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El cannabis, cada vez más juvenil

La edad media a la que se entra en contacto con esta droga desciende hasta los 14,7 años

Sucedía la pasada semana en Las Palmas de Gran Canaria. Un joven de 17 años resultaba detenido acusado de venta de drogas, tras haberle sido intervenidos un total de 632 gramos de hachís, después de que su propia madre alertara a la Policía Nacional tras encontrar varios paquetes y una balanza en su habitación. El caso no es el primero (ni, con total seguridad, será el último), pero vuelve a poner sobre la mesa un doble debate: por un lado, la prevalencia de este tipo de drogas "recreativas" dentro de los jóvenes que aún no han cumplido los 18 años y, por otro, la normativa referente a la posesión o consumo de hachís o marihuana entre los menores de edad.

En lo que respecta al consumo de las sustancias, la Encuesta sobre uso de drogas en enseñanzas secundarias en España (Estudes) concluye que el cannabis constituye la tercera sustancia más extendida (tras alcohol y tabaco) y la ilegal con mayor prevalencia entre los jóvenes de 14 a 18 años. Uno de cada cuatro jóvenes canarios admiten haber tomado cannabis en alguna ocasión, mientras que aquellos que consumieron en los últimos 30 días representan el 15,7% del alumnado de secundaria en las Islas. En ambos casos la cifra se encuentra por debajo de la media de España (29,1% y 25,4%) y ha descendido ligeramente en los últimos años; si bien la edad del primer contacto con el hachís y la marihuana también ha decrecido con respecto a estudios anteriores, situándose actualmente en 14,7 años como media.

De esta forma, la edad media de primer contacto con el cannabis ha ido descendiendo paulatinamente en los últimos años, pasando de los 15 años en 2012 (14,9 en el conjunto de España) a los 14,7 actuales. A ello se le suma que el consumo de tabaco, cannabis e hipnosedantes entre los menores de 14 a 18 años ha crecido en España en los últimos años, de 2014-2015 a 2016-2017, en un periodo en el que también ha crecido el de todas las sustancias adictivas, salvo el alcohol, la cocaína y los alucinógenos.

Uno de los principales causantes es la baja percepción de riesgo que tiene los jóvenes sobre el consumo de drogas, algo que podría ser un elemento disuasorio a la hora de hablar de sustancias psicoactivas. Sin embargo, se presentan dos inconvenientes: aunque la práctica totalidad de los estudiantes (más del 95%) creen que consumir drogas una vez por semana o más tiene graves consecuencias, cuando se aborda el consumo esporádico (alguna vez), la percepción de riesgo disminuye y se sitúa entre el 86 y el 88%, lo que indica que existe una parte de los jóvenes que no considera que el consumo puntual de estas sustancias pueda conllevar problemas.

En cuanto al cannabis, prácticamente 9 de cada 10 estudiantes en Canarias opinan que su consumo habitual puede conllevar problemas (89,5%), pero cuando se plantea el uso puntual (alguna vez) la proporción que advierte un riesgo baja al 60%. Con todo, la percepción de riesgo se encuentra más extendida en la comunidad que a nivel estatal.

Pese a ello, los últimos estudios médicos son tajantes al respecto. Una investigación del Hospital Clínico de Barcelona sugiere que la edad de inicio en el hábito condiciona cambios estructurales en un cerebro que aún está en formación. El consumo provoca al principio una mayor actividad cerebral, que comienza a degradarse rápidamente y va acompañado de una paulatina pérdida de materia gris, que acaba conllevando una disminución del coeficiente intelectual.

Ley Mordaza

En lo que respecta a aspectos legales, la conocida como Ley Mordaza entró en vigor en julio de 2015 e introdujo un gran cambio en este terreno, modificando la sanción por esta infracción desde 300 a 30.000 euros hasta una horquilla de 600 a 10.000, imponiéndose por defecto la sanción mínima en el primer castigo y manteniendo la opción de reducirla a la mitad si se abona en quince días. A los menores de edad se les ofrece, sin embargo, una posibilidad para esquivar ese pago: someterse a tratamiento, rehabilitación o actividades reeducativas. Estos cursos, que deben ser dirigidos por una entidad homologada, no suponen simplemente charlas al menor, sino que se trata de sesiones que analizan su entorno familiar y situación personal.

Así, se continúan buscando medidas encaminadas a disminuir unas cifras que no son tan preocupantes en términos absolutos como en lo relativo a la edad, dado que, aunque el cannabis y su consumo estén adquiriendo progresivamente tintes más juveniles, sus consecuencias son mucho más peligrosas de lo que en ocasiones pudiera creerse.

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