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Desde que aquél niño criado en Guía, Richard Leacock, creara el documentalismo, la técnica ha permitido colarnos en la cocina de las especies

Fotograma del documento de la BBC emitido en enero de este año con una familia de gorilas grabada mientras observa las evoluciones del pequeño rob ot-gorila.

Fotograma del documento de la BBC emitido en enero de este año con una familia de gorilas grabada mientras observa las evoluciones del pequeño rob ot-gorila. BBC

El 18 de julio de 1921 nacía en Londres Richard Leacock, hijo del empresario inglés afincado en Santa María de Guía David J. Leacock, y su esposa Jessie Etchells.

Criado en sus fincas de Becerril, a los ocho años se va a Reino Unido a continuar con sus estudios y con el tiempo se le presenta un problema, el de explicar a sus compañeros de clase cómo era realmente la isla de Gran Canaria, un paisaje y un entorno humano diametralmente diferente al de Gran Bretaña.

Después de grabar un corto a los once años sobre el trasiego del tren transiberiano, titulado Turk-Sib, acomete la empresa de plasmar los cultivos de plataneras, y sobre todo el proceso de maduración del plátano, en un trabajo audiovisual que no termina de convencerle porque, según expresó, "no transmitía la sensación de estar allí".

Por pura casualidad conoce en la Dartington Hall School a la hija de Robert Flaherty, cineasta norteamericano que dirigió el primer documental de la historia del cine, Nanuk, el esquimal, y a David Lack, ornitólogo y profesor de biología.

Con todos estos ingredientes bien mixturados Richard Leacock graba un primer gran documental en las islas Galápagos, que se convierte en el inicio de una apasionante carrera que le valió, al pequeño vecino de Guía, convertirse junto con Flaherty en uno de los padres del cine verité, o cine de realidad, un formato que da pie al documental donde los equipos de filmación a medida que se reducen de tamaño y mejoran sus prestaciones se colocan en el lugar preciso para captar tanto imágenes como sonidos en un entorno real.

Empieza así a crearse leyendas del documentalismo, como el burgalés Félix Rodríguez de la Fuente, que asombró al mundo con su serie El hombre y la Tierra, producida entre 1974 y 1980, y que dejó imágenes como la caza de un muflón por un águila real que cargaba la enorme pieza atrapada en sus garras mientras descendía volando de un cerro, por no hablar de las batidas de lobos comandadas por el propio Félix. Entra en el olimpo de nombres como Jacques Cousteau, que comandando el Calypso produce El Mundo Submarino, otra serie documental con la que salivaron millones de televidentes mientras el propio naturalista desarrollaba la primera escafandra moderna junto al ingeniero Émile Gagnan. Ambientalista precoz, en 1979 deja como legado a la humanidad su Carta de Derechos de las Generaciones Futuras, cuyas premisas podrían habernos evitado las islas flotantes de plástico.

Este cuarteto de ases tiene un quinto y fundamental invitado, Sir David Frederick Attenborough, otro de los pioneros del documental que revolucionó el formato para la BBC con técnicas cada vez más complejas que le permitieron capturar casi todos los aspectos de la vida natural en el planeta, con trabajos inolvidables como La vida en la Tierra, de 1979; El planeta viviente, de 1984; o el más reciente Planeta Tierra, de 2006, que se convierte en el más caro grabado hasta la fecha, en formato HD, y acreedor de varios premios Emmy.

El sexto protagonista sería la propia productora británica BBC, que continúa revolucionando el documentalismo a extremos inimaginables a día de hoy para Ricky, como se conocía en Guía al pequeño Richard Leacock, con la incorporación de robots que copian con gran fidelidad la fisonomía y movimientos de las especies que intenta documentar, como el gorila-robot, que se mete en la 'cocina' de la familia gorila, tras un pasmo inicial del macho alfa espalda plateada, y los enanos del la casa intentando jugar con él, o el más inquietante hipo-robot, colándose donde hasta ahora nunca había entrado una cámara.

¿Y que porqué habría que verlo? Pues porque como dice Attenborough, "todo lo que tomamos de la Tierra tiene un coste", y conocerlo refleja el inconmensurable valor de los tesoros de este planeta cada vez menos azul.

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