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Estilo de vida

Vida 'slow': cómo decir adiós al estrés, la epidemia del siglo XXI

Desacelerar el ritmo del día a día, establecer prioridades y no intentar hacerlo todo son algunos de los consejos que nos ofrece la psicóloga Patricia Ramírez

El tráfico puede generar ansiedad.

El tráfico puede generar ansiedad. Shutterstock

Tic-tac, tic-tac... Las agujas del reloj se mueven constantes, pero en más de una ocasión tratamos de retrasar su velocidad para poder encajar todo lo que "tenemos" o queremos hacer en las 24 horas que tiene un día. Esclavos de la hora, tratamos de exprimir al máximo el tiempo, pero ese gesto tan común entraña el peligro de que si llegamos a convertirlo en costumbre, tiene sus consecuencias. El estrés, la ansiedad o la irritabilidad son algunas de las señales que antes o después aparecerán, con mayor o menor intensidad, y que deben hacernos parar, pensar y ponernos manos a la obra para frenar nuestro frenético ritmo de vida.

Para atajar el estrés, conocida ya como la epidemia del siglo XXI, cada vez son más las personas que se unen al 'movimiento slow', una filosofía que nos invita a disfrutar de la vida y hacer las cosas despacio y con mimo. Este estilo de vida surge "para contrarrestar el ritmo al que nos hemos sometido, en el que tratamos de compaginar el trabajo, con la casa, los niños, la familia, las amistades... Queremos llevarlo todo a la vez y se nos hace imposible y eso nos somete a un nivel de estrés que hace que estemos todo el día con una sensación de desasosiego por no llegar a todo", señala la psicóloga Patricia Ramírez.

"Cuando aparecen los problemas de atención, de tristeza, de verte superado... es entonces cuando te planteas que tienes que hacer algo, pero hasta que no tocas fondo y no tienes un problema grave de ansiedad, hasta que no tienes que ir al médico y que te de la baja, hasta que no te recetan ansiolíticos€ no le pones freno, porque nos hemos acostumbrado y hemos normalizado que ese ritmo de vida es normal, pero no lo es", subraya esta experta en psicología de la salud.

El nivel de exigencia y de competitividad del trabajo es uno de los principales focos de estrés.Shutterstock

Porque para lograr cualquier cambio, debemos ser conscientes de que tenemos un problema. "Primero hay que tomar conciencia de que estamos sobrepasados y no creernos Superwoman o Superman", indica. Llegado a ese punto, lo más aconsejable es "detener lo que estés haciendo en ese momento" y pararnos a pensar.

Niños con estrés

Pero además, el estrés es algo que transmitimos de alguna manera a las personas que nos rodean, a nuestra pareja, nuestros hijos, nuestros amigos... "En la consulta veo problemas de conducta en niños que pueden venir motivados por el estrés que imprimen los padres sobre ellos porque les tenemos saturados con tanta actividad extraescolar. Los niños ahora no tienen tiempo para aburrirse, ni para jugar, ni para ellos casi, porque van del piano al fútbol, del fútbol al inglés, luego a la catequesis y luego a aprender chino", asegura esta experta. En su opinión, en lugar de "tratar de parchear estas emociones aprendiendo meditación, lo que debemos hacer es establecer prioridades y deshacernos de actividades, porque todo no se puede hacer.

Los "ladrones" del tiempo

Y si hay algo que influye en este estado de estrés es nuestro estilo de vida. Además del tipo de trabajo que desempeñemos y el nivel de exigencia o competitividad que nos demande nuestra empresa, el ajetreo de la ciudad es el caldo de cultivo perfecto para incentivar la ansiedad. "En las grandes urbes hay muchos ladrones del tiempo", asegura Ramírez, que enumera el tráfico, los atascos o la contaminación como algunos de los factores que incrementan este estado de nerviosismo. "La gente va corriendo a todas partes, no se conoce, no se fomentan esas relaciones personales, no se paran contigo para ver cómo está tu madre o cómo le va a tu hijo en la universidad, no hay esa calidad de vida que hay en los pueblos y nos acostumbramos a ir a ese ritmo", cuenta.

La meditación y el mindfulness pueden ayudaros a combatir el estrés.Shutterstock

Incluso cuando sales a dar un paseo parece que te cuesta desacelerar el paso porque estás acostumbrado a ir corriendo entre semana. Lo paradójico es que lejos de obtener tiempo, al correr perdemos más de lo que ganamos. "Cuando tú vas corriendo a todos lados lo que ganas es estrés, no tiempo. Porque los diez minutos que tal vez puedes haber ganado al final del día por ir corriendo, los has perdido en las emociones tan desagradables que te llevas encima", explica.

El caracol es la imagen de este estilo de vida.Decálogo del movimiento slow

Consejos ofrecidos por Carl Honoré, autor de 'Elogio de la lentitud':

1. No dejes que tu agenda te gobierne. Muchas cosas que te planteas ahora son postergables. Prueba y verás.

2. Cuando estés con tu pareja, con tus hijos o con tus amigos, apaga el teléfono.

3. Tómate tiempo para comer y beber. Comer apurado genera males digestivos y si la comida es buena y está bien sazonada, no la apreciarás como se debe. Éste es uno de los placeres de la vida, no lo arruines.

4. Pasa tiempo a solas contigo mismo, en silencio. Escucha tu voz interior. Medita sobre la vida en general. No tengas miedo al silencio. Al principio te será difícil, luego notarás los beneficios.

5. No te aturdas con ruidos o veas la tele como si fueras una 'medusa petrificada'. Escucha música con calma y verás que es bellísima. No te quedes frente al televisor porque sí.

6. Escribe un ranking de prioridades. Si lo primero que escribiste es trabajo, algo anda mal, vuelve a redactarlo. El trabajo es importante y debemos hacerlo, pero medita y notarás que no es lo más importante de tu vida.

7. No creas eso de que en poco tiempo das amor. Escucha los sueños de la gente que amas, sus miedos, sus alegrías, sus fracasos, sus fantasías y problemas. Es una estupidez pensar que se puede amar una hora por día y basta con eso.

8. No creas que tu entorno puede seguir tu ritmo. Eres tú quien debe desacelerar e ir al ritmo de ellos.

9. Recuerda que la conversación y la compañía silenciosa son los medios de comunicación más antiguos que existen.

10. El virus de la prisa es una epidemia mundial. Si lo has contraído, trata de curarte.

Atención plena en el presente

Para frenar esa aceleración constante que llevamos debemos cambiar nuestros hábitos y caminar más despacio, hacer deporte, meditar, dedicar tiempo para hablar con la gente, relacionarnos, no robar horas al sueño... en definitiva, desarrollar aquellas actitudes relacionadas con "llevar una vida saludable", resume Ramírez.

"Cuando uno dedica atención plena a lo que está haciendo en ese momento, además de disfrutarlo más, descansa del cerebro multitarea y trabaja esa parte 'slow'"

Patricia Ramírez - Psicóloga

Una de las herramientas que pueden ayudarnos a desestresarnos del día a día es el 'mindfulness', una práctica de meditación que aboga por la atención plena en el presente y la toma de conciencia de lo que estamos haciendo en el momento preciso del ahora. "Que cuando estés contestando un email no estés pensando en hacer una llamada o que cuando te sientes a comer no pienses en lo que tienes pendiente de hacer. Cuando uno dedica atención plena a lo que está haciendo en ese momento, además de disfrutarlo mucho más, está descansando del cerebro multitarea y trabajando esa parte 'slow'", explica.

Aunque socialmente la lentitud se asocia normalmente a valores negativos, como la torpeza, el desinterés o el tedio, realmente llevar un ritmo acorde a nuestro metabolismo contribuye a nuestra salud mental y corporal, además de proporcionarnos múltiples beneficios. De la reflexión salen decisiones importantes que no deben tomarse por impulso; o ideas brillantes para desarrollar un proyecto, mientras que las prisas pueden hacer peligrar nuestra concentración y la calidad de la actividad que desempeñamos. Así, hay quienes ya aplican el adjetivo 'slow' a todas las áreas de su vida. Desde la comida 'slow' hasta los 'viajes slow' o los 'pueblos slow', que ponen de relieve esa necesidad de disfrutar de los placeres de la vida intensa y pausadamente, no sólo en vacaciones, sino durante todo el año.

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