Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Entrevista a José Antonio López Cerezo

"Estar familiarizado con la ciencia te hace ser más cauto, no te dan gato por liebre"

"Ser científicamente culto no es saber más, sino poner en práctica lo que se conoce al respecto", asegura el catedrático de Lógica y Filosofía de la Ciencia

José Antonio López Cerezo. MIKI LÓPEZ

Usted ha dedicado los últimos 15 años de su carrera profesional al estudio de la cultura científica. ¿En qué cristaliza todo lo tratado sobre los aspectos de esta cultura?

Todo este trabajo, todo este esfuerzo, el objetivo último que tiene es dar apoyo a los sistemas de ciencia y tecnología y contribuir de ese modo a la modernización de los países. Intentar comprender por qué la gente tiene recelos para con la ciencia, intentar entender algunas actitudes de rechazo a la ciencia o a determinadas líneas de investigación, como por ejemplo la de los alimentos transgénicos o el fracking -fracturación hidráulica-, buscando ofrecer información de gran utilidad para los gobiernos y organismos internacionales, que son los que en última instancia toman decisiones acerca de qué líneas de desarrollo científico y tecnológico son de interés.

¿Qué significa ser científicamente culto?

Quizá sería más correcto preguntarse: "¿Qué significa estar científicamente alfabetizado?" Es una pregunta que parece sencilla de responder pero que no lo es. Los estudiosos hemos llegado a ciertos puntos comunes, pero también hay desacuerdos importantes, lo cual es de algún modo una suerte. Todos coincidimos en resaltar la importancia que tienen la conducta, el comportamiento, lo que hace la gente en la vida diaria.

¿A qué se refiere?

Ser científicamente culto no solamente es saber más ciencia, sino también practicar la ciencia, es decir, poner en práctica los conocimientos relacionados con ésta. ¿De qué nos sirve que alguien tenga grandes cantidades de conocimientos científicos si después en su vida cotidiana no los aplica para nada? Su vida cotidiana es muy importante como votante, como consumidor, como usuario... La gente tiene muchos roles en su vida y algunos de ellos se ven muy enriquecidos si podemos llevar esa información científica al día a día. Por ejemplo, cuando la persona entra a un supermercado, donde toma muchas decisiones de compra. Todo esto te lo dice la ciencia, que ayuda a que la vida de la gente sea más rica y esté mejor informada.

¿Hasta qué punto es importante estar científicamente alfabetizado?

En caso de no estarlo, se puede llegar a comportamientos disfuncionales, a que la gente consuma antibióticos para intentar combatir una gripe y lo que hacen es contribuir a crear bacterias resistentes a los antibióticos, o la gente que es reticente a la vacunación de sus hijos, que no únicamente ponen en peligro a éstos, sino a los demás, porque su hijo es un vector de transmisión de las enfermedades por el hecho de no estar vacunado.

¿Qué otros roles cumple la alfabetización científica?

Hay otro rol que me parece muy importante y no suele ponerse en valor, y es que conocer la ciencia también supone un antídoto contra lo que se denomina la McScience, la ciencia comercial. Fíjese en la gran cantidad de mensajes publicitarios que recibimos cada día que hacen uso de la ciencia como argumento de venta. Es el caso de los cosméticos. Muchos de estos mensajes tienen como único fin de vender un producto, en ocasiones de forma fraudulenta. Estar familiarizado con la ciencia te hace ser más cauto para que no se nos dé gato por liebre.

¿Hay que hacer un esfuerzo mayor por acercar la ciencia a la gente?

Sí, es necesario llevar la ciencia a la calle, para que la gente tenga mejor calidad de vida, pero también para que se implique más en la vida democrática. No se trata solamente de usar la ciencia para tener un criterio más informado en la vida cotidiana, no solamente se ha de disponer de canales de participación democrática, sino de la información suficiente para formarse una opinión al respecto. Por eso es importante la cultura científica.

Sin embargo, al respecto, también hay puntos de desacuerdo.

Desde luego, sobre todo en lo concerniente al debate sobre si las actitudes críticas respecto a la ciencia son parte o no de la cultura científica. Apoyar la ciencia no es sólo amar la ciencia, es también ser consciente de las incertidumbres y los problemas que a veces genera. Lo que ocurre es que no se entiende que la crítica externa, informada y responsable, pueda ayudar a la ciencia a mejorar, a dirigir los ámbitos de desarrollo de la ciencia. Tiene que existir una relación de doble dirección entre la ciencia y la sociedad, no únicamente de la primera hacia la segunda.

Por lo tanto, ¿hacia dónde se dirige el futuro?

No hay un único futuro científico, sino que hay muchos distintos y que tengamos uno u otro depende principalmente de los agentes sociales, que se interesen más por unos u otros. Localizar la inversión es una decisión política, no científica; la ciencia se hace en los laboratorios pero las políticas científicas se hacen en los despachos. La retroalimentación entre sociedad y ciencia es algo positivo, ya que con eso lo que vamos a conseguir es llegar a uno de los futuros científicos posibles, pero uno que tenga sobre todo un mayor apoyo social.

Compartir el artículo

stats