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CRISIS DEL CORONAVIRUS Solidaridad contra la pandemia

Sanitarios que cuidan a sanitarios

Un equipo de psiquiatras, enfermeros y una psicóloga clínica presta apoyo emocional a sus compañeros en el Hospital Doctor Negrín a través de un programa de intervención adaptado

Una de las sesiones con el personal sanitario en el Hospital Universitario de Gran Canaria Doctor Negrín.

Una de las sesiones con el personal sanitario en el Hospital Universitario de Gran Canaria Doctor Negrín. LP / DLP

La heroicidad del personal sanitario que batalla en primera línea contra el coronavirus se debe precisamente a su humanidad, ya que los profesionales vuelcan sus conocimientos en una lucha contra la incertidumbre que planea sobre una patología nueva y, además, se enfrentan a las variaciones continuas de datos, protocolos y tratamientos con un margen estrechísimo de asimilación. Y en este plano entra, de nuevo, el personal sanitario: un equipo médico de especialistas en salud mental que presta apoyo emocional a sus compañeros de forma desinteresada en los intervalos entre los turnos y guardias de cada servicio.

En concreto, el Hospital Universitario de Gran Canaria Doctor Negrín cuenta con un equipo de cinco especialistas, conformado por dos psiquiatras, dos enfermeros y una psicóloga clínica, que lideran un programa de intervención con profesionales de distintos servicios hospitalarios. Su dinámica sigue las líneas vertebrales del macrosistema de asistencia a sanitarios estructurado en Madrid, pero adaptado a la realidad y las necesidades específicas del hospital grancanario.

La iniciativa se gestó al mismo tiempo que los primeros aplausos a sanitarios en los balcones durante la primera semana del confinamiento contra la pandemia con el afán de aliviar desde dentro la situación de estrés, presión y desbordamiento a la que se enfrentaba a diario este personal. En este sentido, Saro Bordón, psicóloga clínica que integra este programa, señala que "todo el mundo ha intentado colaborar como puede, y desde el área de Psiquiatría nos parecía que el soporte emocional era muy importante".

El programa de intervención en el Hospital Universitario de Gran Canaria Doctor Negrín se escinde en dos bloques: el primero se orienta hacia terapias de mindfulness o regulación emocional, mientras que la segunda parte se se basa en contenidos psicoeducativos, "donde trabajamos cuáles son las respuestas emocionales habituales; qué tipo de miedos suelen aparecer y las posibles reacciones", apunta Bordón. Este segundo apartado, añade, entraña una relevancia especial porque "sabemos que trabajando toda esta parte podemos evitar el temido estrés postraumático". "Aunque creemos que esto no va a ocurrir, debido a la situación favorable que prevalece en Canarias, sí existe un peligro durante las situaciones de un estrés mantenido y tan agudo", puntualiza la psicóloga.

La batalla paralela durante la pandemia del coronavirus se libra contra la incertidumbre. "Esto es lo que más cuesta regular porque, ante lo incierto, afloran los miedos", indica Bordón. "Y esa es nuestra función principal: transmitir que podemos vivir con cierta incertidumbre sin sentirnos aplastados, sin sobreexigirnos, sabiendo que hacemos lo que podemos, lo mejor que podemos, y siendo conscientes de nuestra fragilidad sin que eso nos derrumbe".

Así, las sesiones se dividen en distintos grupos de trabajo por servicio hospitalario y se desarrollan en el mismo hospital, con duraciones breves para evitar inferencias con las jornadas de trabajo y con las horas de descanso. "La premisa es que no dificultaran ni la cotidianeidad ni el trabajo que realizan los sanitarios, ni siquiera el descanso del café", señala Bordón, "pero sí que les pudiera servir como un espacio de cuidados en el que detenerse, respirar y pensar en otras cuestiones que quizás la rapidez y las exigencias de la sobrecarga laboral no nos permiten valorar".

Aunque el programa se extiende a todos los servicios sanitarios, la demanda principal se concentra en aquellos de atención directa contra la Covid-19, como Medicina Interna, Cuidados Intensivos o Urgencias. Su celebración se adapta a los horarios, frecuencia y necesidades de cada área, que habilitan espacios con amplitud suficiente para poder trabajar en grupo y mantener la distancia de seguridad mínima. Además, en paralelo, también se articuló una línea de intervención directa para la atención individual a los profesionales más afectados.

Según observa Bordón, los miedos más comunes se parecen a los que atesoramos como sociedad: "el miedo a no poder ayudar como se debería ayudar, el miedo a no poder comunicar bien o el miedo al desconocimiento hacia esta patología, que es, sobre todo, el miedo a la incertidumbre". Así, cada sesión se constituye como "un espacio para compartir" en ese reverso cotidiano que no vemos de la profesión sanitaria.

"El personal de medicina y enfermería se enfrenta a situaciones muy nuevas, como es comunicarse con pacientes y familiares de otra manera, sin contacto físico o por teléfono, así como a grandes cambios en la forma de trabajo y de organización", apunta Bordón. "Para enfrentarse a esto han tenido que sacar su parte más humana y, en las reuniones que hemos tenido en el equipo, comentamos que esa humanidad ha sido para nosotros un gran redescubrimiento de los grandes compañeros y profesionales que tenemos".

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