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Crisis del coronavirus CORONADIARIO. DíA 14

El 'Deliziosa' errante

Un crucero de Costa aborta su circunvalación al planeta en el Índico 501 años después de la hazaña protagonizada por Elcano y Magallanes

'Costa Deliziosa'.

'Costa Deliziosa'. LP / DLP

"Estamos bien, pero no tenemos autorización para bajar a ningún puerto. Desde el centro del océano Índico, ¡gracias!, a los funcionarios y demás trabajadores que cuidan de nuestras familias y amigos en España. Seguimos la ruta prevista hasta el 26 de abril sin poder bajar a tierra"

Este es el mensaje de dos centenares de españoles que se encuentran aislados a bordo del Costa Deliziosa, un buque de 92.720 toneladas brutas que se encuentra deambulando con la esperanza de cruzar el Canal de Suez para arribar a Venecia, tras partir desde Barcelona a principios de enero para circunnavegar el planeta durante cuatro meses.

Ayer se encontraba errante esperando instrucciones pero con decidido rumbo norte a una velocidad de 15 nudos, tras avituallarse en Mauricio de carburante hasta las trancas con la esperanza de poner proa a Europa.

A bordo, y si bien no reporta ningún caso de coronavirus, pero sí con pasajeros subidos en Australia ahora en cuarentena, se han cerrado varios espacios comunes, pero se hace vida con la mayor normalidad posible con la desazón de qué encontrará el pasaje en el momento de volver a pisar tierra. Y cuándo.

Sus más de 2.700 personas a bordo, entre pasajeros y tripulantes, van exponiendo en Twitter los pormenores de una singular travesía que se realiza en el 501 aniversario de que la primera circunnavegación del Mundo, la emprendida por Magallanes desde el puerto de Sevilla con 239 marineros en cinco naves.

La primera escala de la expedición de aquella singladura histórica la hacen en Tenerife, el 26 de septiembre de 1519, para luego enfilar hasta el Río de la Plata en busca de los mares del sur.

El Costa Deliziosa, si bien hizo una escala en su cuarto día de navegación en el puerto de Santa Cruz, no replica los puertos de Magallanes, pero sí de alguna forma su derrota, con un trazado que pasa por Sudamérica, Isla de Pascua, Papeete y Bora Bora, Rarotonga, Nueva Zelanda, Australia, Papúa Nueva Guinea, Japón, Corea del Sur, Taiwán, China, Vietnam, Malasia, Sri Lanka, India, Omán y Jordania para, una vez cruzado el Canal de Suez, arribar a Grecia e Italia.

Fue entre Australia y Madagascar donde a los centenares de españoles se les tuerce la aventura, obligando a parar repostar y cambiar de planes.

Y fue justo también a finales de marzo pero de 1520 cuando Magallanes tiene el primero de una enorme cadena de tropiezos. En San Julián, Argentina, donde naufraga la nao Santiago en días de hambre, frío y conato de motín que acaban con la ejecución de su promotor y el abandono en tierra de Juan de Cartagena.

El 21 de octubre al paso por el canal de las Once Mil Vírgenes deserta la San Antonio. Una vez en el Pacífico, al que dan nombre por manso y favorable, pasan cuatro meses sin tocar tierra y con un nuevo pasajero: el escorbuto. En marzo llegan a Las Marianas, donde les roban hasta el esquife de la Trinidad, bautizando el lugar como Islas de Los Ladrones. Hasta que en abril, en Filipinas, Magallanes desembarca en Mactán y muere lanceado por los indígenas.

A la expedición ya solo le quedan dos barcos, que reciben un respiro al arribar a Borneo, agasajados por el rajá Siripada hasta que en octubre logran su objetivo: Las Molucas, donde cargan clavo, canela, jengibre y nuez moscada.

Una de las naves decide hacer el viaje de vuelta desandando el camino, pero Juan Sebastián Elcano, al mando de La Victoria, decide seguir recto para tratar de dar con el punto de origen, adentrándose en el mismo Índico que surca hoy el Deliziosa.

Cruzan Cabo de Buena Esperanza, sin apenas víveres ni agua, y ponen proa al norte, mientras fallecen de escorbuto y hambre. El 6 de septiembre de 1522 hacen su entrada en la bahía de Sanlúcar. Solo quedan 18 hombres, la demostración empírica de que la tierra es redonda, y de que cualquier tiempo pasado nunca fue necesariamente mejor.

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