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Entrevista a Carmen Naranjo Santana

"El Gabinete Literario y el Museo Canario tuvieron una estética masónica"

"La demolición del convento de San Ildefonso provocó el deseo de excomunión de los obreros", asegura la técnica en Gestión Cultural

Carmen Naranjo Santana.

Carmen Naranjo Santana. MAITE IDOY DÍAZ

¿Su libro estudia únicamente el Gabinete Literario y El Museo Canario?

No, porque además de estas dos entidades estudio otras hoy desaparecidas, como El Liceo y El Ateneo, relacionados con el movimiento obrero y republicano y con la masonería en Canarias. En lo relativo a El Liceo, la investigación destaca su carácter proletario y propuestas tan novedosas para la época como la creación de una Caja de Ahorros y Socorros o la construcción de un nuevo teatro en la ciudad (posterior al teatro Cairasco y anterior al Tirso de Molina, hoy teatro Pérez Galdós) llegando a convertirse, por su volumen de actividades y número de socios, en un adversario del Gabinete Literario en lo que a nivel de propuestas culturales se refiere.

¿Qué datos han salido a la luz durante su investigación?

Muchos, tras realizar una lectura exhaustiva de los libros de actas, desde el nacimiento de estos colectivos hasta el año 1900, y poniendo en relación, por primera vez, sus trayectorias. Pero destacaría unos que son claves para el debate que en la actualidad se mantiene sobre quién fue el impulsor del Museo Canario, si Agustín Millares Torres o Gregorio Chil y Naranjo. Mis pesquisas han descubierto que la primera propuesta de crear un museo en la ciudad nació en el seno del Gabinete Literario y uno de sus grandes impulsores fue Agustín Millares, quien, en 1879, convocó en su domicilio una reunión de amigos con la intención de crear un centro científico y cultural en la ciudad. De los asistentes a la reunión, entre los que se encontraba el Dr. Chil, unos opinaron que debía crearse un ateneo, otros un museo y un tercer grupo optó por ambas cosas, hasta que, finalmente, los defensores del museo liderados por Chil y Naranjo crearon por su cuenta la Sociedad El Museo Canario. Este hecho ocasionó cierto malestar entre el bando no proclive a la creación de un centro específicamente científico, por lo que los partidarios de la creación del Ateneo constituyeron en 1880 la Sociedad El Ateneo de Las Palmas, bajo la presidencia de Eufemiano Jurado Domínguez, líder del partido republicano en Gran Canaria y vinculado a la masonería. La tendencia política e ideológica de los miembros de este colectivo les llevó a atravesar varios periodos de crisis, hasta que finalmente quedó reducido a una sección, la sección Ateneo, del Gabinete Literario.

¿Qué ha descubierto sobre la implicación de la masonería en la fundación y desarrollo de estos colectivos culturales?

Sirva de ejemplo la posible adscripción del Dr. Chil y Naranjo a la misma, no solo porque se sabe con toda seguridad que su primera esposa pertenecía a la logia La Afortunada, sino también porque se han encontrado referencias a él con un tratamiento puramente masónico de hermano por el abogado Tomás García y Guerra (masón adscrito a varias logias) en lo relativo a su testamento. Por otro lado y en el Gabinete Literario también ha sido posible detectar la influencia de la estética masónica desde su nacimiento, pues la publicación recoge por primera vez la existencia de una propuesta filatélica en la que aparecen elementos propios de la estética masónica: una roca que emerge del mar, el sol y un grupo de palmeras. Este hecho no es de extrañar teniendo en cuenta la importante presencia de socios en el Gabinete asociados a la masonería, tales como el alcalde Antonio López Botas o miembros de la colonia inglesa.

¿El Museo Canario y el Gabinete Literario fueron centros masónicos?

Para llegar a una conclusión se precisaría de mayor número de datos, pero sí se concluye que la estética masónica y su lenguaje estuvieron presentes en ambas sociedades y ha llegado hasta hoy, hasta el punto de que, por ejemplo, el logotipo del Gabinete en las puertas de entrada, presentan la letra G, que en la masonería designa conceptos tan propios de esa organización iniciática como la geometría, gravitación, generación, genio, gnosis. Pero es que además esa letra está diseñada con una forma cerrada, de modo que toma el aspecto de un ojo, un símbolo muy conocido de la estética masónica.

¿Qué influjo ha ejercido la burguesía a través de estos colectivos culturales y científicos?

Muy grande y en muchos aspectos. Por ejemplo, en el diseño urbano de Las Palmas de Gran Canaria donde la corriente higienista estuvo presente. No solo se apostó por el diseño de calles anchas, plazas y avenidas, sino que además los efectos de la desamortización fueron un gran acicate para ello. En el caso del Gabinete Literario la investigación analiza la evolución de la que es hoy la sede del colectivo, situándose en el solar en el que se ubicaron las casas del poeta Bartolomé Cairasco de Figueroa, posteriormente convertido en el convento de San Bernardino de Siena y luego derribado para erigir en su lugar el teatro Cairasco que finalmente se convertiría en el inmueble del Gabinete después de que el colectivo adquiriera todas las acciones del mencionado teatro.

¿El Museo Canario también ha tenido una historia tan pintoresca?

El solar primigenio estuvo ocupado también por un convento, el de San Ildefonso, que tras su demolición (hecho que ocasionó un gran litigio que llegó a provocar el intento de excomunión de los obreros que ejecutaron la obra, aunque posteriormente no se llevó a cabo), fue destinado a usos varios (se llegó a presentar un proyecto de creación de un jardín de aclimatación que incluía un acuario y una escuela de agricultura), hasta que nuevamente pasó a manos de la Iglesia, que lo vendió en parcelas, de las cuales compró dos el Dr. Gregorio Chil y Naranjo, que construyó en ellas su vivienda y que, tras su muerte, pasarían a ser la sede de El Museo Canario.

¿Estos centros jugaron algún papel en la proyección del archipiélago en el exterior?

Sí, a través de la cultura, la ciencia y especialmente por vía de Sociedad El Museo Canario, las islas se proyectaron en el exterior con la participación en las exposiciones internacionales de la época. Mientras algunos países llevaban proyectos arquitectónicos, los miembros del Museo Canario portaban fotografías de momias o muestras del café de Agaete, como ejemplo y diferenciación de un territorio "por descubrir" que pertenecía a España pero que tenía una idiosincrasia particular. A través de la publicación de una revista propia del Museo, vetada por la Iglesia, donde se dio cabida a las tendencias intelectuales de la época como el positivismo, el krausismo, el darwinismo, etc., o con la colaboración de la figura de socios corresponsales, residentes en los municipios de las islas hasta llegar a lugares tan lejanos como París, Bruselas, Cuba o Argentina, y el contacto con otros centros científicos del mundo.

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