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Entrevista | Mara Novo

"El cambio climático producirá 700 millones de migrantes"

"Para que un africano viva como un americano harían falta tres planetas y medio" afirmó la experta en retos ambientales y sostenibilidad

María Novo.

María Novo. F. RAMÓN ARECES

Cuando pocos pensaban en la salud del planeta, María Novo, una mujer que disfruta con el recuerdo de su infancia feliz, se llenó de valor para defender una causa entonces poco reconocida: cuidar la naturaleza y juntar la educación y el arte en busca de un mundo mejor. Entregada ahora al estudio de los catastróficos efectos del cambio climático, Novo, doctora en Filosofía y Ciencias de la Educación, escritora y artista plástica y catedrática titular de la UNESCO en Educación Ambiental y Desarrollo Sostenible de la UNED, advierte en la Fundación Ramón Areces que el calentamiento global provocará la migración de más de 700 millones de personas, un éxodo del que responsabiliza sobre todo a los países ricos que contaminarán en los próximos 20 años tanto como en todo el siglo XX.

Dígame María, ¿cómo expresa la naturaleza su queja por lo mal que la tratamos?

Si violentamos sus ritmos y alteramos los ecosistemas, se produce un desequilibrio que nos perjudica. Pero la naturaleza sigue su curso y, pese a nuestra buena o mala conducta, nos regala infinidad de dones: sol, aire limpio, agua?

¿De qué forma estamos maltratando a la naturaleza?

Hemos extinguido miles de especies alterando la cadena trófica. Hemos destruido ecosistemas. Explotamos los bienes naturales por encima de la biocapacidad del planeta. La naturaleza es sabia y sabe recuperarse, pero no nos damos cuenta de que tiramos piedras contra nuestro propio tejado. Y no solo hemos extinguido especies animales y vegetales, también hemos acabado con muchas lenguas y culturas autóctonas, lo cual constituye igualmente un problema ambiental.

Supongo que como reyes de la creación debemos respetar la naturaleza para que sirva lo mejor posible a nuestros intereses.

No somos reyes de nada sino seres ecodependientes, ligados intrínsecamente al mundo natural, desde el aire que respiramos hasta las bacterias del intestino. A la naturaleza la tenemos que cuidar y respetar por su valor intrínseco. Es la matriz de la vida y la casa común de la familia humana.

¿Qué la condujo a escribir su tesis sobre educación ambiental?

He amado siempre a la naturaleza y quise contribuir a la causa de su cuidado mediante la educación para inculcar a los jóvenes el respeto por el planeta. Decidí entonces, en 1982, hacer esa tesis sobre algo que entonces no era conocido en España. Fui muy afortunada porque pude contribuir así al despegue de un movimiento educativo que ahora está presente en todos los lugares y niveles.

¿Cómo hemos llegado a poner en riesgo la sostenibilidad de nuestra forma de vida?

Con el advenimiento de la sociedad del consumo tras la II Guerra Mundial todo se disparó y se puede decir que la década de 1980 fue la última vez en la que la humanidad consumió recursos naturales y produjo desechos a la misma velocidad que la naturaleza podía reponerlos y regenerarlos. Desde entonces, vivimos por encima de nuestras posibilidades, desbordando los límites de la biosfera.

Así que la naturaleza no da abasto con nuestras ansias de consumo.

Exacto. Y ese consumo se incentiva sobre todo en los países ricos. Consumimos y contaminamos más de lo que la naturaleza puede asumir para que exista un equilibrio dinámico que no ponga en peligro la continuidad de muchos ecosistemas. En los primeros 20 años de este siglo vamos a consumir y contaminar tanto como en todo el siglo XX.

¿Vivimos entonces en una suicida huida hacia adelante?

El modelo de éxito occidental se basa en el beneficio inmediato de la economía y la lógica de la aceleración. Vivimos en efecto en una constante huida hacia adelante haciendo que nuestras vidas y el sistema sean insostenibles. Los desequilibrios entre grupos humanos también están aumentando. Para que un africano pueda vivir como un estadounidense harían falta tres planetas y medio.

¿Qué responsabilidad tienen China y Estados Unidos en el deterioro de la naturaleza?

China ha adoptado un modelo de crecimiento absolutamente insostenible, muy agresivo con la naturaleza. Pero no hay que olvidar que ha contado con el apoyo del empresariado europeo y estadounidense que ha deslocalizado sus empresas para llevarlas a China porque la producción es más barata, sin importarles que no haya allí el menor control laboral y ambiental. Esa codicia ha generado mucho desempleo en Europa. Por otra parte, que Trump quiera desvincularse de los Acuerdos de París sobre cambio climático nos pone en una situación muy delicada que necesita soluciones urgentes y globales.

¿Qué riesgos entraña el deshielo del Ártico?

Aparte de la subida del nivel del mar, que es un problema de enorme envergadura, se ha desestabilizado todo el ecosistema del Ártico y eso genera cambios abruptos en el clima, inundaciones, sequías prolongadas? En el Ártico han aparecido ya chimeneas de metano, que es un fenómeno mucho más dañino que el CO2.

¿Es ya un fenómeno irreversible?

En tiempos humanos, sí; en tiempos geológicos no lo sabemos. Con la subida del nivel del mar, están perdiendo territorio ya varias islas del Pacífico y muchas zonas costeras. Si seguimos así, a final de siglo podría quedar inundada una enorme franja costera, con la desaparición de playas, puertos e incluso de ciudades. Si no frenamos el calentamiento global, se producirán desplazamientos de millones de personas. Se calcula que un diez por ciento de la humanidad podría tener que buscar otro lugar para vivir y eso supone 700 millones de migrantes. El calentamiento global no es solo un fenómeno ecológico, es también social, económico y humano.

¿Qué importancia le da a la ética en la conservación ambiental?

Hemos roto los nexos morales entre el ser humano y el resto del mundo vivo y nos hemos dedicado a explotarlo sin restricciones éticas que frenen nuestra ansia de beneficios rápidos en el menor espacio de tiempo posible.

Hábleme de la dimensión educativa del desarrollo sostenible.

Ya en Brasil en 1992, en la Cumbre de Río sobre Medio Ambiente, se redactó y firmó un Tratado en el Foro Global en el que tuve ocasión de participar. En él se confirmaba el compromiso de la educación ambiental como un movimiento en favor del desarrollo sostenible. Hoy esas ideas están difundidas a escala mundial.

Poco éxito tuvieron esos acuerdos tan rimbombantes, ¿no?

Es que los compromisos no eran vinculantes y los países, guiados por una economía ciega ante la naturaleza y sin criterios éticos, han preferido seguir el camino de la destrucción de los ritmos naturales, sin hacer caso de las necesidades de los millones de personas que no tienen agua potable, sanidad, educación? El cambio climático lo han producido los países ricos y los que copiaron lo peor de su modelo, como China, pero lo van a sufrir, sobre todo, los pobres. Por eso se impone la justicia climática: que el Norte que provocó el problema contribuya al desarrollo del Sur.

¿En qué medida el desarrollo sostenible condiciona el crecimiento económico?

Una cosa es crecimiento, que es algo cuantitativo y otra, desarrollo, que es un concepto cualitativo. Tenemos que crecer en calidad y no en cantidad. Hemos crecido en cantidad sin importarnos la calidad ni la redistribución de la riqueza que ha sido desigual. El desarrollo global puede requerir crecimiento en África pero no en lugares ricos donde se puede vivir mejor con menos.

¿Cómo podemos vivir mejor con menos?

Repensando el modelo de éxito vigente, reajustando las prioridades y las decisiones que tomamos, y aprendiendo a gestionar el tiempo para que nuestras vidas no sean un ir corriendo siempre tras algo. En Occidente tenemos que modular nuestros deseos. Deseamos demasiado y lo queremos todo al momento.

¿Cuáles son las reglas de la ecología para actuar de forma correcta?

Tenemos que imitar a la naturaleza que se mueve en tiempos largos, recicla y cierra sus ciclos. El concepto de biomímesis se debe aplicar a la vida personal y a la de los colectivos. Por otro lado vamos demasiado deprisa y si no queremos "morir de éxito" es mejor salir de una vez por todas de esa lógica.

Dice usted que el ecologismo crea riqueza. ¿Me lo puede explicar?

El ecologismo defiende a la naturaleza, por lo tanto defiende la vida, que es la verdadera riqueza y la base de cualquier otra. El dinero y los bienes materiales no son lo más importante. La verdadera riqueza es tener sentido de la vida, ser rico en amigos, en tiempo libre, en salud o en amor. Siempre con unos ingresos económicos dignos, claro. Pero está demostrado que, una vez cubiertos esos mínimos, el aumento de ingresos no produce más felicidad.

¿No es una utopía su propuesta de dedicar a combatir el hambre con los 4.000 millones de dólares diarios que los gobiernos gastan en armamento?

Quizá no se pueda conseguir ahora, pero las utopías nos sirven para caminar, iluminan el camino. Federico Mayor Zaragoza lidera un movimiento que solicita que el 10 por ciento de esa cantidad se dedique ya al desarrollo sostenible. Hay que reinventar el horizonte que, hoy por hoy, está quebrado para las jóvenes generaciones. Y hay que erradicar el hambre y la miseria de un mundo que derrocha mucho en armamento, guerras y cosas superfluas.

¿Qué pretende con la confluencia de la ciencia y el arte en la iniciativa Eco-Arte?

La ciencia es imprescindible para resolver problemas ambientales como el cambio climático y para comunicar la información científica a la ciudadanía no hay mejor soporte que el arte porque es capaz de tocar las emociones de las personas a través de la fotografía, el cine, la pintura, la poesía, la música? Ciencia y arte tienen que funcionar como formas de conocimiento complementarias.

¿Cuál es su sueño, María?

Vivir en un mundo en paz con la naturaleza y también con nosotros mismos.

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