Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

El consumo de cocaina en Canarias superará la media nacional

Las estimaciones sitúan el índice de las Islas un 2,5% más que en el resto del País

El consumo de cocaina en Canarias superará la media nacional

"Entra con muy buena presencia, bien vestido, con buen aspecto, de metro y ochenta y unos treinta y tantos años y nos dice: Vengo porque tengo un problema con la cocaína. Salgo a tomar algo y termino echándome rayas todas la noche. Prácticamente no me doy cuenta. Al día siguiente estoy hundido, me encierro en casa y no quiero hablar con nadie. Es un ejemplo de casos que atendemos. A este señor le dio una bajada de abstinencia que induce a una depresión". Ese es el primer síntoma que se padece cuando una persona consume cocaína de forma regular y esporádica. El caso es descrito por Nicolás Amador, técnico del servicio de Atención a las Drogodependencias de la Dirección General de Salud Pública. "Uno de los pacientes que atendimos y que no olvidaré es una chica con la que ya habíamos tenido diferentes intervenciones y que nos vino con un grave problema de adicción. Es joven, tiene una hija, ejerció la prostitución e incluso sufrió una violación. Llegó a un punto que no era ni consciente de dónde estaba y qué hacía. Se perdía durante días y nadie la localizaba. Finalmente pudimos ingresarla en una unidad hospitalaria de desintoxicación y a pesar de que la estancia media es de dos o tres meses, ella estuvo dos años". Es la otra cara de la moneda. Un ejemplo aportado por Carina Amaalem, trabajadora social que interviene en el programa de Intervención de la Asociación por la Integración Calidad de Vida de Las Palmas de Gran Canaria.

Los dos profesionales forman parte de los Servicios Sociosanitarios de Atención a las Drogodependencias De Canarias del Servicio Canario de Salud. Trabajan en la Unidad UAD, formada por 33 equipos que se reparten por todas las islas. Cada grupo consta de un trabajador social, un médico y un psicólogo. Tratan de forma individualizada a las personas que son admitidas para realizar un tratamiento de desintoxicación del alcohol, la primera causa de adicción en Canarias, del cannabis, la segunda, y de la cocaína, la tercera. Por la adicción al consumo habitual de la tercera droga, 1.842 pacientes fueron tratados en Canarias durante el año pasado. Normalmente combinándola con otras sustancias. De este total, el 87% son hombres. Del conjunto del Archipiélago, Gran Canaria y Tenerife son las islas en donde residen tres cuartas partes de las personas que están siguiendo un tratamiento anti aditivo.

Es una cifra pero no la correcta ya que estas personas han asumido su problema y están en proceso de solucionarlo. La realidad es que Canarias es la segunda comunidad nacional con mayor índice de consumo de cocaína, seguido de la valenciana. Así como España es el país europeo que lidera el uso de esta droga, tal y como indica el I nforme Europeo sobre Drogas 2017: Tendencias y novedades. De igual manera, es en donde más se aprehendió, con 22 toneladas, en 2015- el último dato disponible -.

Desde 1999, el consumo de cocaína en polvo en España aumentó progresivamente hasta que en los últimos años se ha mantenido estable entre un 9 y un 10% de la población. Este comportamiento queda reflejado en la E ncuesta sobre alcohol y drogas en España 2015-2016, del Observatorio Español de las Drogas y las Toxicomanías (OEDT). Es muy similar al de Canarias, aunque las estimaciones reflejan que en 2017 su índice superará a la media nacional en uno o dos con cinco puntos.

Pero lo relevante del manejo de la cocaína es su carácter democrático, ya que es fumada o esnifada por todas las clases sociales y niveles educativos. No existen distinciones, excepto en el hecho de cómo las consecuencias de su consumo afectan a su salud y entorno social. Muchos de los consumidores de cocaína no son ni conscientes de su adicción a esta sustancia a pesar del exceso de información que recibe al respecto, ya que el 90% de la población española afirma tener conocimiento de las consecuencias sobre la salud que supone el consumo continuado de cocaína.

La idiosincracia insular

En Canarias la información al respecto también es abundante, no obstante presume como la segunda comunidad que más lo consume y no precisamente por adolescentes.

La edad en que un residente canario se inicia en la ingesta de cocaína, mayoritariamente en polvo, es de 20,9 años. Mientras que la franja en la que se encuentra el consumidor tipo se fija entre los 35 y 54 años. El perfil del hombre residente en Canarias que toma el polvo blanco suele ser mayor de 40 años, que trabaja o ha trabajado a lo largo de su vida, con estudios de primaria y que compagina la cocaína con otras drogas, como el alcohol. La mujer está entre los 35 y 45 años, suele tener estudios y una situación labora estable y consume de forma más discreta o "invisible".

De las 1.842 personas tratadas por la UAD de Canarias, 1.603 son hombres y 239 mujeres. A esto se añaden los adictos a varias drogas en los que la cocaína es su secundaria. La Unidad de Atención Drogodependiente atiende a un total de 11.601 personas con todo tipo de adiciones, de los que 1.196 utilizan la cocaína como droga secundaria.

El Estudio de Alcohol y Drogas 2015-2016 del OEDT refleja el comportamiento del grupo poblacional de 15 y 64 años que utiliza esta droga como estimulante. El 12% de la población canaria confiesa haber consumido alguna vez en su vida; el 2,9% en el último año y el 1,8%, en el último mes. Los datos superan en tres puntos a los indicados por la media nacional. En cuanto a ese 1,8% de personas que lo consumen una vez al mes, ya están en situación de riesgo, mientras que aquel que lo hace con continuidad, aunque parezca que realiza una vida normal, ya es un adicto. "El 0,4% indica un consumo frecuente o habitual, lo que significa que algo más de cuatro de cada diez personas que afirmaron haber usado cocaína en alguna ocasión siguieron tomándola en el último mes", explica un estudio sobre la cocaína en Canarias de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. "Si lo hace diariamente tiene un problema y si lo hace mensualmente tendrá un problema". Con esta rotundidad predice Nicolás Amador lo que le va a suceder al consumidor cuasi habitual. "La droga se autorefuerza y genera placer. Se adapta neurológicamente y el problema comienza con la abstinencia. Es como cuando se tiene una resaca leve".

Las picos estacionales no importan porque, como dice Nicolás Amador, "andamos entre fiesta y fiesta", aunque sí es verdad que tras épocas relevantes, como los Carnavales, el número de personas que acuden a uno de los centros de asistencia drogodependente asciende. En las Islas se dan 181,55 casos por cada 100.000 habitantes. Por lo que se estima que un 4% de los 2,118 millones de habitantes del Archipiélago tienen problemas con la cocaína.

La droga de los años 80 y 90, que no pasa de moda, se mantiene estable en la población española y canaria. Es llamada por muchos nombres y apodos: coca, zarpa, blanca, farla, farlopa, polvo, escama (es un tipo o calidad de coca), frula, milonga, pusa, perico, yeyo, colombiana, roca, etc. Mientras que a la dosis común que se utiliza cada vez que se consume se le llama "raya". En Canarias su precio no ha variado mucho en los últimos años. Por un gramo de coca, el comprador paga unos 60 euros. Por otro lado, las Islas también son afortunadas en cuanto a su tratamiento ya que cada vez llega más pura, según explica Carina Amaalem, del Programa de Intervención. Y es que de su nivel de pureza también depende el estrago de sus efectos y riesgos. La elaboración de la cocaína se realiza con sustancias químicas conocidas por precursores, como son el éter, ácido sulfúrico o gasolina. Y sus dos formas básicas son el clorhidrato de sal (en polvo) y los cristales de cocaína.

Esta sería la pura, que cuando llega a manos del consumidor ya está alterada "cortada" y mezclada con sustancias cuyo espesor y color se parecen al polvo blanco. Pueden incluso alterar un gramo de coca hasta con 16 ingredientes extras y dejarla sin ninguno de los elementos originales, de tal manera que el consumidor puede terminar "esnifando" anfetaminas, tiza o polvos de talco, en el mejor de los casos. El portal narconon. org explica a la perfección las diferentes rutas de suministro: oral, intranasal, intravenosa o por inhalación. Sus términos coloquiales son: "masticar", "mascar", esnifar, "inyectar", "chutar", y "fumar", sus efectos duran 2 y 3 horas y sus consecuencias pueden ser mortales.

Cómo saber si se es un adicto y qué riesgos conlleva

  • Centre Calla Rossello, clínica especializada en adicciones, explica los indicadores principales de una posible adicción por consumo de cocaína, entre los que destacan los siguientes cambios: de aspecto físico, con disminución de peso, cara de agotamiento, infecciones en la piel, nariz congestionada o sangrados nasales; en el estado anímico; con el desempeño laboral o escolar con ausencias y tardanzas frecuentes, discusiones o conflictos en el trabajo o disminución del índice académico escolar; en las relaciones familiares, con desconfianza, discusiones frecuentes, evasivas o aislamiento; en las relaciones sociales, con la ausencia del entorno habitual y/o apariciones con nuevos contactos cuestionables o cambios en las rutinas diarias.En cuanto a los riesgos para la salud física y mental son muchos y variados, que se van complicando a medida que aumenta la adicción. A medio y largo plazo, su consumo habitual afecta al funcionamiento cerebral, puede provocar trastornos psíquicos, como ideas paranoides o depresión. También desencadena cuadros de psicosis y esquizofrenia.El deterioro físico también es evidente en los sistemas circulatorio y respiratorio, así como produce complicaciones neurológicas y gastrointestinales. Si además la vía de administración es nasal también ocasiona pérdida de olfato, ronquera, hemorragias nasales o incluso la perforación del tabique nasal.

Compartir el artículo

stats