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El Papa, con una entusiasta minoría

"Jesús no nos ha elegido para que seamos los más numerosos", asegura Francisco ante la iglesia de Marruecos, país con un 98% de musulmanes

Una familia canaria ante el Papa en Marruecos

Una familia canaria ante el Papa en Marruecos

"Se portan mejor con nosotras que en España". Fermina Suárez, religiosa Hija de la Caridad, natural de San Bartolomé de Tirajana, salía de la Catedral de San Pedro de Rabat, junto a sus hermanas de congregación la burgalesa Sagrario Ortega y la palentina Rafaela del Campo, después de escuchar al papa Francisco insistir en que no hace falta hacer proselitismo; que la misión de los cristianos no está determinada por el número o espacio que ocupan sino esencialmente por "ser fermento" allí donde se encuentren. "Jesús no nos ha elegido y enviado para que seamos los más numerosos", dijo Francisco en un país donde son los católicos el 0,07%, según el Vaticano.

El papa concluyó ayer su 28 viaje apostólico con la Iglesia de Marruecos, en medio de una notable presencia de Españoles, solo 500 llegados desde Ceuta; sudamericanos, asiáticos y con una mayoría animada de subsaharianos. Más de 60 nacionalidades.

Francisco, antes de volar a Roma tras 27 horas en el reino alauí, celebró la misa en el estadio Príncipe Moulay Abdellah, de Rabat, ante 10.000 fieles, y pidió que no se caiga en el odio y en la venganza, que acaba con el alma de los pueblos. Cuando el coche de Francisco, un pequeño y utilitario Hyundai, apareció en las pantallas del Estadio fue recibido con gran entusiasmo, y banderas de España en algunos puntos del graderío. Allí aplaudían, con una camiseta amarilla de la Hermandad del Rocío de Ceuta el militar jubilado Francisco Albiñana, con pasado en Gran Canaria, y su esposa María Antonia Ruiz, ya veteranos con visitas de tres papas; también Iria Núñez, de 24 años, de Vigo, y su compañera María Rosales, de 26, soriana, becarias de la Embajada de España, e ilusionadas con el encuentro. A todos, muchos de Sudamérica, como reflejaban sus banderas, animó el Papa a "seguir haciendo crecer la cultura de la misericordia" y a ocuparse "de los pequeños y de los pobres, de los que son rechazados, abandonados e ignorados". En su homilía, leída en español, habló de la división cainita desde el Buen Samaritano:"El odio, la división y la venganza, lo único que logran es matar el alma de los pueblos".

El gobierno marroquí, tras un sábado histórico con el rey Mohamed VI y el Papa, dejó claro ayer que se ha volcado con la organización del viaje para reforzar su imagen de tolerancia religiosa, y ha estado representado en la misa por tres ministros en primera fila, entre ellos el de Asuntos Exteriores Naser Bourita. Pocos países musulmanes recibieron al Papa con la dignidad que Marruecos, comentaba Stefano María Paci, periodista de Sky que sigue al Papa. Francisco empezó el domingo con una visita a un centro rural de Servicios Sociales de las Hijas de la Caridad en Temara, en la periferia de Rabat, que no fue televisada. Así el Santo Padre homenajeó a quienes se ocupan de los más desfavorecidos sin importarles su fe. La religiosas Gloria Carrilero, María Luisa Quintana, de San Mateo, y Magdalena Mateo tuvieron tiempo de conversar en español con un relajado Francisco.

Antes del Ángelus, el Papa se había dirigió a los sacerdotes y consagrados de la Iglesia de Marruecos: 4 obispos, 15 sacerdotes diocesanos, 31 religiosos, 10 religiosos no sacerdotes y cinco entre misioneros laicos y catequistas, distribuidos en 35 parroquias. Además se unieron obispos y clero de los países vecinos, tanto africanos y subsaharianos, y de España y Francia; hasta el prefecto apostólico de El Aaiún; el Consejo Ecuménico de Iglesias; y, entre todos, el sacerdote y popular Ángel García, de Mensajeros de la Paz.

Entre las religiosas que salían entusiasmadas y animadas en su labor se encontraba también la canaria Carmen Nieves Martín, de Santa Cruz de La Palma, que trabaja en la Media Luna Roja de Larache, ciudad marroquí que no olvida su pasado español. Carmen López e Isabel Ocaña acompañaban a la monja canaria repartiendo elogios y alabanzas para el pueblo marroquí y para el progreso que ha tenido el país en los últimos años por el impulso de Mohamed VI.

El entusiasmo se relajaba, en cambio, una vez terminado el encuentro con el jesuita Bergoglio tan cercano y saludador. La mexicana Guadalupe Zúñiga, de 33 años, misionera franciscana, trabaja en la frontera de Nador y atiende a subsaharianos que están en las montañas a la espera de pasar a España para buscar una vida mejor. No lo dice pero lo piensa, que quiten las cuchillas de las vallas. "Son hermanos nuestros y sufren mucho",resumesin gran esperanza de cambios tras el paso del Papa.

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