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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Entrevista a Javier Ruibal

"El único estímulo en la música es mantener la calidad y la coherencia"

"Lo que empieza siendo un capricho desde chiquillo después se convierte en una profesión", explica el músico

"El único estímulo en la música es mantener la calidad y la coherencia"

Viene a la capital grancanaria el viernes 8 de diciembre con doble compromiso: la presentación del documental Ruibal, por libre, de César Martinez Herrada, en los Multicines Monopol; y un posterior concierto en The Paper Club

Es un concierto abierto al repertorio de todos estos años, que son muchos, y alguna que otra canción nueva que siempre me gusta cantar a pesar de que no esté editada todavía. Voy solo porque se trataba de hacer las dos cosas: presentar la película y el concierto.

Y todo ello con el reciente Premio Nacional de las Músicas Actuales, con el que se le reconoce una trayectoria de más de tres décadas. ¿No es fácil sobrevivir al oficio en España, cuando en su caso, es casi una carrera de fondo, que no aspira a premio alguno?

Claro, lo que empieza siendo un capricho casi desde chiquillo o adolescente, después se convierte en una profesión, y luego con la ayuda de varios factores, la imaginación, inspiración y el azar, la suerte de poder continuar, pues hace que cuando te das cuenta han pasado 35 años. Lo importante es sentir que uno tiene cosas que decir, que no está repitiendo ni copiándose a si mismo, levanta una insignia, una llamada de un modo de hacer música que creo que se ha trabajado más en la libertad y en la heterodoxia que en cualquier otro estímulo diferente.

Un artista de riesgo con voluntad fronteriza. En su caso, ese riesgo está en el afán de superarse, de rehuir del camino fácil.

Tal cual. Marcar tu propio camino y tu único estímulo es mantener el nivel de calidad de lo que entregas, y coherencia, y sobre todo no perder la referencia fundamental: lo que se pretende con la música es la búsqueda de una emoción compartida. Entonces ya no cabe hacer juguetitos musicales sino hacer actos de sinceridad, entregar una parte de lo pones en las canciones, para tí y para los demás, y eso es lo que nos hace caminar juntos. La dificultad es algo bastante relativo. Yo no he pasado dificultades, sino digamos lagunas de inspiración, que son las que me preocupan, pero ese no es el caso. Reitero que esto es un acto de sinceridad y lealtad con la música, y si cumples con ambas expectativas, y encima te dedicas a hacer lo que gusta, y si encima el destino te lo concede y el público te acompaña. ¿Qué más quieres? ¿Que te lleven como el Papa en la silla? [risas] No se puede pedir más. Pero en la música, como se ha convertido en un mercado bastante lucrativo, hay siempre otras formas, pero no es mi caso. Ni he querido, ni me han propuesto que me enloquezca y empiece a hacer cualquier cosa con tal de llegar más arriba. No hay una lucha titánica contra los molinos de viento, esto ha sido un camino bastante sosegado.

La música de Javier Ruibal precisa de atención y de ese acercamiento con el público.

Esto es un ejercicio de vinculación emocional entre el público y yo. Y en mis canciones hay estribillos pegadizos. No es que mi música sea rara o extraña, lo que ocurre es que cuando alrededor hay una ceremonia de ruido mediático de cosas, de músicas digamos intencionadamente párvulas, la mínima sofisticación de pronto es considerada una rareza, tan especial. Lo que ocurre es que el caldo de cultivo en el que estamos quiere que sea sopa de sobre, no quiere que sea una sopa cocinada desde media mañana, para que cuando nos sentamos todos a la mesa aquello sea una ricura; es engullir para salir corriendo.

Ruibal, por libre sitúa al personaje con un acertado título, y viene a ser un retrato coral que le brindan músicos, amigos, compañeros de viaje. ¿Contento con el resultado?

Ahi están todas las personas que creen en mi trabajo y que también hemos caminado juntos durante años, y seguimos caminando ahora. Entonces el resultado del documental era previsble. Creo que cuando lo veo y miro todo el trayecto recorrido que hemos andado otros y yo juntos, latente está una complicidad emotiva más que otra cosa. Es lo mismo que ocurre con el público, es decir, todos los están ahí que opinan sobre mi, y viceversa, yo haría lo mismo porque son personas bastante entregadas a su trabajo, y no quiero decir esfuerzo, porque hablar del esfuerzo es ir a la mina o , cosas asi, sino que somos meticulosos y primorosos con lo que hacemos, y eso si que me estimula mucho. Formamos parte todos de un grupo que va buscando la emoción colectiva.

Es parte de una generación de músicos y poetas que no se volverá a repetir. ¿Se echa en falta entre los jóvenes, los protagonistas de la canción de autor, cierto compromiso con este tiempo?

Con la música todo el mundo intenta hacerlo lo mejor posible. Toda la generación de nuevos cantautores tienen también la suerte, en cierta medida, la oportunidad que no tuvimos nosotros, que nos criamos en la calle. Ellos han podido tener profesores, a gente que les ha orientado profesionalmente, digamos en un estadio más desarrollado. El compromiso es más una cuestión que está más relacionado con la educación que uno ha recibido y con la experiencia propia. Nosotros pasamos por un tiempo en el que todo era escaso y lo más bello y excitante era prohibido, y evidentemente teníamos que reinventar nuestra parcela de libertad y emociones propias. Y estas criaturas han nacido en un estado de ánimo mucho más complaciente y sosegado, y entonces los resultados son diferentes. Conozco a muchos de ellos personalmente y se que son personas comprometidas en lo social y todo eso, pero igual no cargan las tintas en sus canciones. Yo tampoco lo hago, y si lo hago es entre líneas, pero cada uno es hijo de una época y lo que presenta y propone siempre está relacionado con la experiencia vivida.

La actualidad política y social de España en los últimos tiempos da pie a componer un puñado de canciones.

Ahora si, la cosa se ha ensombrecido. Creíamos que estábamos en una etapa de respeto a los derechos humanos, laborales, el derecho a la sanidad y a la educación, todo eso, y la cosa se ha puesto torba y siniestra, pero también creo que aunque esto esté latente las canciones siempre deben de ser piezas artísticas eminentemente. Si de pronto, entre versos, lanzas una reclamación, que no se convierta en un panfleto, sino que siga siendo arte. Estos tiempos traerán nuevas canciones y reinvindicaciones, de eso no tengo ninguna duda.

Su último disco 35º aniversario (2016) es otro homenaje coral fruto de cuatro días de conciertos con "amigos queridos, hermosas personas que la música y la vida me han ido regalando desde que empecé a componer y cantar", según sus palabras. Y la última grabación de estudio es Quédate conmigo (2013). ¿Cuál va a ser el paso discográfico siguiente de Javier Ruibal?

Estoy entrando al estudio, poniendo las estructuras, las bases de guitarra y de voz, tengo cosas que rematar, pero va encaminado. En el disco nunca sabe uno definir lo que hay. Dentro de mi propuesta, que como sabes es heterodoxa en el sonido, en la evocación de músicas de muchos lugares del mundo, con ese tinte flamenco que tira de todo lo demás, porque soy andaluz y gaditano, hay canciones variadas, algunas muy optimistas y otras que tienen un punto de pesimismo por toda la amenaza que está sufriendo el planeta, a nosotros como especie, pero es que somos nosotros lo que nos lo estamos cargando. Bueno, hay un poco de todo, y alguna de esas canciones cantaré cuando vaya ahora a Las Palmas.

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