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Arte

"La única manera de ayudar a África es dejar de querer ayudarla"

"El arte ilumina y muestra al mundo que África no solo es parte de la historia, sino que es 'la' historia", apunta el crítico de arte, comisario y escritor

El crítico de arte, comisario y escritor Simon Njami, ayer, en Casa África.

El crítico de arte, comisario y escritor Simon Njami, ayer, en Casa África. ANDRÉS CRUZ

Su conferencia asocia a la mujer que crea con el riesgo de ser acusada de bruja. ¿El arte continúa siendo un espacio velado a las artistas?

Creo que hubo un tiempo en que cualquier mujer que se atreviera a expresarse libremente era percibida como una bruja, porque el hombre teme que la mujer piense y su única defensa es tacharla de bruja. Esto es cosa del pasado, pero también sucede en el presente; simplemente, utilizamos otras palabras. Hoy en día, la mujer representa aún una presencia peligrosa para el hombre, lo cual tiene que ver con los espacios de poder. Esto es algo que ha sucedido históricamente entre hombres blancos y negros, y en este sentido, la mujer se presenta como una persona colonizada. En la exposición El iris de Lucy nos enfrentamos a un triple conflicto porque esta colonización se da en tres sentidos: como mujeres, como africanas y como artistas, así que son como "superbrujas". Y sobre ese último aspecto, la figura del artista sigue sometida a ese prejuicio de "lo extraño". La sociedad todavía no sabe posicionarse ante el artista. Y menos, ante la artista.

A la luz de su participación en importantes ferias y bienales en Europa, África, Estados Unidos y Latinoamérica, ¿cuál es la presencia real de las mujeres?

Hoy las grandes bienales, exposiciones o ferias internacionales apenas incluyen mujeres. En muchos sentidos, la proporción sigue siendo totalmente desequilibrada. Si buscas un ranking de los 100 mejores artistas del mundo, el 90% son hombres y el 10% son mujeres, porque la mujer sigue siendo "la otra", pese a que las sociedades hayan evolucionado. Al igual que cuando Nelson Mandela fue electo en Sudáfrica y cambió el significado de lo que era ser un hombre negro o blanco, porque inauguraba una nueva era. Hablar en blanco y negro es sencillo, pero la gente no sabe reaccionar ante los grises. Hoy en día, la masculinidad se mueve en esta grisura sin saber cómo situarse ante la realidad de las mujeres que hablan, que crean y que ocupan puestos de poder.

¿Cree que es pernicioso incurrir en etiquetas de "arte femenino" o "arte africano"?

Sin duda, me parece muy tramposo. Hace poco la Organización Internacional de la Francofonía me pidió que editase un estudio sobre el arte francófono y dije que era imposible. El lenguaje está en la literatura o el teatro, pero el arte no tiene lenguas, igual que tampoco tiene género. Pero en estos tiempos siento que corremos el riesgo de ser víctimas de lo que hemos creado precisamente en aras de la libertad. Creo que el arte feminista fue una reivindicación necesaria en su contexto, pero que tal vez ahora, bajo mi punto de vista, se ha vuelto un discurso obsoleto. La atención que merece una obra no se basa en el género, sino en la calidad. Luego, los centros deben mirar a las minorías, pero las últimas estadísticas demuestran que la población se compone de un 51.5% de mujeres y un 48.5% de hombres. Y sin embargo, las mujeres están incluidas en los estudios de minorías. Estas son las complejidades con las que lidiamos, que son ideas preconcebidas que no cuestionamos porque nos hemos acomodado a estos sistemas desiguales.

¿Cuál es su percepción del arte en África y de su proyección internacional?

La situación en el panorama del arte africano es la misma que en el resto del mundo e, incluso, diría que más fácil que en muchas sociedades occidentales. Si miras a los países africanos, que registran una media de 60 años de edad, y luego, miras a los países europeos cuando registraban esa misma media, y evalúas la situación de las mujeres o del arte, la realidad es que África ha avanzado mucho. Parece que siempre utilizamos una vara de medir distinta para África. El otro día acudí a un encuentro artístico en Portugal y una periodista me preguntó que podían hacer para ayudar al arte en África, así que yo le pedí que me diera el nombre de una sola artista portuguesa que girase a nivel internacional cada año. No supo decirme ninguno, pero yo podría haberle dado cientos de nombres de artistas africanos y africanas con una enorme e importante proyección internacional, como algunas creadoras de El iris de Lucy.

¿Cree que persiste esa mirada paternalista hacia África?

Creo que tendemos a mirarla desde una posición de superioridad, porque miramos las cosas desde nuestra realidad. Por eso, no vemos que África ha evolucionado 10 veces más rápido que cualquier otro lugar del mundo, pero porque tampoco teníamos otra opción. Desde los procesos de independencia, las guerras civiles y la inestabilidad política, África tiene que lidiar con un pasado doloroso fruto de esas heridas coloniales y ha tenido que reconstruir ese pasado, mientras que, al mismo tiempo, resuelve sus problemas contemporáneos y construye su futuro. En este sentido, África se mueve en muchos frentes y su evolución ha sido histórica. Por eso, siento que la mirada paternalista hacia África, porque parte de una perspectiva totalmente sesgada. Por favor, basta de querer ayudar a África. La única manera de ayudar a África es dejando de querer ayudarla. Basta de esa mirada eurocentrista. La mayoría de países, como poco, afronta los mismos problemas que cualquier país africano, pero ese complejo de superioridad impide mirar las cosas como son, porque la gente no necesita ser ayudada. Ni siquiera el arte nace con vocación de ayudar. Si acaso, nace para ayudarse a uno mismo. Hannah Arendt decía que necesitamos la otredad y, desde que vemos al otro como a uno mismo, se vuelve menos interesante. El mundo necesita la otredad, lo diferente, el contrario. Ahí está la riqueza.

¿El arte contribuye a visibilizar esa otredad de Arendt?

Recuerdo que cierto presidente francés visitó Senegal y dijo que África no había entrado en la historia todavía. Bueno, pues el arte ilumina y muestra al mundo que África no sólo es parte de la historia, sino que es la historia. Lo interesante del juego que plantea Orlando Britto en El iris de Lucy es que esa mirada, ese iris o lugar desde el que miramos el mundo y que construye nuestro punto de vista, nace con Lucy, que es la madre de la Humanidad, nuestra madre, y que resulta que es africana. Lo que el arte hace es mostrar una realidad ante la que hemos cerrado los ojos y lo interesante en esta colectiva de 25 artistas, como en el caso de muchas otras y otros, es que divulgan la importancia de África fuera de África, pero también en el continente. África se asocia con el oro, los diamantes o el petróleo, y eso lo puedes encontrar en muchos países. Pero la riqueza de África es infinita y los artistas africanos están mostrándosela al mundo, pero de una forma más sutil. Por eso es tan interesante el momento artístico que vive África, porque el poder del arte es que puede ensanchar y cambiar miradas sin que te des cuenta. El arte no tiene que ver tanto con el artista, sino con el mundo, porque expresa lo que cualquier persona podría expresar. La belleza del arte es esa variedad y esa riqueza a partir de la otredad.

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