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Crisis del coronavirus Un ejemplo de superación

La enfermedad también se supera en casa

Un joven diagnosticado del virus en Gran Canaria recibe el alta médica y resalta la importancia de practicar tests que permitan garantizar la eliminación de la patología

El paciente grancanario, ayer, instantes después de recibir el alta, repasando unos apuntes en su habitación. LP / DLP

Se llama Álvaro Medina -así ha pedido ser citado para proteger su anonimato- y ha sido uno de los pacientes diagnosticados de coronavirus Ayer recibió el alta médica y, desde hace una semana, permanece completamente asintomático. Sin embargo, para garantizar su curación y evitar posibles riesgos, debe seguir en cuarentena, al menos, siete días más. "Estoy muy contento, pero, al mismo tiempo, vivo un momento de incertidumbre. Considero que es fundamental la realización de un test que demuestre que el virus ha sido eliminado", reivindica este joven de 19 años desde la habitación de su casa, un hogar que comparte con sus padres y su hermano, que, a pesar de no estar contagiados, cumplen la misma medida preventiva. "Estoy muy satisfecho con el seguimiento médico, pero siento que Sanidad falla en no disponer de material suficiente para hacer estas comprobaciones. Sin duda, nos darían más tranquilidad", agrega Medina.

Fue precisamente la problemática causada por el brote en Madrid lo que impulsó a este estudiante de Derecho de una universidad madrileña a tomar un vuelo con destino a Gran Canaria la noche del pasado 10 de marzo. El objetivo no era otro sino reunirse con su familia para no estar solo en la ciudad. A pesar de no presentar sintomatología ni de haber mantenido contacto con personas afectadas, tuvo muy presente que procedía de una zona de riesgo y tomó todas las precauciones necesarias antes de subir al avión. "Me puse guantes, mascarilla y mantuve una distancia prudente con la gente. Mi madre me vino a buscar al aeropuerto y ni siquiera nos saludamos con un beso. Me sentía bien, pero prefería cumplir con el protocolo", asegura.

Evolución

Pero el contexto cambió al día siguiente, cuando salió a cenar fuera con su hermano y comenzó a experimentar ligeros golpes de tos, acompañados de dolor de cabeza y garganta. "Enseguida se lo comuniqué a mis padres y me tomé un paracetamol. Lo peor vino el jueves 12, cuando empecé a presentar fiebre muy alta, vómitos y una sensación general de malestar", desvela.

Los síntomas persistían y la fiebre llegó a alcanzar, incluso, los 40 grados. A esto se le sumó la pérdida del gusto y del olfato, además de pequeñas dificultades para respirar. Por fin, el sábado, se le práctico el test PCR en el Hospital Universitario Insular de Gran Canaria. "Me metieron en una sala aislada y me realizaron la prueba. Me fui para casa y esa noche apenas dormí, ya que estaba muy nervioso", confiesa. Finalmente, el domingo 15, supo que había dado positivo en la prueba. "Llamaron por teléfono y me dijeron que tenía coronavirus. En ese momento, tuve miedo al rechazo social", afirma el paciente grancanario.

No obstante, no dudó en ponerse en contacto con su círculo de amistades para comunicarles la noticia. El primero en saberlo fue el compañero con el que comparte habitación en el colegio mayor en el que reside en la capital estatal. "Cuando les dije lo que ocurría, enseguida se movilizaron para avisar a sus familiares y prepararon el aislamiento. Yo me sentía muy extraño", señala Medina. Para después añadir: "Lo mejor es que me han apoyado y que ninguno de ellos presenta la enfermedad".

Mejoría

De acuerdo a sus palabras, su cuadro clínico experimentó una notable mejoría a partir del pasado 16 de marzo, cuando la fiebre remitió junto con el resto de síntomas, a excepción de la tos y del dolor de garganta, que desaparecieron dos días más tarde. "Me empecé a encontrar muchísimo mejor", detalla. "Ahora mismo me siento bien", prosigue el joven, "y ya puedo decir que me encuentro con energía para estudiar".

A su juicio, lo más complicado de esta patología no solo pasa por el malestar y las complicaciones que pueda ocasionar a los aquejados, también por el "cansancio mental" que llega a producir. "He llevado y sigo llevando muy mal el hecho de estar aislado. Llevo tres semanas en la Isla y no he hecho vida con mi familia. Es horroroso tener que permanecer encerrado en un cuarto, comer solo y no poder ir ni siquiera al salón para hacer un poco de vida en común", valora el estudiante de Derecho.

Fuera de zonas comunes

Y es que su rutina se redujo a ese pequeño espacio, prácticamente, desde su llegada a la Isla. Además, sus padres habilitaron un baño de uso exclusivo para el afectado, que debe encargarse de limpiar y desinfectar cada día. "No puedo estar en contacto con las zonas que utiliza mi familia. La comida me la dejan en la puerta y la ropa sucia la pongo en bolsas de plástico para que la laven aparte", sostiene el joven.

Cabe resaltar que Medina también contrajo la gripe A en la pandemia causada por el virus en 2009. De hecho, garantiza haberlo pasado "mucho peor" que con el nuevo coronavirus. "Con la gripe A, la fiebre pasaba de 40, deliraba y me duró más días. La verdad es que me dio muy fuerte y tengo peores recuerdos", expresa con contundencia.

Asimismo, tacha de "excelente" la atención sanitaria recibida, pues le ha permitido sentirse supervisado en todo momento. "Los profesionales han estado muy pendientes de nosotros. Todos los días una enfermera llamaba a cada miembro de la familia para valorar nuestra situación, mientras que por la tarde se ponía en contacto con mi padre un médico", comenta.

Teniendo en cuenta su experiencia, valora como "muy positiva" la orden de confinamiento adoptada por el Gobierno nacional para frenar la propagación de este agente patógeno. Si bien es cierto que considera que debería haberse decretado antes. "No tendrían que haber permitido la celebración de fiestas como los Carnavales de Santa Cruz de Tenerife o de Las Palmas de Gran Canaria, ni la manifestación del 8M, entre otras actividades. Esto nos hubiera permitido reducir el número de casos, pero ahora ya no se puede mirar atrás", aprecia el paciente. Fiel a su criterio, la situación "hay que tomarla muy en serio" y se debe evitar salir a la calle sin necesidad, "para poder proteger, sobre todo, a la población de riesgo".

Por su parte J. M. y Eva Rodríguez, los padres de este joven -también han querido hacer uso de una identidad ficticia-, aseguran que su vida cambió radicalmente desde el momento en que conocieron el diagnóstico de su hijo. "Tenemos vecinos y familiares que, desde entonces, nos ayudan con las compras y a darle los paseos a nuestro perro. Gracias a ellos podemos salir adelante", manifiesta J. M.

Siguiendo esta línea, y según el testimonio de este sanitario de 59 años, cuando se enteró del diagnóstico de su hijo no sintió temor. "Es cierto que cuando empezó con fiebre alta y vómitos me asusté muchísimo. Después me lo tomé con más calma porque es un chico joven que no forma parte de la población más vulnerable", resalta.

No obstante, la otra cara de la moneda la pone Rodríguez, quien ha vivido la situación con mayor nerviosismo. "Me he sentido muy impotente al ver a mi hijo tan mal y no poder estar a su lado. Estaba muy aturdido y no he podido ayudarlo como me hubiera gustado, pero es imprescindible que no nos acerquemos para no infectarnos", expresa esta docente de 55 años. "Este problema de salud me ha permitido comprobar que el desconocimiento que se tiene de él va de la mano de un gran rechazo", añade.

Afortunadamente, el panorama en este hogar capitalino refleja ahora una situación más esperanzadora. Sin embargo, tal como indican los progenitores, "aún debemos estar alerta y, si se produce alguna alteración, tendremos que comunicarla a los profesionales correspondientes".

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