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Entrevista a Sara Gómez

"La Universidad debe formar expertos que no estén obsoletos antes de salir"

"Las mujeres seguimos siendo noticia cuando ocupamos un cargo de responsabilidad en disciplinas técnicas", denuncia la catedrática de la UPM, al frente del proyecto Mujer e Ingeniería

Sara Gómez.

Sara Gómez. LP / DLP

La Real Academia de Ingeniería (RAI) acaba de presentar en Madrid el proyecto Mujer e Ingeniería, una iniciativa para reivindicar una mayor presencia de las féminas en el mundo tecnológico. Actualmente, en las universidades y escuelas politécnicas rara vez superan el 25 por ciento del alumnado. Con esta idea, liderada por la catedrática Sara Gómez -primera mujer en convertirse en directora de una Escuela Universitaria de Ingeniería Técnica en España-, se pretende despertar el interés de las niñas y jóvenes por los estudios de ingeniería y arquitectura, acompañándolas y apoyándolas en su incorporación a este entorno profesional, motivándolas en su promoción hasta puestos de responsabilidad.

¿Por qué un proyecto de mujer e ingeniería?

El objetivo es paliar la preocupación existente en el ámbito de la ingeniería por las pocas niñas que cursan ingeniería y las pocas ingenieras que tenemos en el mercado laboral.

¿A qué responde esa situación de minoría de las féminas?

No existe una razón única. Existen razones de tipo sociológico. Por motivos que no alcanzamos a entender, las chicas, cuando tienen 15 o 16 años, se hacen pequeñas ante retos como la Física o las Matemáticas como para que después se planteen la ingeniería para su desarrollo profesional. También se da la circunstancia de que en los entornos familiares se visualiza como una profesión de varones. Hay pocas referencias femeninas en la ingeniería y pocas profesionales de ingeniería a nivel institucional. Si no existen maestros, no habrá alumnos. En esos referentes es donde se transmite el interés por la tecnología y las vocaciones científico tecnológicas. Además, la mujer en general tiene una mayor conciencia social y normalmente no se aprecia esa vertiente en la ingeniería, aunque la tiene cuando se trabaja en la proyección de plantas potabilizadoras de agua o lo que impulsaba este año el premio Princesa de Asturias, Hug Herr, sobre la tecnología como una herramienta que puede acabar con las discapacidades.

¿No se alienta a las chicas desde los institutos a orientarse hacia estas disciplinas?

Dejé de ser vicerrectora hace poco en la Universidad Politécnica de Madrid, la más grande de todas las politécnicas de España. Allí desarrollamos un proyecto de fomento de las vocaciones técnicas y se ha notado que empieza a funcionar mejor. En dos años logramos que más niñas se interesasen por la ingeniería, pero son proyectos a medio y largo plazo.

¿Qué ocurre en la Univer- sidad?

Tenemos pocas catedráticas en las áreas puramente técnicas y las tesis leídas por mujeres in- genieras también son muchas menos. En la Politécnica de Madrid los varones eran muchos más en el colectivo de profesores en las materias puramente ingenieriles mientras ellas son más en las materias básicas. En el gobierno de una universidad continúa siendo noticia que una mujer sea vi-cerrectora. Cuando fui directora de la Escuela Técnica de Ingeniería Industrial de la Politécnica era la primera mujer en España. Somos noticia y eso ya es malo en sí mismo.

¿Qué propone para dar un vuelco?

Hay que cambiar la tendencia actual. Normalmente, a la hora de orientar nuestra profesión, las mujeres buscamos más un componente social. Por eso en la ingeniería ellas son más de disciplinas como biotecnología o ingeniería biomédica, ahí las cifras están más equilibradas. En las Tecnologías de la Información y la Comunicación el porcentaje es más bajo, 90 por ciento de hombres frente a 10 por ciento de mujeres. Hugh Herr nos demostró que la ingeniería tiene una implicación social.

¿Qué opina de que en algunas escuelas de ingeniería se siga celebrando un día de las chicas (Girl's Day)?

Tengo dudas sobre si es bue- no o malo el hecho mismo de que siga siendo noticia que una mujer sea directora de una escuela universitaria o que ocupe el cargo de vicerrectora. Eso demuestra que existe alguna disfunción porque hay que estar ahí para darle difusión.

¿Hacen falta ingenieros en España?

Hacen falta en todo el mundo y en el norte de Europa y en Estados Unidos ya se están haciendo cosas para paliar ese déficit porque el ingeniero es un agente imprescindible del desarrollo social pero da la sensación de que no nos ponemos de acuerdo, por eso la Real Academia de Ingeniería puede ser el nexo a través del proyecto Mujer e Ingeniería.

¿Cuáles son las cifras en el sector TIC?

Se estima que para 2020 harán falta unos 800.000 ingenieros en la Unión Europea solo en TIC; en total, unos dos millones de titulados en carreras técnicas. Es el reto para alcanzar la cuarta revolución industrial pero el Ministerio todavía no se ha planteado que nos hacen falta más ingenieros y Alemania lleva desde 2011 trabajando en ello. Obama también advirtió de ello. A la velocidad que nos movemos, con la cantidad de objetos que hemos logrado digitalizar, no seremos capaces de controlar el Internet de las cosas.

¿Qué deben hacer las universidades?

Adaptar sus planes de estudio a las necesidades del mercado es complicado. Las materias básicas siempre van a continuar ahí. La herramienta más ágil para adaptarse son los másteres especializados. Debemos poner el acento ahí. Pero estar al día también obliga a realizar un esfuerzo extra a los formadores que investigamos en la frontera del conocimiento y, al mismo tiempo, tenemos que estar formando a los profesionales del futuro sin tan siquiera saber cuáles serán sus profesiones. Las universidades deben sacar profesionales que no estén obsoletos antes de salir.

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