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La Provincia - Diario de Las Palmas

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El pueblo de los leprosos

Unas 40 edificaciones con sanatorios, un crematorio y una iglesia de estilo franquista forman este lugar abandonado en el sur de Tenerife

El pueblo de los leprosos C.D.G.

Un conjunto de unas 40 edificaciones de gran porte y algo siniestras, que incluye sanatorios, un crematorio y una iglesia de estilo franquista, forman este pueblo abandonado en el sur de Tenerife, construido en la dictadura para acoger a todos los enfermos de lepra de España.

El viento incansable, rotundo y enrabietado azota sin piedad el entorno polvoriento, desde lejos se ven claramente las construcciones amplias, como viejos sanatorios que recuerdan años remotos y entre todas las edificaciones destaca, sobre una loma, la iglesia, coronada por dos leones grises que custodian la enorme cruz que da escalofríos y que representa un claro postulado de la arquitectura franquista.

A mediados de la década de los cuarenta, al régimen del general Franco se le ocurrió la idea de diseñar en Tenerife un pueblo en una zona apartada, alejada de otras localidades, para instalar en esas construcciones a los enfermos de lepra de toda España. El plan consistía en traerlos en barcos hasta la costa del Porís de Abona y después mantenerlos en aquel lugar, lejos de miradas, y además con el propósito de evitar que su mal siguiera propagándose. Y con esos objetivos se plantearon y llevaron a cabo la creación de este inmenso sanatorio, formado por cerca de 40 edificaciones, que incluyen la garita para los militares, casas tipo chalet, cerca de la costa, para los responsables de esta colonia, un crematorio y una iglesia con una cruz considerable, tan pasmosa, que aún hoy, cuando han pasado más de setenta años de la terminación de este pueblo, sigue provocando estremecimiento.

Llegar a este emplazamiento resulta fácil, desde el pueblo de Abades se accede simplemente cruzando un barranco a través de un sendero, y por la costa se puede llegar al recinto cruzando una pista de tierra.

A pesar del tiempo transcurrido los edificios ciertamente desvencijados mantienen una solidez inesperada. Una barrera en la puerta de acceso impide que se pueda entrar con vehículos. Un primer edifico, que probablemente hizo las veces de garita, da la bienvenida. Todas las construcciones aparecen recubiertas de distintos grafitis y de mucha basura.

Sin enfermos de lepra

Llama la atención la arquitectura de grandes dimensiones y extrema monumentalidad que diseñó Marrero Regalado, el arquitecto que realizó entre otras obras los proyectos del edificio del Cabildo de Tenerife, la Casa Cuna, el mercado de Nuestra Señora de África, y el Cine Víctor, entre otras edificaciones.

Los terrenos sobre los que se levanta este pueblo fantasma fueron adquiridos por el Gobierno en 1943 con el objetivo de internar en sanatorios a estos enfermos. Entonces se entendía que la lepra era un mal casi incurable y resultaba más recomendable mantener alejados a estas personas. Las obras continuaron a buen ritmo hasta el año 1946. Los datos que se tienen señalan que los buenos resultados que se obtenían con la aplicación a estos enfermos de antibióticos provocó una mejoría generalizada. A diferencia de lo que se recomendaba hasta entonces, ya no se requería el ingreso de estos pacientes en centros sanitarios.

A pesar de los rumores que se extendieron por la zona, la verdad es que al final ningún barco cargado con enfermos de lepra llegó hasta la costa próxima de Abades, por lo tanto, este pueblo creado para acoger a leprosos, nunca recibió a ninguno de ellos.

Uso turístico

Durante décadas posteriores, y sin ninguna otra utilidad, el llamado Sanatorio de Abades fue deteriorándose lentamente. Finalmente los terrenos serían utilizados para realizar maniobras militares y prácticas de tiro. Mandos del Ejército se instalaron en los edificios mejor conservados hasta que también abandonaron esta colonia. Aún hoy pueden encontrarse restos de alambradas, casquillos y pintadas que hacen referencia a distintas unidades militares.

En el año 2002 los terrenos se vendieron a un promotor italiano con ganas de hacer negocio con la construcción de un aparatoso complejo turístico. Los primeros proyectos estimaban levantar en este lugar apartado pero cercano a la costa casi 3.000 camas. Por otra parte, también se barajó la opción de construir un campo de golf, un complemento turístico que finalmente ha sido rechazado.

Y en este punto, el servicio de Patrimonio del Cabildo de Tenerife ha dejado claro que, sin entrar en lo que se pueda crear en ese lugar, se deben mantener las construcciones existentes debido a sus valores patrimoniales.

Esto supone que los nuevos propietarios tendrán que asumir las edificaciones que en su día realizó el arquitecto Marrero Regalado.

También desde el Gobierno de Canarias se puntualiza que en esa área se encuentran varios yacimientos arqueológicos y puntos de interés etnográficos. Además, de una zona próxima en la que crece una importante plantación de tabaiba dulce.

La idea de levantar hoteles cerca de lugares con pasados negros o dramáticos es una práctica que se realiza desde hace años y que se conoce como turismo oscuro. Muchos autores definen este tipo de tendencia como el placer que sienten y que lleva a determinadas personas a buscar lugares donde haya habido muerte, desastres o incluso atrocidades para disfrutar de sus vacaciones.

Precisamente dos alumnos de la Universidad de La Laguna, Nicolás García y Marta López realizaron un estudio de Fin de Grado sobre este pueblo del sur de Tenerife como un lugar que podría cumplir los requisitos que se esperan de estos espacios con pasado negro.

Como ocurre con los turistas que visitan la Torre de Londres, donde fue decapitada Ana Bolena, Chernóbil o el pueblo de Belchite, donde se produjo una de las batallas más despiadadas de la Guerra Civil española. Precisamente, esta localidad recibe habitualmente la visita de turistas y curiosos que se sienten atraídos por las cicatrices de este pasado.

Sin embargo, como apunta el tutor de estos alumnos, el profesor Ricardo Díaz Armas, en este caso concreto, el del pueblo cercano a Abades, "allí jamás estuvieron recluidos los enfermos de lepra, estamos planteando una historia negra que pudo ocurrir, pero que no pasó".

La única certidumbre es que esta colonia con sus casi 40 construcciones y su iglesia se mantienen. Resulta una imagen grotesca, con tintes fastuosos. Y con el paso de los años va creciendo su aureola de pueblo siniestro. Si los nuevos propietarios quieren darle a la zona un uso turístico, levantando varios hoteles, tendrán que mantener las edificaciones que en su día diseñó el arquitecto Marrero Regalado.

De momento, este enclave espoleado por el viento está sirviendo para que los fines de semana turistas y curiosos en general se pierdan por este laberinto inmenso de viejos y destartalados sanatorios, puedan recorrer con ciertos escalofríos sus pasillos angostos y sucios y hacerse innumerables selfies con los que triunfar en sus redes.

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