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Teatro 'U niversos paralelos'

Huérfano de hijo

De izquierda a derecha, Carmen Balagué y Malena Alterio.

De izquierda a derecha, Carmen Balagué y Malena Alterio. LP/DLP

La imborrable huella que deja la muerte de un hijo ha sido un tema recurrente en el mundo del drama, porque en ese guion vital que los padres construyen mirando al futuro no suele contemplarse siquiera la posibilidad de llegar a perder a un hijo, y sin embargo, a veces sucede.

Los desafortunados progenitores que tienen que cargar el resto de sus vidas con el dolor de esa pérdida son seres innominados, porque la mujer que pierde a su cónyuge recibe el nombre de viuda y el hijo que pierde a sus padres pasa a ser huérfano, ¿pero qué nombre se da a los padres que pierden un hijo?

El hecho de que casi todo el mundo desconozca el término que sirve para calificar a esa desafortunada persona debería hacernos comprender que es imposible expresar con palabra el dolor de una pérdida tan desgarradora.

Si eso era lo que pensaba antes de ver Universos paralelos, haber asistido a su representación me lo ha confirmado, porque ahora tengo más claro que ni un dramaturgo de la talla de David Lindsay-Abaire puede transmitir el sufrimiento de unos padres que han perdido a un hijo. Partiendo de esta premisa, estamos ante una pieza que falla en lo fundamental, aunque haya sido reconocida con el premio Pulitzer a la mejor obra dramática.

Malena Alterio y Juan Carlos Vellido interpretan fielmente a una pareja que trata de superar lo que ellos saben insuperable, y a ese dúo dramático se suma un trío de secundarios (Carmen Balagué, Ángela Cremonte e Itzan Escamilla) que añaden más leña a un fuego que sin embargo no llega a inflamar las entrañas del espectador.

¿De quién es la culpa? Fundamentalmente de que el argumento gire alrededor de un hecho inexpresable e inenarrable, porque la dirección de David Serrano de la Peña está a la altura de sus mejores obras.

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