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Arquitectura

"La sostenibilidad no debería ser un lujo, sino una necesidad"

"Durante la burbuja inmobiliaria se descuidaron asuntos importantísimos por culpa de todos", explica el arquitecto

Gerardo Court, la pasada semana junto al Auditorio Alfredo Kraus.

Gerardo Court, la pasada semana junto al Auditorio Alfredo Kraus. QUIQUE CURBELO

¿Único canario en el Mipim?

Me moví bastante, pero no me crucé con ninguno. El Mipim se celebra todos los años en Cannes y reúne, dentro de un espacio común y a un altísimo nivel, a inversores, promotores, constructores y arquitectos internacionales, todos los componentes de la generación inmobiliaria mundial. Ahí se forjan las relaciones y los grandes proyectos. En tres días de feria asisten 23.000 personas y se cierran contratos por valor de cerca de 200.000 millones de dólares, así que imaginen el ambiente financiero agresivo. Con las entradas a un precio muy alto realizan una criba, debes tener un volumen de negocio elevado. Está muy bien organizado y se convierte en una especie de red, que se mantiene después del Mipim, porque facilitan una agenda de contactos virtual cerrada para los asistentes. Los arquitectos somos los artistas del lugar, pero es un mundo muy económico. Había oído hablar del Mipim y nunca se me había ocurrido acudir, pero aproveché la coyuntur y tuve la posibilidad de conocer mucha gente. La asistencia fue muy productiva y sería un honor si pudiera impartir en el futuro una conferencia como arquitecto, aunque sinceramente, no es mi ambiente.

¿Y cómo cayó ahí entonces?

La Cámara de Comercio de Luxemburgo organiza diferentes estands en el Mipim como el espacio del Colegio de Arquitectos e Ingenieros Consultores del país [OAI, por sus siglas en francés], que me propuso acudir como delegado para la presentación oficial de un libro en el que aparece un proyecto mío. Design first, build smart. Sustainable buildings by luxembourgish architetcs and consulting engineers quiere dar una proyección internacional del país (dentro del Mipim, eliminar), con obras de despachos nacionales en el exterior o proyectos del calado de Norman Foster junto a firmas luxemburguesas en el Gran Ducado. Es una recopilación de proyectos internacionales de los últimos cinco años, realizados por arquitectos establecidos en Luxemburgo, siempre ligados a cuestiones ecológicas, bioclimáticas, sostenibilidad, economía circular... Fue un gran honor que me eligieran entre el resto de los colegiados (para aparecer en este libro, eliminar), compartir espacio con arquitectos luxemburgueses muy establecidos a nivel internacional como François Valentiny, también invitado al Mipim, que publicó proyectos como el pabellón de Luxemburgo en la Exposición Universal de Shanghái.

¿Cuál fue su proyecto?

La construcción de una nueva casa bifamiliar en Carbajosa de Armuña, un pueblo pequeñito a las afueras de Salamanca. Al principio, el concepto tendía a reformar una casa antigua, pero estaba tan deteriorada que la tiramos abajo y recuperamos los materiales para su reutilización en un nuevo inmueble. Fue un proyecto innovador, porque en España todavía estamos muy atrasados en comparación con otros países en el reciclaje de materiales o en la aplicación de la clase energética pasiva, es decir, el mínimo consumo, casi autoabastecimiento, con colectores solares, sistemas de ventilación forzada en el interior, geotermia... Incorporé una gran parte de estos conceptos en un proyecto nuevo con un estilo propio del lugar, pesado, sobrio. El presupuesto de 800.000 euros fue una minucia en comparación con los grandes proyectos que se mueven en el Mipim, de miles y miles de metros cuadrados, pero me dio la oportunidad de asistir como delegado de un país pequeñito.

¿Realiza obras similares en Luxemburgo?

Los tres primeros años trabajé en obra civil, para bancos y administración pública, como jefe de proyectos de un estudio ya establecido, con más de 30 arquitectos, lo que me permitió adquirir experiencia en las particularidades del mercado luxemburgués, nada que ver con el español. Monté mi propio despacho en 2012, empecé con pequeños proyectos de reforma de viviendas y todavía trabajo sin asalariados, aunque colaboro con muchos ingenieros, delineantes o interioristas, pero cada vez me estoy dando más a conocer por el boca oreja.

¿Por ejemplo?

Ahora estoy terminando la restauración integral de una casa de 1912 en Grevenmacher, en el valle del Mosela, una zona preciosa de donde proceden los famosos vinos blancos. Estaba en un estado deplorable, pero conseguí que Patrimonio clasificara el inmueble dentro del catálogo de edificios protegidos y, además, autorizaran una extensión moderna, minimalista, como oficina, un gran triunfo para el cliente. Es un proyecto de 900.000 euros que establece un diálogo entre la casa antigua y el nuevo anexo. Y ya dispone de todas las licencias de obra, comenzamos con los cimientos esta semana, una casa unifamiliar pasiva positiva de nueva construcción, capaz de producir energía para autoabastecerse y verter el exceso en la red eléctrica, con un presupuesto de un millón y medio de euros.

La sostenibilidad resulta cara.

Todavía no está al alcance de todos, desgraciadamente, es un poco snob decirlo. Sería interesante que la sostenibilidad dejara de ser un lujo para ser una necesidad. Desde el pasado enero, en Luxemburgo es de es de obligatorio cumplimiento la clase energética pasiva A, la mayor, que ya se aplica hace años en Austria y Suiza. No se puede construir nada por debajo de lo pasivo y existen subvenciones para las casas que alcanzan valores positivos frente a las convencionales con el objetivo de que puedan financiarlas personas no tan pudientes, una estrategia muy positiva que el Estado se implique para fomentar ese tipo de medidas.

Igualito que España...

Con la aprobación hace varios años del código técnico de la edificación pudimos adaptarnos a la normativa europea, pero todavía resta mucho para llegar a los niveles de Austria, Suiza, Luxemburgo, Holanda, Bélgica... La sostenibilidad no es el futuro, sino la tendencia actual y tenemos que adaptarnos en España durante los próximos años, no queda más remedio, pero a todos los niveles, no solo en la arquitectura. Hay magníficos ejemplos de despachos, como antiguamente Artengo, Menis y Pastrana, con una proyección internacional importante desde Canarias en épocas anteriores a la crisis económica. Durante la burbuja inmobiliaria se descuidaron cuestiones importantísimas y se produjeron gran cantidad de edificios con bajísima calidad por culpa de todos los implicados en el negocio, aunque sin duda alguna quien podría haber regulado mejor es la administración pública. La corrupción es una lacra. Por mucho que duela la crisis ayudó a realizar una criba, es una oportunidad. Mi sensación desde fuera es que la maquinaria todavía está muy parada, por mucho que se hable de la mejora de la economía.

¿Y qué opina desde el extranjero del proyecto de ley del suelo que se tramita en el Parlamento de Canarias?

El turismo es un motor económico importantísimo y ahora debería ser la oportunidad de Canarias para mejorar y aplicar todos esos grandes proyectos que se quedaron en el tintero por la crisis, como la rehabilitación de la planta alojativa obsoleta. Hay que levantar la moratoria, pero bajo una serie de condiciones. Una liberalización total sería perjudicial, porque fomenta inversiones que repiten viejos esquemas. Volveríamos al nivel de la burbuja, al chanchulleo. Hace falta regular el territorio para no volver a la selva. Canarias podría haber sido un destino mucho más bello del que se ha convertido y habría merecido un tipo de visitante más cercano al nivel económico alto de Ibiza o Marbella. Se debería haber realizado un planteamiento de turismo de mucha calidad, poco invasivo del espacio. Aunque se producen cosas muy interesantes, como el alquiler vacacional, la recuperación de Las Palmas de Gran Canaria o el turismo cultural, todavía hay muchas asignaturas pendientes, hay que tener mucho cuidado y ser muy inteligente.

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