Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Entrevista

"Un móvil en manos de un niño es casi un arma de destrucción masiva"

"El ciberbullying ha sacado el acoso del colegio, ahora se puede sufrir un sábado en casa", señala el doctor en Psicología González Cabrera

Joaquín González Cabrera.

Joaquín González Cabrera. J. R. SILVEIRA

¿A partir de qué edades los padres deben estar más alerta?

Podríamos decir que a día de hoy, porque es un fenómeno muy cambiante, la literatura pone la diana en segundo de ESO (Educación Secundaria Obligatoria). Estamos hablando de un niño que ya tiene unos 12 o 13 años. Yo diría que los 12 años es una etapa crucial, ya que se juntan muchos elementos. Los últimos datos publicados, recogidos hace aproximadamente un año, dicen que el 70 por ciento de los niños de 10 años tiene un teléfono de móvil. Esa edad, además, va en claro descenso. Eso no quiere decir que el problema se pueda dar a otra edades, pero hoy en día es sobre los 12 años cuando el teléfono ya está presente en la vida de los niños de una forma integral. Empiezan a no tener la vigilancia paterna, que es muy importante para el uso de esta tecnología. Es como una granada de mano. Si no se utiliza bien, es muy peligroso.

¿Más que un ordenador?

Es algo interesante. Hasta hace cinco o seis años era normal hablar de una dualidad entre el teléfono e internet. El primero servía para hablar y el segundo para conectarte a la red. Eran dos cosas diferentes. Pero hoy en día el teléfono inteligente conectado a internet hace que puedas wasapear, que tengas acceso constante al correo electrónico, a foros o a páginas web.

¿A que edad le recomendaría a unos padres comprar un teléfono móvil para su hijo?

Les diría que lo postergase todo lo posible, y si lo tiene que comprar antes de lo que le gustaría para evitar que su hijo se sienta aislado socialmente, le recordaría que lo importante es asegurarse de que se hace un buen uso del aparato. Venimos de una generación muy distante y no hemos entendido que la información sobre el teléfono móvil debe tener una relevancia igual a la que en su momento alcanzó la educación sobre el uso del preservativo.

¿Se puede buscar alguna ayuda?

Hoy en día hay libros, guías para padres, que ayudan a fomentar un buen uso del móvil. Está claro que es una herramienta que ya no puedes quitarle a nadie, pero lo que sí se puede hacer es educar bien al niño. A partir de los 10 años es la etapa perfecta para enseñar a comportarse en este campo, de igual forma que se enseñan los buenos modales. Ya he dicho que el teléfono móvil es como una granada de mano y cada vez se pueden hacer más cosas con él. Pueden servir para comprar, ver pornografía o crearte una adicción. Los últimos datos establecen que 350.000 adolescentes españoles pueden tener problemas de adicción a internet. Estamos en estos momentos metidos dentro del ojo del huracán y eso nos impide ver el alcance del grave problema que nos rodea. Darle una herramienta social como un móvil a un niño que no esté preparado, que no sea lo suficientemente maduro, puede dar lugar a que alguien lo hunda en la miseria.

¿Es peligroso el Whatsapp?

Es peligroso todo aquello que no se sepa usar. Ahora bien, como red de mensajería tal vez sea lo menos pernicioso. Es mucho más problemático un programa como el Snapchat, en el que se pueden borrar inmediatamente mensajes. Se pueden mandar fotos o comentarios que luego se autodestruyen. Para insultar, molestar, hostigar o mostrar una foto de contenido sexual es una red altamente perniciosa. El móvil puede ser un arma de destrucción masiva en manos de un niño.

¿No es más problemático lo perdurable que lo efímero?

Sí, por supuesto. Es mucho más nocivo colgar una foto en un foro que toda la clase puede ver. Eso queda inmortalizado y Google se encarga de difundirlo. Todo aquello que perdure en el tiempo, y en internet pasa con casi todo, es más peligroso que los programas de mensajería.

¿Qué perfiles tienen en estos momentos el acoso escolar en las redes sociales?

Podemos hablar de tres, que serían cibervíctima, ciberagresor y ciberobservador. También estaría la víctima que se convierte en agresor al intentar desviar los ataques que recibe. De todas formas, este último es el grupo menos prevalente y que con menos frecuencia aparece en los centros. Hablamos de porcentajes de entre el 1 y el 3 por ciento. Por el contrario, los últimos estudios reflejan que cibersobservadores son casi el ciento por cien de los alumnos. Además hay varios subtipos. El ciberobservador ajeno es el prototipo que tenemos más o menos todos en la cabeza y que parece que mete la cabeza debajo del pupitre. Cuando ve algo en el Whatsapp lo desecha y se desentiende. Luego están otros dos perfiles, que son el reforzador y el seguidor, que están vinculados tanto a las víctimas como a los agresores. A unos les parece bien lo que hace el agresor o incluso les echan un capote, le hacen guiños y lo incitan. No eres parte del problema activo, pero lo potencias.

¿Qué papel deben jugar los centros escolares en los referente al ciberacoso?

En materia de acoso tienen muchísimas armas para combatirlo, ya que se produce dentro de los muros del propio centro. El bullying tradicional es un problema que de manera clara afecta al colegio o al instituto en que se produce. El problema del ciberacoso es que trasciende las paredes del centro. Y lo hace tanto a través del tiempo como del espacio. Se puede dar un sábado a las once y media de la noche en la propia habitación del niño. Con lo cual, el papel que debe jugar el centro corresponde a labores preventivas, que deben abordarse en comunión con los padres.

¿Cómo se castiga el ciberbullying?

Es cierto que el castigo en el ciberacoso es muy complicado. Muchas veces es una problema de carácter jurídico legal que nos trasciende. Las guías siempre recomiendan el contacto permanente con los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado. El Código Penal establece elementos tipificados que tiene que ver con el mal uso de las nuevas tecnologías y el hostigamiento a otras personas. Los menores están especialmente protegidos.

Habla de las víctimas. ¿Pero el agresor? ¿A qué tipo de medidas disciplinarias se puede someter a un menor que no cesa en sus actitudes de hostigamiento grave?

Pues los culpables subsidiariamente son en este caso los padres. Es verdad que cuando el bullying estaba centrado físicamente en el cole los propios centros tenía, por así decirlo, un marco jurídico para actuar. En el ciberbullying existe una disociación. El problema se vuelve más complejo, pero cuando es punitivo tiene efectos de sanción legal y deben actuar las fuerzas de seguridad.

Compartir el artículo

stats