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Crítica | Orquesta Filarmónica

La obsesión del acento

Leonardo García Alarcón.

Leonardo García Alarcón. LP / DLP

Resulta chocante justificar un programa sinfónico por la influencia de Bach en las autores, cuando es obvio que, en los últimos tres siglos, ni un solo gran compositor ha rehuido ese influjo. Lógico sería ir directamente al catálogo bachiano si el mayor interés de Mozart y Mendelssohn estuviese en la huella del genio del Barroco. Hipótesis absurda. El director argentino Leonardo García Alarcón debutó al frente de la orquesta grancanaria con discursitos para escolares, previos a cada obra. Tal vez ignora que le han precedido en el podio los maestros más grandes de nuestra época, al frente del conjunto local y de todas las indiscutiblemente mejores orquestas del mundo. Ninguno cayó en superfluidades discursivas. Para un público cultivado, la música habla por sí sola.

La Sinfonía Júpiter, última de las de Mozart, recibió una lectura molesta. Muy ordenada justeza de ataque en respuesta leal a la claridad de la batuta, pero con acentos métricos exagerados a la manera militar. Cuadriculada y ayuna de flexiones agógicas, sin la gestión de un fraseo que la deje respirar. El aseo fue su mejor virtud, porque la noesis se comió a la poesis, como viene siendo habitual en esta plaza. Los dos movimientos centrales agobiaron menos que los extremos y emitieron matices elegantes a despecho de la omnipresente obsesión del acento.

La Quinta y última de Mendelssohn, inspirada y dedicada a la Reforma luterana, adoleció de análoga mentalidad, pero atenuada. Lo más logrado fue el tema introductorio y recurrente del bellísimo Amén de Dresde, más tarde inmortalizado por Wagner en el primer acto de Parsifal. En el Vivace pudimos disfrutar de la sutil agilidad mendelssohniana, y el Andante sonó lírico y soñador por atenuación del marcato. El formidable final (que desarrolla progresivamente el coral de Lutero Castillo fuerte es nuestro Dios) justificó el orden y la sonoridad en la exactitud del contrapunto. La pequeña plantilla orquestal, ajustada a criterios de época, sonó en numerosos momentos con volúmenes románticos. Quizás fuera ése el problema...

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