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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Crisis del coronavirus Vuelta a casa con emociones a distancia

Un reencuentro con besos volados

Los canarios que estudian y trabajan en la capital regresan a casa tras varias semanas confinados

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Coronavirus en Canarias | Ambiente en el aeropuerto (24/03/20)

Es propio de un aeropuerto concentrar emoción, pues es uno de los espacios en los que más despedidas y bienvenidas se producen de forma anual. En tiempos de crisis, miedo e incertidumbre es lógico que los sentimientos que se fraguan en elas terminales se incrementen considerablemente; sobre todo si aquello por lo que se teme es un virus que ha obligado a decretar el estado de alarma y el confinamiento de todos los ciudadanos del país.

Rosi Andújar es una de esas afectadas emocionalmente por la rápida extensión del coronavirus en España, aunque aclara que en su familia todos se encuentran bien. Su excitación surge al encontrarse uno de sus hijos lejos de casa en el momento en que la crisis vírica asaltó al país. El corazón exaltado, la mirada fija y las manos repiqueteando inconscientemente en su bolso, en donde guarda mascarillas, guantes y otro tipo de protecciones. La madre espera con paciencia impuesta la llegada de Christian Santana, su hijo mayor (al que hace meses que no ve), al aeropuerto de Gran Canaria.

Los vuelos de Madrid a la Isla continúan efectuándose, aunque cada vez con menor frecuencia. Tan solo ayer se produjeron dos vuelos desde la península; uno por la mañana y otro por la tarde. Andujar se acercó hasta el aeropuerto sobre las diez de la mañana para esperar a su hijo, estudiante de ingeniería de contenidos digitales que apuró hasta el último momento su regreso a la Isla. "Ha sido una angustia todos los días en los que ha estado aislado en Madrid, sobre todo porque mi hijo forma parte de la población de riesgo", expresa con el ceño fruncido y resalta que no hace mucho que sufrió la gripe A. "Estuvo ingresado con una neumonía bilateral, además de que es asmático", resalta. Tiene claro que desde el momento en que lo vea aparecer, una vez se abran las puertas que separan las cintas de recogida de equipaje con la salida al parquin, empezará a llorar y le dará "abrazos virtuales" y un par de besos volados.

Christian no tarda en aparecer, y su madre cumple con lo prometido. Las lágrimas se le saltan tímidamente de los ojos y no tarda en ofrecerle el 'kit de protección', con la máscara y los guantes. "Están tomando la temperatura al bajar del avión", explica por otro lado Santana, que manifiesta absoluta calma por la situación, aunque no deja de sorprenderse. Esta es una medida que se inició el pasado 19 de marzo, tanto en el aeropuerto de la Isla como en el resto de Canarias y por lo pronto no se ha detectado ningún contagiado por Covid-19.

"También nos hicieron rellenar un formulario durante el vuelo, aunque en Madrid no tuvimos que realizar ninguna medida extraordinaria", recuerda. Coinciden así Kanchan Lulla y Chanis, dos amigas originarias de Maspalomas pero residentes en la capital desde hace muchos años. "Estábamos un poco nerviosas, porque hasta el último momento no te dicen si se va a cancelar o no el vuelo; afortunadamente este no fue el caso", explica Lulla, que confiesa que ante la incertidumbre que ha causado el virus "preferíamos volver a casa y pasar la cuarentena con nuestras familias".

Milagros Pérez y Marcos Hernández llevaban más de un año de misión en la capital, aunque son canarios y ha sido su propia orden religiosa los que les ha mandado de vuelta a casa. Ataviados con las mascarillas llegan a la Isla con un aire apacible, "nosotros hemos vivido la alerta con tranquilidad, así como nuestros vecinos", confiesan, aunque la visión de una gran ciudad completamente desolada es poco probable que se les borre de la retina con facilidad. "Es que es algo insólito; un lugar siempre abarrotado como es Madrid, que de pronto se quede completamente vacío", reitera Lulla asombrada.

"No hay otra que quedarse en casa, esperando a que esto pase", sentencia Andujar resignada. No solo le preocupa la salud de los suyos, sino también la de sus trabajadores. Regenta una pequeña empresa especializada en construcción, uno de los sectores que no ha parado durante el estado de alarma. "Seguimos con las obras, pero mis trabajadores tienen miedo porque muchos tienen hijos o cuidan de personas mayores; está siendo muy complicado conseguir los equipos de protección necesarios o mantener las distancias de seguridad, tengo claro que desde que nos quedemos sin material se acabarán las obras", expresa convencida, temiendo también un posible ERTE. "Es difícil plantear esta medida, pero dadas las circunstancias es lo mejor para su propia seguridad; ya no es solo el riesgo, sino la fobia que está causando", concluye justo antes de salir, esperando que la crisis pase pronto y se pueda afrontar lo mejor posible.

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