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Gonzalo Suárez

"Hay que reivindicar a Malinche, gran mujer de inteligencia y valor menospreciados"

"El cine puede verse en sitios muy diferentes, y si lo ves en casa como lees un libro, mejor", afirma el cineasta

Gonzalo Suárez, el lunes en Madrid, junto a Marián Álvarez (derecha) y Ana Álvarez, en la presentación de la película.

Gonzalo Suárez, el lunes en Madrid, junto a Marián Álvarez (derecha) y Ana Álvarez, en la presentación de la película. Efe

¿Cómo nace este sueño?

No voy a remontarme a los años que llevo dando vueltas al asunto ni recordar aburridos antecedentes. Esta película en concreto nació en un bar, como El genio tranquilo nació en una playa. La de Celorio. Cuando me acerqué a Javier Blanco, que tenía una cámara, y le propuse que hiciéramos una película. Esta vez, El sueño de Malinche surgió en el mostrador de un bar cerca de casa. Allí me encontré con el músico Luis Mendo, que estaba grabando en un estudio próximo, y le dije que yo tenía algunos textos que me obsesionaban sobre la conquista de México y que quería crear una banda sonora, con voces de actores y su música. Le convencí y tardamos más de dos años. Quizá más de tres. Citábamos actrices y actores como Carmelo Gómez, Ana Álvarez, Marián Álvarez, Santiago Meléndez y Pablo Guerrero, entre otros que se prestaban desinteresadamente a colaborar. Era como empezar la casa por el tejado. La banda sonora resultaba muy sugestiva, pero yo no sabía qué hacer con ella hasta que descubrí los dibujos de Pablo Auladell, y Joaquín García Quirós se prestó a financiar de forma altruista el proyecto.

¿Qué etiqueta le colocaría?

He querido hacer una pieza para museos. Algo como el Guernica de Picasso, pero proporcionando a las imágenes voz y movimientos de cámara. Mi sentido del humor compite, en esta ocasión, con mi ambición. No pretendo equipararme a Picasso. Más bien a esos pintores impresionistas que salían con el lienzo bajo el brazo y dejaban que la pincelada diera sentido y emoción al cuadro.

¿Lo (Hernán) cortés no quita lo valiente (Moctezuma)?

En El sueño de Malinche no he pretendido juzgar, sino poner de relieve la palabra en una trágica historia contada como una fábula sin más moraleja que la de recordar tiempos en los que la vida humana no tenía valor por sí misma. Es decir, tiempos como los que esta- mos viviendo en la actualidad si nos asomamos a la ventana. Me he permitido utilizar la licen- cia poética donde predomina-ba la licencia para matar de James Bond.

¿Enlaza esta película con alguna de su filmografía?

No. Pero me remite a los años sesenta y al proyecto de Las diez de hierro. Películas libres que ni siquiera dependen de una explotación comercial tópica y que me proporcionan la libertad creativa de un cuadro o un libro. En esta ocasión, los dibujos de Pablo Auladell son el complemento ideal, y la aportación de Joaquín García Quirós, decisiva.

¿Qué cuesta más, dirigir actores o dibujos?

He dejado a Pablo Auladell la misma libertad creativa que yo reclamo y me he limitado a hacerle sugerencias reservándome el rodaje y montaje de sus dibujos. Por cierto, en el montaje he contado con la colaboración de Juanjo Reguera, un asturiano que maneja esos monstruos llamados ordenadores y, además, tiene un par de maravillosos gatos.

¿Hacer cine en España es una pesadilla hoy?

Nunca es una pesadilla, aunque tampoco sea un apacible sueño. No es fácil encontrar financiación para hacer algo diferente y sin una clara proyección comercial. Ya lo sabemos. Pero ahora se hacen más películas que nunca, aunque la mayoría ni se vean. Tampoco leemos todos los libros que se editan ni se editan todos los libros que se escriben. Yo he sido muy afortunado haciendo libros y películas y otras cosas inconfesables. Pero lo que de verdad añoro es jugar en la playa con la marea baja. Eso y rodar pe- lículas fuera de las alfombras rojas?

¿Han pasado más de diez años tras 'Oviedo Express'. ¿Han descarrilado muchos proyectos en ese tiempo?

Por lo menos dos o tres. Pero ahora voy a México con un proyecto que aquí me han rechazado. Además, presidiré la Cátedra Julio Cortázar en Guadalajara y presentaré El sueño de Malinche tras su exhibición en el Museo del Prado.

¿Cómo se posiciona en la controversia sobre Netflix, que produce películas que no llegan a las salas?

El cine puede verse en sitios muy diferentes, y si lo puedes ver en tu casa como lees un libro, mejor. Gracias a los televisores podemos recuperar películas que antes no teníamos posibilidad de volver a ver.

¿Algún libro en el horizonte?

La musa intrusa, que sale en abril, en Random House y, por supuesto, El sueño de Malinche, que la editorial La Huerta Grande ha editado con mis textos y los dibujos de Pablo Auladell.

¿Cuándo sintió por última vez que estaba viendo arte ante una pantalla?

Anteayer, viendo un reportaje sobre Velázquez en la segunda cadena. Me sobraban, esos sí, los comentarios, como cuando comentan un partido de fútbol. Con una salvedad, mi amigo Michael Robinson.

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