda

"Intentamos acercar a la ciudadanía los diferentes modelos del cine actual"

"Los festivales estamos para programar el cine que explora nuevas formas; otra cosa no tendría sentido", apunta el director del Festival Internacional de Cine de Las Palams de Gran Canaria

El director del Festival de Cine, Luis Miranda, en el Palacete Quegles.

El director del Festival de Cine, Luis Miranda, en el Palacete Quegles. YAIZA SOCORRO

¿Cuáles diría que son los platos fuertes de esta nueva edición del Festival de Cine?

En términos de programación, por supuesto, la Sección Oficial. Tenemos una selección de 12 películas que, como siempre, son estrenos en España, pero lo más interesante es que es un programa muy diverso, con producciones de perfil muy variado y volcado hacia diferentes modelos de cine. En este sentido, creo que es la Sección Oficial más diversa que hemos tenido en años y que retrata el estado actual del cine, que ahora está viviendo este tipo de contraste de una forma muy acusada. La diferencia entre las películas con un volumen de producción grande y las películas más guerrilleras, más personales, son cada vez mayores, tanto en términos de financiación y estrategia como en la manera de narrar. Nosotros intentamos acercar a la ciudadanía los diferentes modelos y formas actuales de hacer cine, así que en esta edición tenemos el cine por el que siempre apostamos, pero en contraste con muchos modelos diferentes. Incluso, tenemos hasta una comedia musical.

Dentro de su línea de programación del nuevo cine de autor, ¿hay alguna concesión al cine de perfil más comercial?

Este año hay cosas muy diferentes e, incluso, algunos títulos con un cierto perfil comercial, sin ser comerciales en ningún caso y donde la figura del autor pesa muchísimo. En general, se trata de películas que lo tienen crudo para poder hacerse un hueco en el mercado, salvo a nivel muy local. A mí me parece que el caso más significativo es el de 11 minutos, de Jerzy Skolimowski. Esta película sigue un modelo que ha sido muy explotado por el cine de autor de Hollywood de los últimos años, que es el modelo de historias cruzadas, pero es una película que corre riesgos, y que luego se traducen en esa dificultad para estrenarse a la escala en que pretendía hacerlo. Creo que es una película espléndida, que merece mucho la pena ver. Luego, tenemos películas que siguen esa línea tan nuestra del "cine de lo real", hecho con más paciencia que medios, con más sentido de la presencia y de trabajar en los lugares a fondo. Los festivales estamos para proyectar ese cine que tiene por objeto explorar nuevas formas y lenguajes. Cualquier otra cosa no tendría sentido. Y en eso seguimos.

La pasada edición dedicó un ciclo especial a promesas del cine, como el director Alex Ross Perry, ¿qué lugar ocupan este año los cineastas emergentes?

Este año no tenemos un ciclo dedicado a un cineasta, pero los cineastas emergentes siempre están presentes en la Sección Oficial. En Panorama lo están menos, porque es casi una selección de cineastas si no veteranos, sí por lo menos asentados. Pero en la Oficial hay desde veteranísimos a emergentes como Tobias Nölle, de quien traemos la película Aloys. Creo que hay cuatro nuevos cineastas en la programación oficial. Pero tampoco nos planteamos una estrategia de búsqueda de cineastas porque, con nuestro volumen de programación, no podemos imponernos demasiados conceptos. Cuantos más conceptos, menos cintura tienes para moverte. Entonces, lo que hacemos es, sobre todo, atender al interés intrínseco de las películas, siempre con un criterio de diversidad nacional, de representar las diferentes estrategias del cine de autor actual y de integrar nombres que ya conocemos en el Festival.

¿Destaca algún autor que sea una apuesta del Festival?

En Panorama tenemos una película de Sean Baker, Tangerine, que ha estado en todas las listas de 2015 entre las mejores películas del año. Baker ganó la Lady Harimaguada de Oro en este Festival en 2009 por la película Prince of Broadway. Por lo tanto, se trata de un cineasta que hizo una película pequeñita que aquí ganó un primer premio, que luego siguió con su carrera y que ahora recuperamos con una película que lo consagra. He ahí un caso de cineasta emergente que sale a flote y se consagra a una escala mucho más grande, y sobre el que se seguirá hablando en el futuro. Y creo que, en España, somos los únicos que le hicimos caso hasta ahora.

¿Diría que esta edición cumple con el propósito de sacar el Festival a las calles?

Este año tenemos varias proyecciones en el Palacete Rodríguez Quegles y, además, tenemos el Monopol Music Festival (MMF). La idea de integrar su producción en el propio Festival de Cine era justamente ganar esa parcela. Eso sí, será ya al final del Festival cuando se celebren las actuaciones musicales del MMF en la Plaza de Santa Ana, pero creemos que es la forma más consecuente de ganar la calle, porque ofrecemos algo que requiere de verdad la calle, en lugar de tomarla por tomarla. En vez de dispersar energías, las concentramos, con dos festivales en uno.

¿Cree que la integración de ambos festivales les añade valor como propuesta conjunta?

Esto es un experimento. No me parece que vayamos a menoscabarnos o perjudicarnos en absoluto, sino todo lo contrario. Además, lo asumimos desde el punto de vista de que el público del MMF también es nuestro público. Por lo tanto, al igual que el público que va a una determinada sección no es la misma que va a otra, abrimos más ventanas a cada interés y damos la posibilidad de elegir. Los espectadores tienen intereses muy particulares y el Festival trata de dar respuesta a todos, de modo que la integración del MMF responde a esa diversificación de la oferta y a la concentración de energías y recursos. Y creo que el experimento puede salir bien.

¿Podría ser, además, una estrategia para atraer al público más joven, uno de los grandes retos del Festival?

Mi experiencia es que el público que va a las salas de cine se encuentra más en la franja de edad de los 30-40 años que de los 20-30, y me da la impresión de que ese también es el caso del MMF. Creo que es un fenómeno general. Por ejemplo, el rango de edad que va a los cines Monopol es de los 40 a los 50 años, pero eso no es exclusivo del Monopol, sino que es un problema general del cine -si se quiere ver como un problema, que yo creo que lo es-. El síntoma es similar en otras salas comerciales y, quienes programamos cine en otros espacios, como la asociación Vértigo, tenemos, sobre todo, público de esas edades. El público joven no sólo está viendo las películas por otro canal, sino que además tiene otra cultura cinematográfica totalmente distinta a la nuestra.

¿En qué aspectos supone esta brecha generacional un reto mayor para el Festival de Cine?

Te pongo un ejemplo: eventualmente, doy algunos cursos en la Universidad y siempre tengo dos perfiles de alumnos. El primero tiene una edad en torno a la mía, son profesionales liberales con tiempo libre, muy cinéfilos, y se puede decir que ellos y yo hemos visto lo mismo. Luego, está el público universitario o joven, que es muy raro que haya visto algo anterior a Pulp fiction o Uno de los nuestros. Alguno que otro ha visto cine clásico, sabe quién es Godard o Rossellini, pero suele ser una absoluta minoría. ¿Qué significa esto? Que tienen una cultura cinematográfica totalmente distinta. Nosotros nos educamos en una época en la que, para bien y para mal, veíamos por la tele películas de Fritz Lang o John Ford. Honestamente, eso ya no existe. Para las nuevas generaciones, la cultura cinematográfica es otra cosa totalmente distinta.

¿Cree que esta es una de las causas de la crisis de público en las salas de cine?

Si hay una crisis de público, no es numérica; es una crisis de público en la que falta un relato común de la historia del cine. La gente de menos de 30 años tiene otro relato, y no es el nuestro. Aquí no hablo tanto como director del Festival sino, sobre todo, como historiador del cine, porque tengo la impresión de que el relato de la historia del cine que hemos tratado de elaborar durante un siglo está languideciendo. Es como un saber que se dispersa cada vez más, que está recluido en libros y aulas, pero que no está sirviendo al público más joven para ver cine o entender por qué lo que ven ahora es así.

¿Esa falta de bagaje es clave para comprender los modelos de cine contemporáneos, por los que apuesta el Festival?

Un amigo que imparte clases en una Universidad en Barcelona, Carlos Losillo, me decía que tenía alumnos en el mundo audiovisual que habían visto piezas de Stan Brakhage, que es cine experimental puro y duro de los años 50, pero no sabían quién era John Ford. No es que no hayan visto nada o que sean unos ignorantes, sino que han visto mucho, pero no tienen un relato que lo estructure. Entonces, ¿cómo acercar el cine que nosotros programamos a alguien que no dispone de ese relato? Ese es un reto que nos sobrepasa un poco, pero sobre el que reflexionamos continuamente. Es como si al cine visto desde esa perspectiva de la historia del cine le estuviera pasando algo similar a lo que le sucedió a la música clásica a principios del siglo XX. O tal vez es algo que le pasa a todas las formas de arte. No sé si al cine le está pasando eso, ni digo que sea ni bueno ni malo, pero es un hecho y, a quienes nos dedicamos al cine, nos preocupa. Es algo que nos genera contradicciones y una reflexión que no sabemos a dónde nos va a conducir.

¿Cuáles son los objetivos del Festival a largo plazo? ¿Se deja atrás algo que no haya podido culminar en esta edición?

No creo que me haya dejado nada, pero sí debo decir que entre mis objetivos más inmediatos, para 2017, está el dar forma a un Mercado de cine de ayudas a la postproducción. Para eso son las Jornadas de Industria que se celebran entre ayer y hoy. El consorcio audiovisual de Canarias fue la entidad que dio el empujón definitivo a algo que hace mucho tiempo que queríamos hacer. Ese mercado estará listo por fin en 2017, dirigido a todo este tipo de cine independiente que se está haciendo, sobre todo, en España, como el que representan ciclos como Panorama España o Canarias Cinema, y que agradecen mucho los mercados de este tipo. Además, en España no hay muchos mercados de postproducción o de "corte final". Otro gran objetivo es conseguir el Teatro Pérez Galdós como sede para la Sección Oficial, y que sea el "Palacio del Festival de Cine". Y por supuesto, más patrocinios privados, que es la forma en que la ciudad o, al menos, esa parte de la ciudad representada por el tejido económico, pueda dar un respaldo al Festival, y que no dependa sólo del Ayuntamiento.

Nunca menciona como objetivo las estrellas o alfombras rojas. ¿Capítulo cerrado?

Es que eso siempre es una cuestión presupuestaria. Las estrellas siempre serán bienvenidas, pero queremos que las caras famosas sean algo más que caras, y que haya también talento y algo que aportar. Lo ideal sería llegar al equilibrio, pero no es fácil, siempre hay una serie de filtros que dependen mucho del presupuesto. Además, insisto: tampoco hay festivales de 300.000, 800.000 o medio millón de euros que lleven estrellas. No los hay, no se engañen, no existen. Y tampoco es nuestra prioridad.

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