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Crisis del coronavirus La opinión de los expertos

Luis Enjuanes: "Debemos aprender y estar listos, estas pandemias no van a parar"

"Las epidemias se veían venir, cada año aparecen virus nuevos. De los coronavirus se conocen siete", indica el químico y virólogo, investigador especializado en los coronavirus

Luis Enjuanes Sánchez.

Luis Enjuanes Sánchez. LP / DLP

¿Tras 35 años dedicados a los coronavirus

Tan importante, no. Pero las epidemias se veían venir, cada año aparecen virus nuevos. De los coronavirus se conocen siete: los cuatro primeros están atenuados y todos estamos infectados; los otros tres aparecieron en 2002, 2012 y ahora. La cadencia está clara, lo que no era esperable es la gravedad de este, mucho más contundente que los otros. El de 2002 infectó a 8.000 personas y mató a 800. El de 2012 contagió a menos de 2.800 y ha matado a la tercera parte. Son números incomparables con el de ahora, que lleva más de dos millones de infectados.

¿Por esa frecuencia nos podemos esperar la llegada de un virus incluso más violento en ocho o diez años y nos deberíamos preparar para ello?

Desde luego que nos debemos preparar para otra epidemia. De este o de otro virus. Incluso uno violento de la gripe podría ser más temible todavía. Pero que sea tan dañino como este no es lo normal. En toda la historia de la virología ha habido pandemias: la de 1918 mató a 40 millones de personas. Esta es la segunda más fuerte. En resumen, sí deberíamos prepararnos. Si ha pasado, puede volver a pasar.

¿Por qué es tan fuerte y agresivo el actual?

Por su capacidad para infectar y no delatarse: mantener a la persona sin síntomas clínicos, de manera que esta se mueve y disemina el virus. Otro motivo no comprobado pero que se entrevé es que, aunque induce una respuesta inmune, esta no es muy espectacular.

¿Esta crisis es una cura de humildad para la ciencia? Lo digo porque han existido diferentes vaivenes sobre el proceder del virus y su manera de afrontarlo.

No sé. Ya sabíamos que nuestro poder era limitado. En toda la Historia ha sido así: la peste, los ébola, la poliomelitis... Como virólogo no necesitaba que me dijeran que eran muy peligrosos y poderosos. Es una señal de la que debemos aprender mucho por la fuerza que ha tenido. Aprender que hemos de estar preparados porque estas pandemias no van a parar. Ha sido así y van a continuar. Ha habido más muertes por epidemias que en las dos guerras mundiales del siglo XX. Lo que ocurre es que nos olvidamos y no debemos hacerlo, ni gobiernos ni personas. Hay que continuar invirtiendo en posibles vacunas que sirvan para distintos patógenos y nos permitan una reacción rápida.

Pero si no tenemos tratamiento ni vacuna y el porcentaje de población sometida a test es bajo, ¿podemos realmente decir que le estamos ganando la batalla a la covid-19?

De momento, parece que sí que se le puede ganar la batalla. En China el número de infectados ha sido tremendo, como la reacción de las autoridades, y parece que lo han controlado.

Existen dudas de la fiabilidad de los datos aportados.

Es de esperar. Entra en la parte política, como el comportamiento inicial de Donald Trump y Boris Johnson, que han tenido posteriormente que cambiar. Pero, con todo, en Italia y España se está doblegando la curva y Japón y Corea están muy adelantados en el control. Si seguimos en España como vamos, lo reduciremos al mínimo, aunque no creo que se vaya a eliminar.

¿Cree que habrá rebrotes?

Sí. Un virus tan diseminado y con esa facilidad para ocultarse se convertirá en estacional, aunque estoy convencido de que las mutaciones también contribuirán a su atenuación.

Las mascarillas han llegado para quedarse entonces.

A corto y medio plazo, sí. El virus continuará evolucionando atenuado. Como otros. En la epidemia de 2012 el susto era mundial, pero apareció en noviembre y en abril del año siguiente se diagnosticó el último caso. El de ahora, como se están probando tantos antivirales y terapia génica a partir de plasma de recuperados y hay 150 vacunas en desarrollo (pocas llegarán al final), se podrá controlar. Todo pasa, aunque algo queda.

¿Entonces estamos en situación de abrir la mano del todo al confinamiento o nos podemos arrepentir?

El Gobierno está haciendo una desescalada con mucha prudencia, repartida en el tiempo por si hay que volver atrás y no se están desmontando hospitales de emergencia. Si rebrota en alguna provincia procuraremos que no pase a otra. Se está muy encima y, francamente, creo que el Gobierno lo está haciendo bien. La evolución del virus está siendo muy razonable. Todo puede ser siempre mejor, pero a toro pasado se sabe lo que había que haber hecho. ¡Yo también he pensado al ver a algún premio Nobel que el descubrimiento ese lo podía haber hecho yo!

¿El vaivén con los datos no complica los avances?

No. Lo que pasa es que según se mejora el método de detección, el número de contagiados es mayor. Está admitido mundialmente entre epidemiólogos que el número de casos declarados en cualquier epidemia hay que multiplicarlo por 8 o 10 para obtener la cifra de casos reales. Siempre se detecta a los que piden ayuda médica, no a los demás. Cuando hagan los test de anticuerpos, que no necesitan que el virus esté allí, los datos serán más fiables. En todo caso, el Gobierno da los datos que le reportan las autonomías y hay de todos los colores políticos.

¿Entonces ve viable que estemos en la nueva normalidad, que se acaben parte de las restricciones, a finales de junio?

Mi predicción personal fue que esto bajaría en junio o julio y las cosas van a estar por ahí. En China han abierto ya bastante. Han tenido problemas en alguna ciudad, pero eso es de esperar y va a pasar en Alemania, Italia o España: que haya rebrotes.

¿Cómo vislumbra la nueva normalidad, muy diferente a la vieja? ¿Nos va a dejar muchas marcas esta pandemia?

Creo que sí, pero en la vida moderna prima mucho la economía y si bien ahora la gente está muy sensibilizada en que el aforo de los locales se ha de reducir, ya veremos en agosto cómo están las playas y los campos de fútbol. Pero el golpe ha sido muy fuerte, tenemos que cambiar mucho nuestra filosofía de vida y tomar muchas precauciones que ahora no tenemos.

Habrá que ver si nuestra identidad cultural está amenazada. Esyamos hablando de una manera secular de sentir la vida: abierta, compartida y permanentemente en la calle. Una expresión serían las fiestas.

Suelo ir a algunas de ellas, me gustan, recuerdo plazas y calles sin poder andar y no sé cómo lo vamos a remediar, no va a ser fácil. Habrá que cerrar zonas y hacer algo como en la Puerta del Sol de Madrid en Nochevieja, con un aforo de seguridad. Algo así se tendrá que implementar en todas partes, va a ser un golpe económico importante.

¿Sabe quién o qué país conseguirá la primera vacuna?

Una cosa es quién la consiga primero. Otra, quién logre llevarla al mercado antes. La parte científica es lo que menos costo tiene y, con frecuencia, resulta la más rápida. Luego está el desarrollo para producirla en gran cantidad y la fabricación y distribución, que cuestan mucho. Ahí tienen un gran impacto las multinacionales o los gobiernos, como el de EE UU, que tienen departamentos que trabajan junto con empresas poderosas.

Al final alguien hará negocio con la sanidad, vamos.

Sí. Las multinacionales serán de las primeras, pero chinos, americanos y alemanes están haciendo las suyas también. El tiempo pondrá a cada una en su sitio y esperemos que se perpetúen las que tienen un equilibrio entre coste, seguridad y eficacia.

No paramos de hablar estos días de la nueva normalidad y los cambios que traerá, pero no sé si internet y la revolución digital supuso más cambio que el que nos espera ahora.

Yo creo que esto va a empujar mucho los medios de comunicación e internet, que ya está desmadrada... Toda la gente, incluido mayores, se va a comunicar mucho más por estas vías telemáticas. Y todo lo demás que está asociado...

¿Su concepto de felicidad ha cambiado mucho en el último año, antes y después de que se produjera la pandemia?

Mucho, no, porque los virólogos tenemos metido en la cabeza que estas cosas pueden pasar. La vida de un científico, al menos la mía, es de mucho esfuerzo durante muchos años. Ahora tenemos una presión increíble, pero uno lo hace porque quiere.

¿Y después de tantos años en primera línea del frente sanitario uno se inmuniza al dolor?

Más bien el dolor también inmuniza. Si pensamos en los países pobres o en la gente pobre de nuestro país todos nos tenemos que considerar unos privilegiados, pero las personas son muy distintas, con batallas y respuestas diferentes.

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