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Entrevista | Juan Manuel Viera

"Buscamos personas que ayuden a erradicar la pobreza, no medallas"

"Siempre insisto en subrayar que lo que buscamos son corredores solidarios, no competidores", subraya el empleado de banca y corredor de fondo

Juan Manuel Viera.

Juan Manuel Viera. LP/DLP

Acaba de volver a la Fundación Vicente Ferrer tras haber realizado con éxito la hazaña de recorrer el país de norte a sur. En esta aventura, de 1.000 kilómetros, ¿qué es lo que más le ha impactado?

Sin duda alguna, la movilización de la gente. En las dos etapas, tanto en la primera que hicimos en las ciudades más pobladas como, Delhi, Bombay, Calcuta o Varanasi, y de igual manera en los cientos de pueblos que hemos pasado por el área rural, la imagen ha sido muy similar. Un revuelo de gentes alrededor nuestra, y en más de una ocasión seguidos por espontáneos deseosos de acompañarnos. Y lo más curioso era que todos nos hacían la misma pregunta: ¿por qué corren? Y nuestra respuesta, igualmente repetida, ha sido siempre por la gente de Anantapur y por la Fundación Vicente Ferrer. En el, podíamos decir, lado negativo lo más impactante haya sido ver, sobre todo en las grandes ciudades, la descomunal diferencia entre ricos y pobres. A la salida de cualquier gran hotel o restaurante, la imagen más habitual es la de cientos de personas que viven y duermen por las calles, e incluso por las rotondas. ¡Resulta espeluznante!

En este quijotesco periplo deportivo le han acompañado fieles escuderos, ¿quiénes son, y cuál ha sido su labor?

Antes eran amigos, ahora son mucho más. Sin ellos estoy convencido de que este hazaña no hubiera sido posible. Faustino León, por ejemplo, es corredor y amigo desde hace más de veinte años. Su apoyo ha sido fundamental en todo momento, especialmente en los peores. Corría siempre conmigo, para levantarme el ánimo, tanto en los primeros tramos como también en los nocturnos. En ocasiones, como podrá imaginar, había mañanas en las que apenas tenía fuerzas, e incluso apenas me sentía las piernas. También me gustaría recordar a Jaime Ramos, un productor audiovisual con amplia trayectoria. La idea, con él, estaba muy clara: visibilizar el propósito de esta carrera, que no ha sido otro sino el de promocionar la nueva edición de la Ultra maratón de Anantapur. Hemos querido hacer una llamada de atención a los medios de comunicación con un reto como este de 1.000 kilómetros. Por lo que difundir en todo momento los videos y las fotos, en las redes sociales, era una labor fundamental.

El ultra maratón de la Fundación Vicente Ferrer se ha convertido en todo un evento social, una fiesta que se celebra antes y durante la carrera.

La gentileza del pueblo indio, especialmente en el área rural, se demuestra en ocasiones como esta. Para todos ellos, nos hemos convertido en un acontecimiento social. Por ello, el recibimiento es siempre grandioso, te agasajan con lo mejor que tienen. Es una prueba de relevos, por lo que durante las dos horas que debe permanecer cada equipo en un pueblo, la música de tambores y los bailes hacen que nadie duerma. Despiden a unos y reciben a los siguientes. Esta es quizás la clave de la maratón; la movilización de miles de personas y, al mismo tiempo, el impacto que produce el intercambio cultural. Dése cuenta que vamos a convivir un equipo de 120 corredores locales e internacionales.

¿Qué diferencia hay entra esa primera carrera que lideró a la que se celebrará el próximo enero de 2019?

Principalmente que, como fue una iniciativa personal, la corrí yo solo. Después de estos tres años consecutivos, la participación de corredores ha ido en un vertiginoso ascenso. Esta nueva edición, además de consolidarse, alcanzará la categoría de internacional. Aunque lo que me gustaría destacar es que dos días antes celebramos una prueba muy especial, para mí, quizás, la más importante: Common Running Day, una carrera de dos kilómetros en relevos con la que queremos visibilizar la participación e inclusión de personas con discapacidad. El año pasado participaron más de 260 personas. La imagen de hombres y mujeres de diferentes castas corriendo juntos, algo que aquí no es nada habitual, y de corredores en triciclos y sillas de rueda fue única. Aquí lo de menos es la carrera, lo importante es, sin duda, la reivindicación por la igualdad e inclusión. Algo que es clave en la filosofía de la Fundación.

En la Fundación Vicente Ferrer, el apadrinamiento es su programa estrella, ¿en qué consiste 1km1vida?

Este proyecto nació para apoyar al apadrinamiento de niños. De una forma, tanto Jaime como yo, queríamos aunar de manera metafórica la similitud de las etapas de la vida de un niño con las partes de una carrera. En toda carrera hay una salida, que la hacíamos coincidir con el momento de iniciar un apadrinamiento; un transcurso, similar al crecimiento y madurez del niño; y finalmente la meta, que como incide en la filosofía de la Fundación es lograr la independencia de ese niño. Por ello, a cada corredor y al niño que apadrina se les entrega de manera simbólica un dorsal con la cara del niño y con el nombre del padrino o madrina.

¿Esperaba que tanta gente se sumara a la causa?

Nuestro primer reto, en 2106, se planteó de manera que por cada niño que se apadrinara en España yo corriera aquí, en India, un kilómetro. No sabíamos realmente qué iba a pasar. Yo confiaba en hacer un recorrido corto, de no más de cinco o seis kilómetros. Sorprendentemente se consiguieron 150 apadrinamientos, algo totalmente inesperado que se tradujo en el mismo número de kilómetros de carrera, además de la recogida de fondos, suficiente para la construcción de casas, entrega de bicicletas entre otras cosas. Y como broche, para que sirviera de impacto a futuras ediciones, Jaime grabó un documental titulado La carrera de sus vidas. Este año, además del apoyo al apadrinamiento, los fondos recaudados irán destinados en su totalidad a la reconstrucción de Sundaraiah, una aldea en la que viven 45 familias sin los mínimos recursos, como casas dignas, agua potable o electricidad.

Como en toda gran carrera existen momentos de flaqueza. ¿Cuáles fueron los tuyos ?

La dureza de la prueba comienza unos ocho meses antes, con los entrenamientos rutinarios. Cada día debía levantarme sobre las cinco de la mañana y correr largas distancias antes de ir al banco a trabajar. Aunque estoy acostumbrado a participar en pruebas de ultra fondo, como en Mont Blanc. Normalmente uno corre un maratón y tiene meses para reponerse. Sin embargo, en esta prueba debía hacer casi treinta maratones diarios, un reto que yo sepa no ha hecho hasta ahora nadie. Por lo que si no tuviera una gran motivación que sirviera para contrarrestar el riesgo incluso de salud al que me exponía, era un sinsentido. En mi caso he puesto el corazón y el convencimiento en la extraordinaria labor que realiza desde hace casi 50 años la Fundación. Por ello, como le he comentado antes, el apoyo de Faustino ha sido fundamental. Cada mañana él se adelantaba a correr los 10 primeros kilómetros conmigo e igualmente completaba conmigo cada una de las etapas.

Ha hecho promoción en las Islas. ¿Cómo han respondido a la llamada los corredores canarios? ¿Hay algún requisito para participar en la prueba?

Pues como sabemos. Somos un pueblo que siempre ayuda. Este año contaremos con la participación de una docena de corredores venidos de las diferentes Islas. El único requisito que exigimos es haber corrido una media maratón. Siempre insisto en subrayar que lo que buscamos son corredores solidarios, no competidores. No venimos a buscar ninguna medalla. Sino personas que sepan convivir y ser sensibles con la causa, ayudar a erradicar la pobreza en la India.

¿Creo que se lo pensó mucho antes de animarse a viajar a la India para visitar la Fundación?

Debo confesar que tanto mi familia como yo venimos de un entorno solidario. Mi madre, mi hermana y mi mujer trabajan en el área social de la administra-ción con menores, familias des- favorecidas, etcétera. Pero sí, fueron concretamente siete años de insistencia por parte del delega-do de la Fundación en Canarias, que es muy amigo mío. Cada año me venía con la cantinela de que debía unirme al viaje organizado a Anantapur para conocer de primera mano todos los proyectos. Yo nunca he dudado en colabo-rar, pero siempre le respondía con un "qué se me ha perdido a mí en la India".

¿Qué ocurrió entonces?

Curiosamente, el séptimo año, durante una comida familiar, no me diga cómo, me convenció. En esa primera visita, en 2015, coincidí con Jaime y fue aquí mismo donde comenzamos a pensar cómo podíamos ayudar de una forma más personal a la Fundación. De ahí surgió la ultra maratón Anantapur.

De la mística de la India a volver a Gran Canaria para entrar en la vorágine de una oficina bancaria, ¿cómo lo lleva? ¿Se siente un tanto como Superman, que bajo su camisa esconde una camiseta, la suya quizá con la palabra India?

[Risas] Puede ser, nunca me lo había planteado así. Reconozco que tras mi primer viaje, después de unos meses de convivir en este increíble país, he cambiado de manera radical la forma de concebir las cosas. A ser consciente de que lo que aquí consideramos como problemas importantes, en realidad no lo son, a valorar la calidad de vida que tenemos. Ah, y por otro lado, a echar mucho en falta la cordialidad, las sonrisas de la gente y el color; el color que rezuma en la India es único en el mundo. Ahora soy yo quien recomiendo visitar este increíble país.

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