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Sin barreras en el ámbito educativo

Alumnos trans de las Islas resaltan la importancia de formar a la sociedad para fomentar la igualdad

Marcus Peña, alumno afectado por la transfobia.

Marcus Peña, alumno afectado por la transfobia. NACHO-FOTOGRAFO.COM

Marcus Peña tiene 20 años, y es un alumno transexual que ha sufrido discriminación por su condición, en el centro educativo en el que realizó sus estudios de Educación Secundaria Obligatoria. "Cuando yo empecé la ESO, no había ninguna ley que amparara mis derechos, y mi situación era muy complicada. Los profesores tampoco colaboraban, y se negaban a llamarme por mi nombre sentido, lo que fomentaba la transfobia", expresa el joven. De hecho, "no quería ni ir a clase, porque para mí era muy desagradable que me llamaran por un nombre con el que no me identificaba y que obligaran, incluso, al resto de la clase, a no identificarme por Marcus", añade.

Peña realizó sus estudios de secundaria en el IES Arucas-Domingo Rivero, y asegura haber padecido problemas renales por no querer ir al baño de las chicas. "Los docentes no me permitían ir al baño de los chicos, y yo me negaba a hacer uso del aseo de chicas. De tanto contenerme, llegué a padecer problemas de riñón". Fue entonces cuando la madre de Peña amenazó al centro con denunciarlos. "Presentamos un informe médico, y me permitieron utilizar el baño de chicos, únicamente, en los cambios de hora. Aún así, algunos profesores continuaban llamándome la atención", cuenta.

El conflicto con los docentes fue en aumento, cuando a la hora de hacer grupos en algunas clases, obligaban al menor a ponerse con las chicas. Este momento, se convertía para Marcus Peña en una situación demasiado incómoda. Pero a pesar de sus quejas y de poner de manifiesto sus argumentos, los profesores hacían caso omiso a sus palabras.

"Yo no quería ir al centro, porque sentía que no me respetaban. No hace falta que te insulten para sentirte humillado. Solo con decirme que tenía que ponerme con las niñas, porque yo también era una de ellas, para mí era muy violento", manifiesta el afectado.

No obstante, como dato relevante, agrega que "lo más curioso es que mis compañeros me daban mucho apoyo, pero por parte del profesorado, solo contaba con el respaldo de uno".

Peña se sentía desamparado, y a la vez desorientado. Esta sensación, sumada a la complicada edad por la que estaba atravesando, provocó que se sintiera muy desconcertado con la realidad que día a día vivía en su centro de estudios. Según apunta, "no entendía porque los profesores adoptaban una actitud tan hiriente, cuando ven a una persona sufriendo por no ser reconocida".

En este sentido, indica, que la asociación Gamá jugó un papel muy importante, después de que una profesora lo expulsara a él y a varios compañeros del instituto, durante unos días, por llamarlo por su nombre sentido. "Gamá intervino y comunicó que emitiría una denuncia. Entonces el centro rectificó y pudimos volver a las aulas con total normalidad".

Los problemas para el joven concluyeron en tercero de la ESO, cuando consiguió obtener, por fin, el cambio de nombre en el DNI. "Mis padres me dieron el consentimiento con tan solo 16 años para realizar el cambio de nombre, por el acoso tan grande que me hacían muchos profesores. Entonces, empezaron a llamarme Marcus, pero en muchos casos, a regañadientes".

Pero, a pesar de que Peña contaba ya con un documento legal que acreditaba su identidad, "muchos maestros se aventuraban a decirme que en realidad me llamaban Marcus, por voluntad, no por otra cosa", cuenta indignado.

No obstante, el joven se muestra muy agradecido con el apoyo que recibió siempre por parte de sus progenitores, "porque si no, la situación que vivía hubiera sido del todo insoportable", afirma contundente. También, se muestra agradecido con los compañeros de clase con los que contaba, "porque a pesar de tener roces con algunos, nunca se negaron a llamarme Marcus. Eso nos ayuda muchísimo, porque es una señal de respeto".

Por todo lo que se ha visto obligado a vivir, es consciente de que las leyes que hoy en día apoyan a los transexuales "representan un gran avance". Y con el propósito de continuar creciendo en tolerancia, defiende la necesidad de educar a la sociedad en cuestiones relacionadas con la igualdad y con el respeto. Asimismo, se muestra satisfecho al saber que "las cosas han cambiado muchísimo en el centro en el que estudié, y han hecho director al profesor que me apoyaba".

Un problema que persiste

Otro ejemplo de alumnos discriminados por el mero hecho de ser transexuales lo pone A.R. , de tan solo 14 años de edad, y que en la actualidad estudia segundo de la ESO en un centro educativo de la Isla. Por temor a posibles represalias o consecuencias, su madre ha preferido preservar la identidad de su hija. Ha nacido en el cuerpo de un chico, pero siente que es una mujer. "Empecé con las hormonas hace mes y medio, pero lo que no entienden en el instituto es que yo no soy gay. Yo soy transexual", manifiesta la joven.

A.R. se muestra preocupada por las burlas que le hacen muchos compañeros, e indica que aún no se ha atrevido a solicitar ser reconocida en clase por su nombre sentido. "Algunos se pasan de la raya conmigo, y todavía no he querido dar el aviso para que en los listados me llamen por el nombre que yo quiero", expresa la adolescente.

Su madre reconoce que se siente bastante intranquila con la circunstancia que atraviesa su hija. "Pienso que cuando pasan estas cosas es porque el problema está en la educación que se recibe en las casas", indica.

La progenitora manifiesta que su hija ha llegado a sufrir insultos "muy fuertes y humillantes". Asegura que "es una persona muy tranquila, pero una vez fue tanta la ansiedad que sufría que le fue a pegar a un compañero, algo que jamás había hecho", y agrega que, las agresiones verbales, "se producen en los cambios de hora y en el recreo, porque en clase esto no pasa gracias al apoyo de los profesores".

Esta madre preocupada confía en que la situación se resuelva pronto gracias a las nuevas leyes que amparan los derechos del colectivo transexual, y que contribuyen a crear una mayor conciencia social. Pero, en lo que más incide es en la "necesidad de educar", para poder avanzar.

"En muchos casos, hay que empezar a educar a los padres, para después educar a los hijos", declara. En este sentido, relata que hace unos meses, la abuela de su hija acudió al centro educativo para hablar con los padres de un niño que había insultado a A.R. "Pero lo único que recibió fueron malas palabras por parte del progenitor. Por eso, considero que el principal problema de los que acosan a los alumnos transexuales radica en que sus padres no les han inculcado una correcta educación , basada en la tolerancia y en el respeto hacia los demás", garantiza.

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