Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Entrevista | Jesús Núñez

"El islamismo político ha venido para quedarse, no es una nube de verano"

"España está mejor preparada que nunca frente al terrorismo yihadista, pero no somos invulnerables", manifiesta el codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (Iecah)

Jesús Núñez ayer durante la entrevista en Casa África.

Jesús Núñez ayer durante la entrevista en Casa África. JOSÉ PÉREZ CURBELO

¿Daesh es el hijo que se fue de casa, que no quiere volver, y al que, además, le están saliendo las cosas de maravilla?

Efectivamente, es un hijo rebelde de Al Qaeda. Nació en su seno y dejó de subordinarse para competir por el liderazgo del yihadismo global. Es la marca que mejor se vende actualmente en este mercado, por lo que ha atraído a financiadores, simpatizantes y combatientes. Esto le ha permitido controlar territorios como el pseudo-califato en mitad de Siria y de Irak, que ya se ha desmantelado. Daesh está atravesando una etapa por la que ya pasó Al Qaeda, Boko Haram, en Nigeria, o Al- Shabab, en Somalia. Son grupos que creen que pueden crear una entidad estatal en un territorio, pero luego se dan cuenta de que les perjudica, porque cuando se anclan a un terreno son más fácilmente eliminables por una coalición internacional.

¿El libro es su grano de arena para paliar la psicosis por el terrorismo yihadista?

Más bien es el intento de corregir una visión estereotipada que presenta el terrorismo yihadista a los países occidentales, como si fuera el único riesgo que debería preocuparnos. Es una amenaza real, pero no existencial como las armas nucleares y el cambio climático, que sí ponen en peligro a la humanidad. En el año 2016 murieron en el planeta 26.000 personas por atentados terroristas, y el 80% era ciudadanía musulmana. Nosotros, aunque estamos en la lista, no somos el principal objetivo. Ninguno de esos grupos tiene capacidad para hacer colapsar España.

¿La sobredimensión de la amenaza por parte de Occidente responde a algún interés?

Nuestros gobiernos buscan crear un clima de temor para que en ese delicado equilibrio en el que nos movemos las sociedades democráticas, entre seguridad y libertad, estemos dispuestos a ceder a cambio de una tranquilidad absoluta. Pero frente a la amenaza terrorista no existe garantía al 100%. Con la generación del miedo resulta más fácil recortar derechos y libertades. La ley mordaza, en España, es un ejemplo de ello.

¿Qué opina de las acciones de España para luchar contra el terrorismo yihadista?

España está mejor preparada que nunca para hacerle frente. A partir de los atentados de Atocha el país entendió que la amenaza nos toca, y empezó a destinar recursos humanos, técnicos y presupuestarios. Pero esto no nos hace invulnerables, sobre todo porque el enfoque general sigue siendo el de seguridad, con medidas a corto plazo, policiales y militares, y dejando en un segundo plano las sociales, políticas y económicas, que más a largo plazo van dirigidas a eliminar el caldo de cultivo en el cual germina la radicalización. Tenemos individuos radicalizados que fueron educados aquí y parecían integrados. Por lo que hay fallos en las políticas de integración.

¿Funciona aquí la frase de que tenemos lo que nos merecemos?

En buena parte sí. Con Al Qaeda jugamos con fuego y nos quemamos. Cuando los soviéticos ocuparon Afganistán, EEUU, con la colaboración de Pakistán y de Arabia Saudí, puso en marcha a los muyahidín, luchadores por la libertad, lo que luego conocimos como Al Qaeda. Intentamos controlar sus regímenes políticos y con ello alimentamos un sentimiento antioccidental, y luego acabamos pagando esas consecuencias.

¿Cuál es el peor escenario que se imagina?

Por nuestra situación geográfica estamos más expuestos que otros a dinámicas globales. Vivimos en la vecindad inmediata de África, donde se registran las mayores brechas de desigualdad del planeta. Por tanto, los riesgos son más elevados. Y se incrementarán si seguimos con una represión policial del tema migratorio, con un permanente sálvese quien pueda, en el que cada país le pasa la pelota al vecino. Esto a España le puede suponer mayores problemas que a otros países. Por otro lado, se podrían también dar, dentro de España, movimientos que generen niveles de crispación entre quienes apuestan por blindarse dentro de la fortaleza europea o quienes entienden que es imposible cerrarse a un mundo globalizado. Además, seguimos siendo objetivo del terrorismo yihadista. No estamos a salvo, por mucho que estemos mejor preparados que nunca.

¿Qué posición deberíamos tomar?

La tarea se complica hasta el extremo porque, aún viendo que lo que estamos haciendo no funciona, no tenemos ninguna garantía de que otra cosa distinta sí vaya a triunfar. Aún así, España no es el peor ejemplo en la Unión Europea, aquí no hay un Frente Nacional, una Alternativa para Alemania, un Amanecer Dorado, es decir, no hay grupos xenófobos o de ultraderechas. Esto tampoco quiere decir que estemos en el paraíso, pero sí tenemos un elemento de tolerancia muy fuerte. Y sabemos que este es el camino, pero hay que insistir en tres elementos fundamentales: sistema educativo, medios de comunicación responsables y pedagogía política por parte de los gobernantes.

¿Cómo tendrían que ser las conversaciones con el islamismo político para construir un marco global positivo?

El islamismo político es la principal referencia para la inmensa mayoría de los votantes de esos países. Lo han demostrado en las urnas. Por tanto, hay que entender que no es una nube de verano, es una opción política que está aquí para quedarse porque ha ganado la simpatía de la población frente a otras opciones corruptas. Conviene, por tanto, no demonizarla, sino tenerla en consideración. Necesitamos voces islamistas con las que negociar intereses comunes, y que además condenen la violencia que se ejerce en nombre del Islam, porque mientras sea Occidente quien lo haga nos verán como neocolonialistas y neopaternalistas.

¿Existen esas voces del Islam?

Sí, otra cosa es que nos lleguen. No hay interés en presentar una imagen del Islam distinta a la de retrógrado, violento, salvaje.

¿Quiénes serían un ejemplo del islamismo político que condena el terrorismo?

No hay un amplio debate pero sí académicos y autoridades religiosas trabajan en esa línea. Y el Partido de Desarrollo, en Marruecos, o el Movimiento de Espiritualidad y Caridad, o en Túnez, han dado muestras de madurez política.

Compartir el artículo

stats