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La Provincia - Diario de Las Palmas

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¿Por qué no nos aman los hombres?

Pero, qué dices, chatina, si la mujer es el objeto más bello del mundo, cómo no las vamos a amar, decía nuestro eterno galán; Yo me he acostado con más de tres mil...yo solo vivo para amar a las mujeres, presumía nuestra garganta profunda más internacional; pero si yo puedo querer a dos mujeres a la vez y no estar loco, una es el amor sagrado, madre de mis hijos y la otra la que me da cañita, recibíamos desde el otro lado del Atlántico; pero si las horas más hermosas las he pasado al lado de una dama, nos tarareaban a dúo dos magníficos ejemplares ibéricos, y ya sin comentarios; buenas noches señora, recuerdos a su señor; pero si me parió una mujer, tengo una esposa que me ha dado una hija preciosa. Mi vida está rodeada de mujeres, la respuesta generalizada ante la acusación de machista.

Vistas así las cosas, parece ser que, amarnos sí nos aman. Todo es amor y parabienes, de qué nos quejamos, porque, querernos nos quieren, pero quizá debemos cuestionarnos cómo nos quieren y sobre todo para qué nos quieren.

Claro que nos quieren como esposas, al más estilo virginal y puro, bendecidas por una firma en un papel o ante dios, madres de sus hijos e hijas, abnegadas, sufridas, pacientes, responsables del honor, la honra y equilibrio familiar, para que cuidemos su descendencia y perpetuemos su apellido, cuántos segundos, tercer o cuartos embarazos habrán existido porque el sexo femenino se muestra temoso en hacer cumplir la estadística, esa ley, que permite poner el apellido de la madre primero, que no pasa a ser más que un gesto de buena voluntad cuando la maternidad es en pareja(para no molestar, qué más da) cuántas niñas abandonadas por tener la desgracia de nacer con el sexo no deseado. Claro que nos quieren cocineras y limpiadoras, planchadoras gratis y sobre todo que sepamos coser botones, que da muchos puntos.

Claro que también nos aman como madres, faltaría más, con las mismas cualidades de sus esposas, como abstracciones idealizadas de la diosa tierra, acogedora y cocinera eterna de días de fiesta y de guardar (no hay mejores croquetas que las de mi madre). Otra cosa es cuando se habla de la madre de su esposa...la suegra no tiene ya tan buena prensa, la imagen se asemeja más a bruja; porque tiene la capacidad de ver las virtudes en el yerno que quizá también vio en su marido pero miró para otro lado. ( Para no romper la paz familiar)

Y claro que nos quieren como hijas, estudiadas, obedientes, cariñosas, sin alzar demasiado la voz, con las piernas cruzadas al sentarnos, haciendo ballet, bien peinadas y mejor vestidas, preparándolas para el gran festival de sumisión que les espera. Algunos más civilizados, las quieren bien preparadas y exitosas, independientes económicamente para que no tengan que aguantar a ningún tipo como...quién. De dónde habrán sacado la idea de que los hombres someten a las mujeres empobreciéndolas en todos los niveles; psicológico, cultural, económica e individualmente. Saben que es la clave para tenerlas a su disposición, de ahí todavía lo traumático que resulta para el hombre que la mujer gane más que él. Coser botones queda excluido de este empobrecimiento, por supuesto, esto es un símbolo de empoderamiento. Pero a pesar de ser las hijas objetos sagrados las abusan sexualmente, las exhiben en videos porno, las prostituyen. Las estadísticas de hijas abusadas por sus padres, abuelos o tíos son espeluznantes a la par que repugnantes.

Y claro que nos quieren amantes, en toda su amplitud y extensión: amantes esposas, amantes y obedientes hijas, amantes y sacrificadas madres, pero también amantes-amantes; las ocasionales, amantes de piso fijo, amantes de compañía para eventos y reuniones de trabajo, que adornan mucho,(los concursos de mises son los grandes proveedores)amantes por horas, en las cenas de Navidad de la empresa (lo que pasa en la Milla Verde queda en la Milla Verde) amantes que se convierten en esposas cuando la original envejece, se pone respondona o simplemente descubre a la otra amante, y como no, nos quieren como prostitutas, estas las desposeen incluso del calificativo amante, esas que ponen la guinda ,por llamarlo así, a una victoria de tu equipo de fútbol o salva un final de fiesta aburrido. Esas que sirven para echar una canita al aire sin el compromiso emocional y que, según los psicólogos, no tiene por qué romper una pareja si se gestiona bien, sobre todo cuando la canita la echa al aire él y la gestionamos nosotras, (el estigma del cornudo todavía está muy arraigado en nuestra sociedad). Putas de lujo, semilujo o de a pie de calle, dependiendo de lo abultado de la cartera. Ese dinero que permite violar sin que tengas que responder ante la ley. Porque eso y no otra cosa, es la prostitución. Ese privilegio que se otorgan los hombres de tener el placer asegurado, seas de la condición que seas y tengas el dinero que tengas, siempre habrá una mujer más pobre que él a la que pueda violar.

Pero, esperen un poco, que todavía tienen más amor para nosotras.

Para vender coches subidas en sus capot en certámenes automovilísticos, para incitar a entrar a los casinos, bares o casas de juego o cualquier otro objeto, para anunciar la llegada del Año Nuevo semidesnuda o desnuda completamente,(se admiten apuestas) que todo se andará, y después de esta vendrá otra y otra, pensando que hacerse rica es empoderarse y escudándose en el falso mantra de la libertad. Nos quieren también como vasijas vacías para engendrar los hijos que lleven su sangre cuando la naturaleza les ha negado esta posibilidad y deseo, que no derecho. Para que finjamos placer en las películas porno que sirvan como guía a sus parejas que también fingirán placer mientras hacen posturas de contorsionista para no ofender la hombría o para que no nos consideren estrechas y se vayan con otra, más dispuesta a fingir.

Claro que nos quieren a todas, porque todas estamos a su servicio, porque nosotras somos aquellas que ellos se reparten como decía Carole Pateman.

¿Cómo podemos decir que no nos quieren? Es más, es que no pueden vivir sin nosotras.

Pero, hay otra forma de querer; iguales: en el Tribunal Supremo, en el Constitucional en los Consejos de la OTAN, como presidentas de gobierno, en los deportes, en la cultura, en la ciencia, en el lenguaje (qué importante es que nos nombren) en los puestos directivos de las empresas. Por qué no nos quieren pagándonos lo mismo que a ellos, por qué permiten que la pobreza se sebe con nosotras, que padezcamos más paro, que seamos las primeras víctimas en las crisis, en las climáticas también, y en los conflictos bélicos. Por qué permiten que nacer niña hoy en día siga siendo una desgracia en muchos lugares del mundo. Por qué creen que las labores de cuidados nos pertenecen exclusivamente si formamos una familia, delante o detrás de dios. Por qué siguen educando de forma diferente al hermano que a la hermana. Por qué no nos quieren solteras, separadas o viudas sin que caiga sobre nosotras todo tipo de estereotipos. Por qué no nos quieren libres; para decidir sobre nuestro cuerpo, sobre nuestra sexualidad, nuestra sentimentalidad, en definitiva sobre nuestra vida, sin tutelas, como si fuéramos eternas menores de edad. En qué se amparan los hombres para que las mujeres tengamos que luchar por unos derechos que ellos ya traen de fábrica y por qué, mis queridas mujeres, son ellos los que tengan la última palabra en concedérnoslos o negárnoslos. Porque tenemos los derechos que ellos quieren que tengamos. Les basta con abolir la Democracia y con ella se irán todos ellos. Por qué no nos quieren libres para ser todo lo anterior y dejar de serlo, incluso para coser botones o dejar de coserlos.

Este año 50 mujeres (1026 desde 2003) han querido liberarse y otros tantos hombres-verdugos no las han querido libres. Muchas eran madres, todas eran hijas, otras hermanas y ni aún así han podido escapar de las garras mortales del machismo, porque quisieron dejar de estar al servicio de ellos.

Sé que muchos hombres no están dentro de esta clasificación, cada día más. Unos nunca han estado y otros han aprendido a no ser machistas, porque a esto se aprende; se puede y se debe dejar de serlo. A estos hombres que no necesitan a nadie a su servicio, que educan a sus hijos e hijas con los mismos valores, que no celebran las victorias o derrotas de sus equipos de deportes yéndose de putas, que nos consideran sus compañeras, que comparten los cuidados, que nos respetan en nuestras decisiones, aunque sea vivir sin ellos. Que quieren a sus madres aunque no cuiden a sus nietos porque se van de crucero. A estos hombres, vengan con nosotras en esta lucha, es de justicia, y sin lugar a dudas los harán más hombres y sobre todo más personas, si cabe.

Aurelia Vera Rodríguez. Concejal de Puerto del Rosario

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