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CRISIS DEL CORONAVIRUS

Los héroes de esta lucha

LA PROVINCIA/DLP rinde homenaje al personal sanitario de las islas que batalla en primera línea contra la pandemia del coronavirus, contra el miedo al contagio y la presión del día a día

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Coronavirus en Canarias | Algunos de los héroes de la lucha contra el coronavirus

Miles de ciudadanos rinden cada día un homenaje a los trabajadores sanitarios que llevan semanas volcados en la atención y cuidados de los enfermos por coronavirus. Salir a las ventanas a las 19.00 horas para aplaudirles se ha convertido en un ritual por el que se asoma gran parte de la población para insuflar ánimo y fuerza a todas las personas que trabajan en los hospitales, centros de salud y en los servicios de atención domiciliaria, luchando contra el virus y el miedo del propio contagio.

A través de un grupos de profesionales canarios que trabajan en las Islas o en otras comunidades autónomas como Madrid o Barcelona, nos unimos al homenaje de los verdaderos héroes de esta batalla denominada Covid-19, dando a conocer su labor y experiencia en la crisis sanitaria.

Es el caso de José Luis Pérez, enfermero de 28 años, natural de Gáldar. Lleva un año ejerciendo en el Servicio de Urgencias del Hospital Universitario Puerta de Hierro en Madrid, y actualmente se encuentra en primera línea de batalla contra el coronavirus. Hace unas semanas le trasladaron a una planta de pacientes aislados por Covid-19. "Estamos rozando el límite de nuestras posibilidades. Donde antes atendíamos a un paciente ahora hay dos en la misma habitación, y nos faltan equipos. Como ejemplo señala que la mascarilla que deben desechar después de cada turno, están prolongando su uso una semana.

Vive el momento con las sombras del temor al contagio por no disponer del suficiente material de protección y de enfrentarse a un enfermedad desconocida; pero también con las luces que le proporciona la fuerza y la unión de todos sus compañeros en el hospital. "Esto no se nos va a olvidar a nadie, ni a los que llevan 30 años de profesión ni a los compañeros de cuarto año de carrera que se están incorporando. Yo me quito el sombrero por mi gremio, lidiamos con una situación que nos queda grande".

Diagnóstico

Carlos González, enfermero de 27 años, de Las Palmas de Gran Canaria, trabaja desde hace casi tres años en Madrid, en el Hospital Universitario de Fuenlabrada. Hace dos semanas fue asignado a la planta de los pacientes ingresados por otras patologías que no son el Covid-19, para que el resto del hospital tenga hueco para los de coronavirus. "En el último turno tenía 32 pacientes, cuando lo normal son 20 o 22 entre dos compañeros. Llevamos de todas las especialidades, desde psiquiatría hasta traumatología, cirugía...".

Aunque no atiende directamente a pacientes con Covid-19, considera que la falta de test diagnósticos para el personal y los pacientes hace que las dudas sobre quién puede estar contagiado siempre planee sobre sus cabezas. Define la actual situación como un máster "super acelerado" de enfermedades infecciosas. "No sabemos cómo va a estar esto dentro de dos semanas, si nos reubicarán en otro lado. Estamos todos tirando del carro, dosificando las fuerzas y pensando ya en dentro de dos semanas".

Silvia Sánchez es de Las Palmas de Gran Canaria, tiene 22 años y le quedan dos meses para terminar la carrera de Enfermería, pero ya le han hecho su primer contrato en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid, para sumarse a la asistencia sanitaria contra el Covid-19. "Es un poco chocante, yo esperaba graduarme en mayo, me quedaban dos meses de prácticas. Lo más fuerte es que llevaba cuatro años soñando con mi primer contrato, nunca pensé que fuese así". Silvia afronta el reto con mucho respeto, pero también con ilusión. "Me han contado que hay enfermeras que cuando han visto llegar a los alumnos voluntarios al hospital se han puesto a llorar, de lo agotadas que están. Mi compañera de piso empezó a trabajar hace unas semanas y ya lleva pacientes sola, como si fuera enfermera titular".

Aunque es consciente de que le falta experiencia, se ve capacitada para afrontar esta situación. "Es una oportunidad para crecer personal y profesionalmente. Nos necesitan ya y aquí estamos".

Rayos X

Antonio José Quesada , de Gáldar, es ingeniero de Servicio de Equipos de rayos X. Trabaja desde hace cinco años en Madrid en la empresa Radiología S.A., y esta semana ha formado parte del grupo de ingenieros que ha instalado en Ifema los equipos de radiodiagnóstico necesarios para atender a los pacientes ingresados en el recinto ferial de Madrid. "En 48 horas hemos tenido que instalar dos salas de rayos X entre cuatro compañeros, por lo general solemos tardar una semana y esto ha sido en tiempo récord". La experiencia la vive con estrés "como la mayoría de los que están allí metidos", pero también contento por poner su granito de arena para ayudar en esta crisis. "Estamos orgullosos del trabajo que hacemos y esforzándonos todo lo que podemos por echar una mano", señaló.

Pino González, enfermera de 39 años, de Las Palmas de Gran Canaria, lleva desde los 21 años como cooperante. Ha intervenido en emergencias internacionales de carácter humanitario -terremotos, epidemias de cólera, ébola, conflictos bélicos-, en más de 19 países, lo que le ha llevado a coordinar en Gran Canaria la atención al domicilio por el Covid-19 que se desarrolla desde la Gerencia de Atención Primaria. El dispositivo, que lleva funcionando dos semanas, ya ha realizado unas 600 intervenciones en toda la isla. Recogen muestras en los domicilios para hacer el test de coronavirus y las trasladan a los laboratorios de los hospitales; además de hacer un seguimiento diario a los pacientes que han dado positivo y de los contactos estrechos de esas personas y sus convivientes.

"Es gratificante prestar esa atención, tanto protegiendo a la población como a nuestros compañeros de los centros sanitarios y los hospitales. Es un trabajo duro y hay que moverse por toda la isla, pero estamos convencidos de que esta estrategia está dando sus resultados, el número de casos en Gran Canaria está controlado por el momento, y eso tiene que ver con que la población respete las medidas de confinamiento y con la estrategia de evitar que pacientes con sintomatología salgan de casa".

Abián Montesdeoca, pediatra de Atención Primaria, de 43 años y de Las Palmas de Gran Canaria, también forma parte del equipo de atención domiciliaria que coordina Pino González. "A veces me siento como si estuviésemos haciendo cooperación en nuestra tierra. Este dispositivo tiene ese esquema y lo mejor es lo bien montado que está, lo serio y riguroso que es, porque las personas que lo han ideado y desarrollado tienen experiencia en sitios como en Sierra Leona con el ébola y han trasladado esa forma de trabajar aquí, lo cual es muy acertado". También señaló que la población se está comportando de manera ejemplar en Gran Canaria. "Casi todas las consultas se resuelven por teléfono, y eso es gracias a la colaboración y el temple de los padres. Ojalá cuando pase esta emergencia esta cordura se mantenga para que podamos trabajar mejor y contribuir entre todos a la sostenibilidad del sistema".

Asimismo, Victoria Deudero, enfermera grancanaria especialista en Salud Mental, trabaja actualmente en el Hospital Universitario de La Princesa, en Madrid, donde la semana pasada fue trasladada a una planta hospitalaria creada ex profeso para el abordaje de casos de Covid-19, sin apenas margen para la asimilación. "Casi todo el personal destinado a esta planta procedemos del área de Psiquiatría, así que la mayoría no tratábamos con la parte más orgánica de la medicina desde que acabamos la carrera", explica Deudero, quien señala que "todos estamos un poco temerosos por la inseguridad que da haber estado tanto tiempo en la parte extrahospitalaria".

En esta línea, la enfermera subraya que "el ritmo es muy acelerado y los propios síntomas de la enfermedad van cambiando muy rápido". Aunque en un principio han contado con el suministro de EPIs en su centro, "en algún momento, la única protección que hemos tenido han sido chubasqueros de plástico de los chinos", indica. "El personal sanitario está haciendo todo lo que puede, pero la situación es muy dura", concluye Deudero, "estamos jugándonos la salud y el físico, y la tensión es agotadora, pero esto es lo que nos toca".

Por su parte, el médico grancanario Jorge Hernández trabaja en la sección de radiología intervencionista en el Hospital de Sant Pau, en Barcelona, donde la plantilla para Urgencias no Covid-19 ya ha sido reducida a la mitad. "Y cada vez seremos menos porque nos reclutan para las plantas de coronavirus, que ya tienen nombre propio", apunta el médico.

"Los ictus y los sangrados siguen existiendo pero somos muchas menos personas para atenderlos", explica. "Además, irónicamente, la mayoría de estos pacientes también son positivos por coronavirus hoy en día y algunos están muy sintomáticos, con neumonías activas mientras los intervenimos en quirófano".

En cuanto a los protocolos de aislamiento, traslados e indumentaria admite que "son nuevos para todo el mundo, vamos un poco perdidos y se saltan pasos". "Pero sí se ve una gran predisposición y colaboración entre todo el personal sanitario. Incluso quienes no están de guardia y están en sus casas siguen pendientes del móvil y dando soporte a través de redes en grupos multitudinarios de consultas vía WhatsApp", revela. "Por tanto, no estás solo, aunque a veces da miedo pasar todo esto tan lejos de casa y de los tuyos".

Para Lidia Zurita, enfermera en la UCI en el Hospital Universitario Insular de Gran Canaria, el aislamiento de su unidad les permite "conservar cierta tranquilidad" con respecto al resto del hospital, "aunque en determinados momentos ha cundido el pánico". "Sobre todo, los momentos de tensión han tenido que ver con la escasez de equipos de protección, aunque hasta ahora no ha faltado material en nuestros servicios y estamos protegidos", explica. La enfermera destaca que, ante esta crisis, "cada día vamos aprendiendo y cambiando". "Todos los días salen protocolos nuevos, así que nos dan charlas continuamente y vamos corrigiendo errores todos los días", concluye.

Luego, Mónica Argüeso, médica intensivista en la misma unidad, declara que "en este tiempo ya hemos pasado por varias etapas". "Ante el Covid-19, todos los días hay cambios, desde el diagnóstico o tratamiento hasta la evolución de los enfermos, lo cual es comprensible porque es una patología muy nueva", expone. "Pero el personal se siente inseguro porque se cambia de escenario y de normas según las necesidades. Además, nos preocupa nuestra seguridad en cuanto a los EPIs porque hay que adaptarse no a lo necesario sino a lo que existe, lo que nos expone al riesgo de contagio o de vernos sobrepasados".

A un ritmo vertiginoso de nuevos ingresos cada día, la médica señala que "seguimos al pie del cañón y, aunque es duro, no hemos empezado aún con el verdadero estrés". "A nivel moral y psicológico, lo que me asusta es que no tengamos recursos para tratar a los pacientes", señala. "El otro día alguien me preguntó por el momento más duro de mi carrera y no se me ocurrió nada concreto, pero ahora creo que probablemente este sea uno de los mayores retos a los que la mayoría del personal sanitario se haya enfrentado en nuestra vida profesional".

También afronta uno de sus mayores retos el Centro Sociosanitario El Pino, dirigido por el neuropsicólogo Alejandro López, quien se anticipó a todas las medidas nacionales para proteger a los usuarios y trabajadores de este centro referente en la atención a personas de alta dependencia.

"La semana anterior al estado de alarma yo ya había limitado las visitas y anulado todos los actos que supusieran concentración de personas", indica el director. "Luego, ya puse a El Pino en aislamiento, lo que significa que tenemos todas las plantas sectorizadas y el personal asignado a un sector no puede ir al otro. También he limitado el tránsito de trabajadores entre plantas y una parte de la plantilla está teletrabajando desde casa, que son 47 trabajadores".

Esta aplicación de medidas "a rajatabla" se traduce en que El Pino ha registrado un único caso positivo por coronavirus, ante el que se logró contener con éxito su propagación. "El daño ha sido mínimo", afirma López. "Mi primera prioridad es evitar los contagios y minimizar los riesgos; la segunda, preservar la seguridad de los usuarios; y la tercera, garantizar el bienestar". El equipo realiza rondas de supervisión diarias a usuarios y trabajadores, toda vez que se ha creado un comité de coordinación de la emergencia, conformado por el director, el equipo médico y la coordinadora de enfermería, para revisar todos los casos del centro con el fin de detectar la más mínima infección respiratoria, aislarla y solicitar la prueba del Covid-19. También se ha generado un programa especial de atención a las familias a distancia, entre otras medidas. "El mayor reto, más que el aislamiento o la sectorización en sí, es seguir funcionando con 47 personas en sus casas, pero contamos con un buen equipo sanitario y, con mucho trabajo y constancia, seguimos adelante, con tensión, pero sin miedo, porque nos debemos al colectivo más vulberable de la sociedad", concluye el director.

Javier Cáceres es celador y trabaja en el Hospital Universitario Materno-Infantil de Canarias desde hace 26 años. En su caso, lleva desde el inicio de esta crisis sanitaria desarrollando sus funciones en la planta 8 del centro, la primera que se habilitó en este complejo sanitario para tratar a los pacientes aquejados de la afección. "La mayoría, hemos escogido voluntariamente este servicio por vocación", anota.

No teme contraer la enfermedad al sentirse protegido con los materiales que se les facilita al personal para eludir el contagio. "Contamos con vestimentas y mascarillas para poder atender a los pacientes con seguridad. Estamos trabajando con los mimbres que tenemos y hay que sacar el mayor provecho posible, por lo que los problemas de suministro de los que se hablan deberían ser tratados una vez acabe este conflicto", apostilla. Según relata, el día a día es "muy duro", pues muchas veces es inevitable evitar el fallecimiento de personas de edad avanzada, que en ocasiones, sufren patologías previas.

"Estamos hablando de una generación a la que además le ha tocado vivir el final de la Guerra Civil y encima tienen que morir ahora en soledad por no poder estar acompañados de su familia", lamenta, y agrega que lo más complicado "es la ausencia de una terapia que permita salvar más vidas". No obstante, se muestra contundente al asegurar que esta experiencia debe servir como aprendizaje y aboga por unir fuerzas para que esta pandemia pueda erradicarse lo antes posible. "Lo que nos interesa es que esto acabe pronto. Estamos esforzándonos muchísimo para salvar vidas y que los enfermos se sientan bien atendidos. Ahora, tenemos que evitar entre todos que esta curva siga subiendo", sentencia.

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