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El miedo infundado a los transgénicos

El Ayuntamiento de Pamplona aprueba declarar a la ciudad como "zona libre de transgénicos"

Una pareja se informa sobre la composición de un alimento congelado en un supermercado. LP / DLP

El Ayuntamiento de Pamplona, en su Comisión de Urbanismo, acordó recientemente declarar a la ciudad navarra como" zona libre de transgénicos". Es decir, que no se podrá consumir en la ciudad ningún tipo de alimento que haya sido modificado genéticamente.

Una medida que incluye el "compromiso firme" del consistorio con "el fomento de la producción ecológica y en la apuesta por el consumo progresivo de productos de cercanía y ecológicos en los establecimientos en que el municipio tenga competencias (colegios, residencias, comedores sociales, hospitales?)".

En su declaración se contempla informar al Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente y a "otros organismos que pudieran estar interesados en sumarse a la iniciativa".

El caso es que hace mucho que se ha desmontado la sospecha de que los alimentos modificados genéticamente sean perjudiciales para la salud de los consumidores. "Desde el punto de vista nutricional son exactamente iguales que otro alimento no modificado. Un tema distinto es el aspecto ético de algunos abordajes con transgénicos que se hicieron hace algunos años en la producción agraria. Pero nutricionalmente no tengo ningún reparo en consumir alimentos transgénicos. Al final todo se digiere: todo son aminoácidos, azúcares, proteínas y grasas. El organismo no nota ninguna diferencia", explica Jesús Casabiell, coordinador de un grado universitario en Nutrición Humana y Dietética.

"No hay ningún problema con los transgénicos, pero es más, algunas iniciativas como los arroces enriquecidos en vitaminas por vía transgénica tienen un papel fundamental en la corrección de algunas deficiencias nutricionales humanas", apunta Casabiell. El experto se refiere a productos como el arroz dorado, una variedad transgénica modificada para reducir el déficit de vitamina A.

Defensa de varios Nobel

Esta variedad de arroz tiene el potencial de reducir o eliminar muchas de las muerte y enfermedades causadas por la deficiencia de esta vitamina, un grave problema de salud que causa ceguera y mortalidad infantil. Así lo recogen 131 premios Nobel de Medicina, Física y Química en una carta en la que pedían a Greenpeace y a los gobiernos de todo el mundo que abandonasen su oposición a los organismos modificados genéticamente. Según datos ofrecidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS), se estima que 250 millones de personas sufren déficit de vitamina A, y el 40% de ellos son niños menores de cinco años que residen en países en vías de desarrollo.

"La gente puede estar tranquila en cuanto al consumo de transgénicos, son alimentos equiparables a los habituales. A fin de cuentas, todo lo que comemos está modificado genéticamente. El trigo que comemos hoy no se parece en nada al que comíamos hace 10.000 años. La única diferencia es que el proceso de selección genética se hacía de forma muy lenta y ahora se puede hacer con métodos mucho más rápidos con tecnología transgénica", señala Casabiell. "Estamos comiendo alimentos modificados, nada de lo que comemos ahora se parece a lo que comían nuestros antepasados", añade.

El especialista considera que la medida tomada contra el consumo de transgénicos por el Ayuntamiento de Pamplona es "inútil" y además apunta que será complejo para la ciudad lograr que no entren en ella alimentos transgénicos. "Lo van a tener bastante complicado. No tengo las cifras, pero buena parte de la soja que se consume es transgénica ya, y lo mismo ocurre con algunos cereales", recalca Casabiell.

"Lo que está claro es que un filete de una vaca normal y uno de una vaca transgénica no tienen ninguna diferencia. Otra cosa es una vaca criada en condiciones industriales y una vaca criada con alimentación natural, eso ya es otro tema. El efecto de los transgénicos sobre la salud de los consumidores es nulo", asevera el experto.

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