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Entrevista

"Siempre intento dejar un poso de reflexión sobre la condición humana"

"Juego con lo malo o apestoso en mi historia, no sólo en el aspecto de salubridad, sino en el moral", señala Javier Santos

Javier Santos.

Javier Santos. LA PROVINCIA / DLP

Su novela es inquietante por el sarcasmo de la paradoja que desarrolla con el símbolo del olor...

Si resulta inquietante, me alegro. Uno de los objetivos de la historia era lograr despertar cierta inquietud en los lectores. No se trata de una búsqueda gratuita de dicha inquietud sino que en todo lo que escribo, sin renunciar a entretener y seducir al lector, siempre intento que la lectura deje un poso de reflexión sobre la condición humana en relación a temas como la dignidad moral, el amor, la muerte o la solidaridad.

De niños y adolescentes nos inculcan que hay que repudiar lo que huele mal, incluyendo a la persona. Incluso como metáfora, es un poco fuerte, ¿no cree?

Entiendo la escritura como un juego; por eso siempre he escrito, ya desde niño, jugando con el lenguaje. Con la asociación entre lo bueno y lo bienoliente y lo malo y lo apestoso, en mi historia me intereso por las consecuencias morales de dicha asociación. Lo que apesta es malo no sólo por insalubre, sino en el sentido moral. Esto se puede traspasar al panorama europeo únicamente porque en otras culturas son bien recibidas cosas que a nosotros nos apestan.

Si el maloliente es bueno, y malos los bienolientes, el mundo está al revés...

Actualmente está al revés. Me interesa cuando escribo el recurso a lo fantástico cuando funciona como una lente óptica para ver aspectos de lo real que normalmente se nos escapan. Esta inversión en esta historia es fantástica relativamente al comprobar que en el panorama social, político y económico, tanto estatal, como mundial, si te fijas, parece que la podredumbre triunfa. Determinados personajes de muy cuestionable moral son bien percibidos por multitudes que los aplauden y los imitan. Ese aspecto de lo real sirve de detonante para la historia que cuento.

Se pregunta qué pasaría si lo que huele mal es la dignidad, mientras que el buen perfume es la desvergüenza y la canallesca. ¿Es como un trampantojo de lo verdadero y lo falso?

Desde luego, en el sentido de que no es tan importante lo que es verdadero en términos morales, sino lo que estamos dispuestos a aceptar como verdades. El protagonista, un profesor de filosofía en la universidad, observa una verdad: un reputado profesor amigo suyo ha cometido un plagio del trabajo de uno de sus alumnos y va a salir impune si nuestro protagonista no lo denuncia. Pero este tiene claro que va a asumir las consecuencias aunque suponga un suicidio profesional para él. El protagonista entonces se convierte en un apestado y marginado social porque las personas a su alrededor son basura, corruptas, con el alma podrida, que son, a su vez, quienes empiezan a oler bien. Las buenas acciones empiezan a apestar. Lo que importa no es lo verdadero sino qué verdades estamos dispuestos a asumir.

Nos hace recordar El Perfume de Suskind y otros relatos famosos en los que lo perverso es lo bienoliente...

Sí, la referencia al Perfume viene inmediatamente a la memoria porque se ocupa también del olfato que es un sentido que está menos desarrollado en la literatura y en el vocabulario que otros sentidos como la vista. En la obra de Suskind aparece cierto cuestionamiento moral, pero con un enfoque distinto al mío.

También pienso en novelas de Sábato o Saramago, nacidas de una gran metáfora central.

Me gustan, precisamente, porque juegan a plantear una situación fantástica y se sirven de ella para descubrir aspectos de lo real que normalmente pasan desapercibidos. Yo, modestamente, hago algo parecido.

¿Cuáles son sus preferencias literarias?

Son muy variadas. Si bien busco inquietar al lector y hacerlo reflexionar, persigo también el entretenimiento, hacerle pasar un buen rato. En este sentido, me gustan autores de carácter más reflexivo y profundo como Tolstoi con su Ana Karenina, pero también Las Aventuras de Huckleberry Finn de Mark Twain. Y a la misma altura literaria que este último pongo a Guerra y Paz. Sí puedo señalar que tiendo más a leer a autores muertos que vivos, del siglo XIX y XX, pero no por un juicio personal sobre la literatura contemporánea. Me encantan Dumas, Paco Umbral y Valle Inclán, entre otros.

Hace un año ganó con este relato el Premio Regional de Narrativa Dolores Campos Herrero por su concepción literaria "desarrollada con una idea cerrada y bien articulada, veraz en su originalidad y con calidad narrativa". ¿Es Confidencias de un apestado su primera novela?

No, de hecho, como la mayoría de los escritores de este planeta, son más las novelas que tengo sin publicar que publicadas por la dificultad para ello. Además, sólo en los últimos años me he propuesto la tarea de hacerlo. Tengo ya publicado un álbum ilustrado infantil, Historias del país de cerca y de lejos, con el que gané el premio de Álbum Ilustrado de la Diputación de Badajoz. Un premio que nos trajo muchas alegrías a la ilustradora, Cristina Hernández Fierro y a mí. Para adultos, tengo publicado un libro muy breve, L'amour, la merde....

¿Qué cuentan sus Historias del país de cerca y de lejos ?

En esta ocasión tampoco he renunciado al planteamiento lúdico que deje un poso reflexivo. Se plantean una serie de historias que acontecen en un país imaginario donde las personas cambian cuando se les mira de cerca o de lejos. Estas situaciones se les plantean a los niños. Fue muy grato compartir la lectura con ellos.

¿Y de qué va L'amour, la merde... que parece el título de un cantautor francés?

Es un libro con el que quedé muy satisfecho. Está dirigido al público adulto. Se parte de la idea de que el amor es ciego, aunque yo siempre he asociado el amor con la visión y el conocimiento. Aristóteles y Platón señalaban que amar es conocer, lo cual está ligado a la visión. Se trata de la historia de dos niños, Gustavo y Angelina, que se conocen porque sus madres los presentan. Ambos son ciegos. Planteo aquí el acontecimiento fantástico: Cuando los dos están cerca, de pronto ven y si se apartan, no ven. Angelina es la protagonista cuya vida viene marcada por breves encuentros fortuitos en que recuperan la vista cuando, sin saberlo, están próximos uno del otro. Es una historia de amor intermitente que culmina con un encuentro final emotivo. El título lo ideé como una broma porque Gustavo es bastante rebelde y tiene una madre bastante opresora. En su primer encuentro con la niña la progenitora lo hace recitar un poema en francés y él improvisa "L'amour, la merde..." para chinchar.

Usted se pregunta qué pasaría si Donald Trump oliera cada vez mejor a más gente. ¿Tendríamos que empezar a perfumarnos?

Está claro que Donald Trump le huele muy bien a muchos americanos que le votaron, igual que nuestro presidente aquí. Rajoy podría ser cuestionable por muchos motivos. De todas formas, no es tan importante el caso de Donald Trump como el caso particular de cada uno. Mi personaje es un profesor anónimo que tiene un dilema fundamental para cualquier ser humano. Aunque sea inevitable extrapolar el dilema de la novela al terreno político, yo lo que pretendo es encajarlo en la disyuntiva moral.

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