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El efecto dominó del complejo

Los enfermos entran en el hospital por una dolencia y ocupan hasta tres meses una cama mientras esperan para entrar en una residencia

Un señor mayor circula por la capital gran canaria en silla de ruedas.

Un señor mayor circula por la capital gran canaria en silla de ruedas. LA PROVINCIA / DLP

¿Qué tal Pepe? Marta, médico de medicina interna del Hospital Doctor Negrín, una mañana más le hace esta pregunta al paciente de la habitación 540. Pepe tiene 84 años, viene de la Aldea, es viudo, vive solo y tiene dos hijos que casi no ve porque están todo el día trabajando. Ingresó hace dos semanas en Urgencia porque se sentía hinchado, estaba febril y tosía constantemente. El personal sanitario descubrió que padecía neumonía y tenía los pulmones encharcados porque estaba en insuficiencia cardiaca.

Su historial médico también estaba hinchado: fue fumador en la infancia, tiene el azúcar y la tensión altos y sufrió un infarto. El anciano es ingresado en la unidad de Medicina Interna porque tiene diferentes patologías. Requiere tratamiento antibióticos, diuréticos por vena, oxigeno y aerosoles. Pepe se queda al cuidado de los sanitarios durante una semana en la habitación 540. Enfermeras y médicos de diferentes especialidades van tratando con él día a día. Explican con calma su enfermedad a él y a sus hijos, que acuden verlo con prisas porque tienen que cuidar de sus propios niños e ir a trabajar. Pepe mejora rápidamente, aunque es diagnosticado como paciente crónico pluripatológico -crónico complejo- y deberá seguir un tratamiento de por vida de insulina por vena. Lleva una semana en el hospital y ya está preparado para que le den el alta. Pero necesita que alguien le cuide, duche, ponga la insulina y le atienda cada día. Sus hijos no pueden asumirlo porque tienen menores a su cargo, no disponen de tiempo, ni recursos.

Es el momento de activar el protocolo porque el anciano necesita un centro para dependientes y no puede volver a su casa solo. Entran en la vida de Pepe un trabajador social, un geriatra y un médico forense, trabajan rápido, pero por separado, para incluirlo en la lista de espera de un centro público o concertado. En ese momento comienza la espera para Pepe y para la internista que lo atiende. El anciano sigue ocupando una cama de la habitación 540 durante 90 días más. Mientras tanto, un paciente agudo se encuentra en Urgencias esperando para ocupar su cama.

"La situación termina en un saludo diario con Pepe. Ese es mi pase de planta. Yo no tengo que hacerle nada. Está como en una residencia y lo único que puedo hacer es preguntarle qué tal está". Así termina Marta de contar un caso cualquiera de los que atendía cuando trabajaba hace un año en la Unidad de Medicina Interna del Hospital Doctor Negrín.

Pepe es el ejemplo más común que representa a la mayoría de enfermos crónicos de Canarias, que a su vez en un 80% son mayores de 75 años. Y es que este anciano es una ficha más de ese complejo engranaje que al esperar su ingreso en un centro de dependencia para mayores inicia el efecto dominó: aumento de recursos sanitarios, colapsos en las salas de urgencias con pacientes agudos a la espera de cama y saturación en las consultas de Atención Primaria.

El caso expuesto es del crónico complejo y finalmente dependiente , pero existen más tipos de crónicos definidos por el documento estratégico de abordaje a la cronicidad en la Comunidad Autónoma de Canarias, elaborado en 2015. Las patologías destacadas son la depresión y la diabetes mellitus, con una prevalencia superior al 8%, así como la cardiopatía isquémica y la EPOC, con una prevalencia en torno al 3%.

Los especialistas geriatras lo tienen claro, el estado de bienestar ha conseguido que vivamos más y envejezcamos peor. Así que la solución no consiste en "dar vida, sino calidad de vida".

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