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Entrevista | Ángel Tristán Pimienta

"Si se hubiera respetado la LOU, las universidades serían más eficientes"

"Los consejos sociales han tenido que luchar contra desconfianzas, roces, reticencias y hasta celos" afirmó el periodista

Ángel Tristán Pimienta, en las instalaciones del Consejo Social en el Rectorado de la ULPGC.

Ángel Tristán Pimienta, en las instalaciones del Consejo Social en el Rectorado de la ULPGC. JOSÉ CARLOS GUERRA

¿Por qué se celebran en Gran Canaria, en el marco de la ULPGC, la Asamblea de la Conferencia Española de Consejos Sociales y las Jornadas sobre los retos del sistema universitario español?

Fue una propuesta que hicimos, hace tres años, desde que empecé mi mandato, y que es ahora cuando se ha podido llevar a cabo. Quisimos hacer algo serio, con nuevos temas, o con una nueva visión sobre algo que ya es un poco viejo, como es el cambio de la gobernanza universitaria. Y traer a expertos internacionales. ¿Qué es lo nuevo? Pues hablar de cuestiones tan fundamentales en el mundo globalizado como avanzar en la internacionalización, y eso, por cierto, comienza con los idiomas, darle importancia a la reputación y a los 'ranking', pues hoy con las ventajas de la movilidad, tener buena reputación es esencial, y empezar a poner como prioridad esa 'compliance' que ha lanzado en España la reforma del Código Penal que también considera a las personas jurídicas, o sea, a las corporaciones, como responsables penales. De su aplicación al mundo universitario tratará una de las ponencias.

¿Es una novedad? ¿En qué consistirá?

Mire, yo no me había dado cuenta hasta que un especialista en este tema me lo señaló la semana pasada. El Consejo Social de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria ha sido, en realidad, un pionero. 'Compliance' es un término anglosajón que viene a significar 'conformidad normativa', que todo se haga conforme a la norma, para lo que hay que establecer instrumentos de supervisión y control eficientes. Eso es lo que hemos tratado de hacer en el Consejo Social de la ULPGC, con la creación del Comité de Auditorías, hemos pasado en tres años de una quincena de actividades de fiscalización a 191 en 2017, y en lo que va de 2018 se han realizado más de 200, y en diciembre es probable que lleguemos a las 300. Y aparte están los estudios sobre eficiencia o sobre 'cuellos de botella' de determinadas asignaturas, los minuciosos exámenes sobre los presupuestos y los gastos, etc. Sí, puede decirse que nuestro Servicio de Control Interno es un embrión de 'compliance'. A veces el estricto cumplimiento de la norma produce situaciones que no nos agradan, como denunciar ciertos hechos en Fiscalía? pero, en fin, ese es nuestro trabajo y nuestra responsabilidad.

El manifiesto de Maspalomas-Canarias de la Conferen-cia tratará sobre los retos de la universidad española. ¿Cuáles dirá que son?

Desde mi punto de vista, porque aún la Asamblea tiene que aprobarlo, el reto de todos los retos, como la madre de todas las batallas, es el cambio de gobernanza en las universidades. Sin él será muy difícil ser un igual entre iguales entre las universidades europeas. Quiero decir, con parecidos instrumentos, porque en cuanto a talento, hay mucho en España que se codea con los grandes europeos de la docencia e investigación. Hay que profundizar en la internacionalización, que no consiste en que vengan muchos erasmus, sino en otros muchos aspectos: enriquecernos con docentes e investigadores de fuera, que los nuestros salgan más, aumentar nuestra reputación internacional, que la transferencia que podamos hacer de nuestros conocimientos, las patentes, sean verdaderamente mundiales?

¿Habría que cambiar la actual Ley Orgánica de Universidades?

Sí, sí, desde luego. Esto es inaplazable, aunque habrá que aplazarlo por la inestabilidad política y por la cercanía de elecciones. Fíjese usted si hay acuerdo sobre ello, que el pasado 26 de septiembre se presentó en el Congreso de los Diputados, en un multitudinario acto presidido por Ana Pastor, un documento de intenciones para un pacto suscrito por la Conferencia de Consejos Sociales, la CRUE, la CEOE, el Círculo de Empresarios, la Cámara de Comercio de España, los sindicatos, UGT, CCOO, la representación de los alumnos, ante diputados de todos los partidos, porque esta es una iniciativa que sólo puede salir con un amplio respaldo y coincidencia en lo vertebral. Pero hay estudios, como el informe Bricall de 2000, o los de Peña, en 2010, y Tarrach, en 2011, que ya hablaban de un cambio de gobernanza, un 'golpe de timón' en el gobierno de las universidades y en la aplicación práctica de la autonomía universitaria para hacer a las universidades más eficientes y competitivas.

¿Y cuál sería la clave?

Todos los informes señalan en la misma dirección. Primero, cambiar el sistema de elección de los rectores y que sean elegidos por un Consejo de Dirección, una especie de Consejo Social pero con más representación académica, aunque con un presidente externo, de tal forma que el rector tuviera más autonomía para llevar a cabo los objetivos fijados. Agilizar y flexibilizar la contratación de personal, aumentar la profesionalización de la gestión? etc. Claro que, mucho me temo que la opinión de la CRUE sea distinta en algunos extremos a la que pudieran tener los Consejos Sociales; por eso no se puede descartar una solución de 'geometría variable' un poco a la carta. Pero hay en todo esto una gran paradoja?

¿Cuál?

La actual Ley Orgánica de Universidades fue una buena Ley, muy avanzada entonces entre otras razones por el papel que dio a los Consejos Sociales y por los objetivos para alcanzar las mayores cotas de excelencia. De hecho creó un gobierno universitario compartido, la LOU lo dice claramente, la parte académica, representada por el rector, y los Consejos Sociales, trabajarán en un marco de corresponsabilidad y coparticipación con mutua lealtad institucional, y los Consejos Sociales serán dotados de los instrumentos que libremente determine cada uno para el desarrollo de sus funciones. Pero, lamentablemente, la Ley más desconocida y parcialmente incumplida de las universidades españolas, o de su mayor parte, es quizás la Ley de Universidades. Si se hubiera aplicado desde el principio en su totalidad, y si no hubiera sido sistemáticamente obstruida, las universidades españolas serían en la actualidad más eficientes, confiables, competitivas, transparentes... y más preparadas para el cambio de gobernanza.

¿Pero puede el Consejo Social ejercer su función fiscalizadora?

Con muchas dificultades?

¿Qué dificultades?

Pues de falta una clamorosa de medios, que no conseguimos aumentar a pesar de lo que establece la ley, con roces, con desconfianzas, reticencias, quizás hasta con celos que dificultan la labor del SCI o los planteamientos de mayor eficiencia que hace el Consejo? Sí, no es nada fácil desarrollar la función con plenitud. Las encuestas, las auditorías, el análisis de las asignaturas con alto índice de suspensos, las normas de progreso y permanencia, que son una consecuencia de un previo fracaso colectivo, no una causa de nada? Hay muchas dificultades prácticas para 'sobrevivir', póngalo entre comillas, cumpliendo estrictamente la norma, como pide la 'compliance', y antes de la 'compliance' lo que prometimos ante la Constitución.

¿Y en cuanto a la financiación?

Hay un reciente estudio encargado a trío por la Conferencia de Consejos Sociales, por la Fundación Conocimiento y Desarrollo (CyD) y por la Cámara de Comercio de España, hecho por un equipo internacional de expertos y que analiza la reforma de la gobernanza en seis países, Austria, Dinamarca, Finlandia, Francia, Países Bajos y Portugal, que señala la creciente importancia de la expansión de la financiación competitiva en la investigación, junto a la progresiva implantación de acuerdos por cumplimiento de objetivos en la financiación básica, vía transferencia global o de los contratos-programa. Lo que está claro es que en España los gobiernos, el de la Nación y los autonómicos, tienen que aumentar la financiación pública: cada euro invertido en las universidades tiene un retorno espectacular en desarrollo y riqueza. Como nos decía el profesor Xavier Grau en el Aula de Piedra, Singapur y Corea del Sur han demostrado que el PIB puede crecer exponencialmente si se prima la investigación con presupuestos estratégicos.

¿Cómo ve la irrupción de las universidades privadas?

Hay que verla, necesariamente, como una oportunidad para mejorar y no como una invasión alienígena, como un ataque. Se dice que hay muchos chiringuitos, y puede ser verdad, algunos habrá; pero también hay desde hace años, en Navarra, en el País Vasco, en Cataluña? universidades o escuelas de negocio con prestigio y muy solicitadas. La proliferación que estamos viviendo es consecuencia de la liberalización de este sector. Y no podemos olvidar que la competencia siempre es buena. Las universidades privadas están ocupando espacios que antes ocupaban solamente las públicas. Lo que hay que hacer es mejorar las condiciones de cada universidad para entrar en un mundo de competencia libre, y muy dura. Tienen que ser más ágiles en la respuesta a la demanda de profesionales y de unas titulaciones que se adapten a un mercado de trabajo en continua evolución, aparte de mantener las titulaciones sociales o humanistas clásicas? La contratación de profesorado e investigadores con un perfil adecuado a las mayores exigencias de calidad es también una cuestión central. Hay que fichar talento, y tener dinero para hacerlo.

¿Y si no se consigue??

En Europa la creciente necesidad de alcanzar cotas de reputación internacionales ha llevado a la fusión y reducción del número de universidades. No sé cuándo, pero esta ola también llegará a la universidad pública en España. Y las más afectadas serán sin duda las menos preparadas para la competitividad. La unión hace la fuerza y la excelencia, sobre todo en un mundo sin fronteras, y sin distancias insalvables.

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