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Crisis del coronavirus La fiesta en la desescalada

Tradición canaria entre mascarillas

El paseo de Las Canteras cambia el folclore y el ambiente festivo por las medidas de seguridad ante la pandemia v Un puñado personas acude a la playa con el traje típico

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Desescalada en Canarias | Día de Canarias en la capital en el primer sábado de la fase 2

"Es su primer día de Canarias", señaló Natalia Arias Falcón mientras sentaba a la pequeña Julia sobre su regazo en una terraza en el entorno de La Puntilla, en la capital grancanaria. La niña, con apenas siete meses de edad, vestía un traje típico isleño rosa con un pañuelo a juego en la cabeza. Ha venido al mundo en un momento complicado, pues la mitad del tiempo de su corta vida sus padres y familiares han tenido que estar confinados en casa por culpa de la pandemia de la Covid-19. El paseo de Las Canteras y la zona de Santa Catalina cambiaron este sábado el folclore y el ambiente festivo característicos del 30 de mayo en el Archipiélago por las distancias de seguridad y las mascarillas.

Arias, al igual que su marido, Javier Martín Frica, también iban ataviados con trajes folclóricos de las Islas. "Les dijimos al resto que vinieran de Canarias, pero no hicieron caso", señaló ella, en alusión al resto de familiares que les acompañaban en la mesa, listos para comer papas con mojo y queso de la tierra. Eso sí, la mayoría llevaba la mascarilla al cuello, señal inequívoca de la "nueva normalidad". "La verdad es que pensábamos que habría más gente vestida de típicos, pero no", apuntó.

A esta pareja, ella natural de la capital grancanaria y él de Granada, le encanta vivir las tradiciones. "Normalmente venimos a la romería que se hace aquí el 30 de mayo", señaló Arias, en referencia a la celebración que se ha venido realizando en los últimos años en la zona pero que en esta ocasión fue suspendida por la pandemia. "Eso sí, el traje de la niña lo compramos un poco grande para sacarle partido el año que viene", añadió ella con gracia.

Este era el primer día que se reunía toda la familia entorno a una mesa después de los dos meses y medio de cuarentena, había ganas, pero el "miedo" todavía está latente. "Mi madre era reacia, pero bueno, hay que intentar hacer vida", indicó Arias. El paseo de la playa estaba poblado este sábado por una multitud con mascarillas, aunque salpicada por un puñado de personas que decidieron, al igual que Natalia, Javier y la pequeña Julia, seguir la tradición de llevar el traje folclórico de las Islas.

Bajo un cielo plomizo, Mari Pino Ramírez Rodríguez caminaba a paso ligero camino de Amigo Camilo para comer buen pescado. Isletera de nacimiento, decidió ponerse la falda, el delantal y el sombrero de paja tradicional para conmemorar la festividad del Archipiélago a pesar de la pandemia. "Esperaba ver más gente de folclórica, si llego a saberlo, igual ni vengo así", señaló con sorna. "Pero es algo que me gusta, por eso lo hice", recalcó.

La señora se definió como "muy canariona" y lo cierto es que no se pierde nunca una fiesta. En los últimos años ha ido siempre ataviada con el traje de folclórica a la romería del día de Canarias, pero tampoco puede faltar a las celebraciones de la virgen del Carmen y de La Luz, las más características del Puerto. Encuentros, estos últimos, que normalmente reúnen a miles de personas y que en este 2020 deberán vivirse de otra manera, dada la actual situación sanitaria que azota el mundo.

El día de Canarias de este año no solo se caracterizó por la presencia de mascarillas en las calles y la ausencia de festejos ante el Luto Oficial por las víctimas de la Covid-19 declarado esta semana por el Consejo de Ministros. Un manto de nubes grises cubrieron el cielo durante toda la jornada, al menos en la capital grancanaria. "Me traje el bikini puesto y la toalla en el bolso, pero me da a mí que no", señaló Ramírez resignada. "También te digo que está bien así para caminar por la orilla, el calor no sofoca", añadió.

De hecho, una ligera brisa recorría el ambiente e invitaba a pocos de los que estaban en la arena a quitarse la ropa. Paradójicamente, este era el primer sábado en el que se ha podido hacer uso de las playas en los últimos dos meses y medio. El baño y la estancia en las mismas están permitidos desde el pasado lunes, 25 de mayo, cuando la Isla entró la fase 2 de la desescalada, pero tras una semana en la que Las Canteras llegó a vivir pequeñas aglomeraciones, el panorama ha cambiado totalmente este fin de semana. Cosas de la meteorología.

"Traje el bañador de la niña y todo, pero nada, nos iremos a casa", apuntó Yasmina Martín junto a sus dos hijas y su hermana. La mayor, por así decirlo, puesto que apenas tiene dos años y medio, disfrutó de la mañana vestida con el traje típico canario. "No hay romería pero, ¿por qué no seguir la tradición?", señala la isletera. "Aunque esté la pandemia, no hay que abandonar lo nuestro", reiteró.

La más pequeña de Martín, en cambio, dormía plácidamente en el carrito. "Nació a principios de abril, en plena pandemia", añadió, "no la vestí con el traje típico porque no había fiesta", recalcó. La ciudad no celebró abiertamente el día de Canarias, cierto, pero aún así algunos no renunciaron a colgar el cachorro y el fajín.

"Me encanta Canarias, es el primer año que paso este día aquí", apuntó Giuliano Torre sentado en una heladería del parque Santa Catalina. Este italiano, de la región norteña de Liguria, vive durante buena parte del año en la Isla desde hace tres años, excepto los veranos, cuando vuelve a su tierra natal. Pero, en esta ocasión la pandemia de la Covid-19 le ha impedido regresar junto al Mediterráneo.

Torre confiesa que le encanta ponerse el cachorro y el fajín siempre que puede; entre otras fiestas, es ya un incondicional de la romería de La Luz. "Hay que disfrutar de la vida", añadió, antes de regresar a casa de su nuera, que es canaria, no sin antes deshacerse en elogios hacia el Archipiélago. "Me queda por visitar El Hierro y La Gomera, cada isla tiene una belleza particular", destacó.

Lo cierto es que a pesar de la pandemia, la tradición canaria se mezcló ayer entre las mascarillas de los viandantes. En la heladería artesanal de Peña la Vieja César de Paz, socio del negocio, se encargó de engalanar el local con la bandera autonómica, bien grande y visible sobre el escaparate. Un poco más allá Víctor, Joel y Echedey se hincaron una ración de papas arrugadas con mojo antes de seguir la jornada en otra terraza. A cada uno le tocó vivir la festividad de una manera particular.

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