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El suicidio, una epidemia silenciosa

La tasa de personas que se quitan la vida en Canarias continúa entre las mayores de España tras casi duplicar el alza media en un último decenio trágico por la crisis

Casi diez víctimas mortales al día y una cada dos horas mantienen al suicidio como la principal causa externa de muerte en España. Durante 2016, últimos datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE), 3.569 personas (2.662 hombres y 907 mujeres) se quitaron la vida en el conjunto del Estado, 33 fallecidos menos (17 varones y 16 féminas) o una reducción del 0,9% (0,6 y 1,7%, respectivamente) frente al año anterior para romper la tendencia adversa con un bienio positivo después de cuatro ejercicios consecutivos al alza, según el informe del Observatorio del Suicidio, dependiente de la Fundación Salud Mental España, que alerta sobre una epidemia tabú pese a causar mayor mortalidad que dramas mediáticos como los accidentes de tráfico (1.890 decesos, poco más de la mitad) o la violencia machista (44 víctimas, 80 veces menos).

"Sin duda ninguna", responde el jefe del servicio de psiquiatría del Hospital Universitario de Gran Canaria Doctor Negrín, José Luis Hernández Fleta, sobre el vinculo entre el aumento de los suicidios y la recesión de la economía a partir de 2010 en España. A su juicio, "no es un problema biológico, los sujetos actuales no somos más endebles o frágiles para padecer depresión, el incremento del suicidio durante los últimos años es un problema socioambiental por una crisis económica que repercute en los ciudadanos, las condiciones en las que nos ha tocado vivir estos últimos diez años han sido mucho más adversas y ha crecido la depresión secundaria, reactiva o ambiental, atribuida a factores externos, si mejora la calidad de vida, disminuye el suicidio, es una realidad".

Además de causa principal en la reciente subida, la situación socioeconómica explica también la mayor prevalencia del suicidio en Canarias que en el conjunto de España, con una tasa media estatal del 7,46 suicidas por cada 100.000 habitantes en 2016. Según las estadísticas de defunción por causa de muerte del INE, un índice del 8,19 por 100.000 sitúa al Archipiélago como la cuarta peor comunidad autónoma, solo por detrás de Galicia (11,08), Asturias (10,89) y Murcia (8,43), a pesar del menor incremento anotado con respecto al promedio nacional.

Desde 2007, vísperas del inicio de la gran recesión, la privación voluntaria de la propia vida creció un 9,3% en España, desde las 3.263 muertes (2.463 hombres y 800 mujeres) al inicio del periodo hasta el máximo de 3.910 suicidios (2938 y 972) en 2014. Justo un ejercicio después, con 190 fallecimientos (142 varones y 48 féminas), Canarias sufrió la mayor cifra anual durante el decenio, cuando registró un aumento del 16,5% desde los 157 suicidios (122 y 35) en 2006 a los 183 (143 y 40) al final del ciclo, de acuerdo al último estudio disponible del observatorio creado por la Fundación Salud Mental España para la prevención de los trastornos mentales y el suicidio.

Para el psiquiatra Hernández Fleta, "en el 95% de los casos, las víctimas padecen un trastorno mental, hay una relación estrechísima, la depresión es la enfermedad más ligada al suicidio pero también la esquizofrenia y el trastorno límite de la personalidad, son las tres condiciones clínicas más relacionadas, aunque tampoco las únicas, el consumo excesivo de algunas drogas como el alcohol y la cocaína suponen un riesgo altísimo, hay una constelación de factores".

Sol y sanidad

Aparte de las condiciones socioeconómicas, el jefe de servicio de Hospital Doctor Negrín apunta otros factores externos como posibles motivos pero, de nuevo, "no hay una causa efecto única, son variables concurrentes".

En su opinión, "aunque no parezca importante, las horas de luz solar se relacionan con la depresión y, por tanto, con la conducta suicida, de hecho, algunas de las mayores tasas de Europa se sitúan en los países nórdicos (Finlandia, Suecia, Noruega o Dinamarca), pese a su elevado nivel de desarrollo social". Efectivamente, el Observatorio del Suicidio localiza las mayores tasas mundiales, que casi quintuplican el índice español, en Lituania (29,8 muertes por cada 100.000 habitantes), Corea del Sur (28,7) y Hungría (19,4), mientras que coloca las mejores cifras en Sudáfrica (1,2), Turquía (2,6).

"Y a las condiciones climáticas hay que sumar otra serie de datos, por ejemplo, el desarrollo o extensión de los servicios sanitarios, aunque tengo mis dudas, que podría explicar la tasa tan baja de Madrid al disponer de más hospitales o centros de salud", argumenta José Luis Hernández en alusión al índice de la autonomía capitalina (4,73 suicidios por cada 100.000 ciudadanos), segunda comunidad entre las ciudades de Melilla (2,45) y Ceuta (5,52). Enclavadas en Marruecos, las urbes autónomas cuentan "con mucha población musulmana y las religiones son un factor protector del suicidio", valora el profesional grancanario después de matizar que, aparte del tipo secundario, también existe una depresión primaria o genuina de carácter hereditario.

Según el documento de la Fundación Salud Mental, el mayor número de suicidios se produce de los 40 a los 59 años (1.404 fallecimientos en 2016, 40% del total), aunque las tasas crecen con la edad hasta marcar el máximo en la franja por encima de los 79 años (16,88 muertes por cada 100.000 habitantes). Con el paso del tiempo, el riesgo aumenta, sobre todo, entre la población masculina, que hasta multiplica por siete la tasa con respecto edades tempranas (4,98 por 100.000 entre 15 y 29 años frente a 35,32 en los octogenarios).

No obstante, el suicidio se presenta, después de los tumores, como la primera causa de muerte en la juventud española (15 a 34 años), según la misma fuente institucional. Tras advertir también que bajo otras causas externas (ahogamientos, envenenamientos, caídas u otros accidentes) pueden ocultarse muertes por suicidio, el informe de Fundación Salud Mental España aprovecha para desmonta mitos como "quien se suicida quiere matarse" ("nadie quiere morir y mucho menos matarse, quiere dejar de sufrir, nadie que es feliz se suicida"), "hablar del suicidio incita a hacerlo" ("falso: abordadas de manera adecuada se facilita la superación de las ideas suicidas") o "quien lo hace no lo dice y quien lo dice no lo hace" ("muchos suicidios están precedidos por señales de alerta, que nunca deben subestimarse").

Precisamente, "el intento de suicidio es más frecuente en la mujer joven y la consumación, en el varón mayor", resume el jefe del servicio de psiquiatría del Hospital Universitario de Gran Canaria Doctor Negrín antes de estimar la proporción global entre las víctimas masculinas y femeninas en 3 a 1, 3,6 a 1 en Canarias. Sin embargo, José Luis Hernández Fleta concluye con una alerta: "Nadie está libre, cualquier persona en cualquier momento de la vida puede sufrir eventos, o sin ellos porque existe heredabilidad alta, y deprimirse o desarrollar otro trastorno. Nadie está exento del todo". El suicidio se presenta, por tanto, como na epidemia silenciosa que amenaza a todo el mundo.

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