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La Provincia - Diario de Las Palmas

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ANÁLISIS

Año claretiano

Se cumplen 150 años de la muerte del Padre Claret, misionero que recorrió y dejó huella en Gran Canaria v De la isla, en 1848, le sorprendió la pobreza y el analfabetismo

Padre Claret. LP / DLP

Hace ciento cincuenta años fallecía en Francia el padre Claret. Por este motivo, la Congregación de Misioneros ha querido que este año sea un año claretiano. ¿Qué significa esto? Que queremos revelar, especialmente, la vida y misión de Claret en el mundo en que vivimos. En particular, lo recordamos, allí donde Claret se entregó y fue misionero. Gran Canaria ocupa un lugar privilegiado. Aquí fue misionero, a tiempo completo en 1848-1849. Misionero de verdad. Al ser elegido obispo el Padre Codina -Paúl-, pidió que viniera un misionero-misionero a evangelizar en la Diócesis. El Padre Claret llega a Las Palmas el 14 de marzo de 1848 en el Corso, a las ocho de la mañana. Viene con el Obispo y cuatro monjas de la Caridad. Atracó el barco en el Puerto de la Luz. El Obispo llega a la Catedral en un coche de caballos, las monjas en pequeños jumentillos y Claret a pie. Al pasar por la ermita de la Luz hacen una pequeña parada y les invitan a tomar leche de cabra. De aquí a la Catedral para reunirse a la comitiva del Obispo.

¿Cómo estaba Gran Canaria entonces? Por supuesto, había mucho abandono en todos los aspectos: geográficamente, alejados de la Península y las comunicaciones eran muy deficientes; sociológicamente, una gran pobreza en todos los aspectos; culturalmente, mucho analfabetismo; religiosamente, mucha frialdad, dominados por el jansenismo, abandono espiritual. Este es el panorama que se encontró Claret cuando llega a la Isla. Claret viene con la ilusión de un misionero. Traía el estilo de la Península, quizá un tanto estricto. Pronto se da cuenta de que ese estilo no funciona en las Islas. Al conocer a los canarios, decide cambiar su manera de actuar y se vuelve un canario más, siendo misionero desde la misericordia y la acogida. Se dirige a todos: sacerdotes, seminaristas, niños, ancianos, enfermos, desfavorecidos. Todos entraban en su órbita misionera.

Comienza su predicación en la Catedral el 19 de marzo de 1848. Predica también en San Francisco, en Santo Domingo y en el Hospital San Martín. En junio de ese año reconoce que tiene que ser un canario más y comienzan a llamarle en Agüimes el Padrito. Se juntaron dos niños: los canarios y Claret. Si importantes fueron sus sermones: Dios, el pecado, María? eran más importante su testimonio, su oración, su saber estar como el evangelizador que acoge y anima. Y siempre Dios perdonando. De esta manera encandilaba a la gente, interpelaba a la gente y la gente se quedaba enganchada ante tanta sencillez, ante tanto cariño, ante tanta emoción? Siempre estaba presente Dios y María. Los canarios son cada vez más claretianos y Claret más canario. Dos simplicidades juntas. Por eso, Claret no estaba nunca solo. Los canarios son sencillos, acogedores. Claret es sencillo y acogedor. El Dios que predica, es un Dios que acoge, que perdona, que ama y anima. De ahí, la mutua atracción. Escenificaba muy bien las catequesis con los niños en las misiones. En Telde -en la primera época- hubo empresarios que quisieron quitarlo de en medio porque denunciaba tantas injusticias. No lo consiguieron. Siempre hubo una gran sintonía entre Claret y los canarios. Evolucionó en cierta medida. Los canarios fueron claretianos antes que los misioneros. También evolucionaron. Los catorce meses que estuvo Claret en Gran Canaria, los dedicó a evangelizar con todos los medios: con la palabra, la Biblia era su compañera de viaje; con el testimonio, por eso atraía; con la cercanía, infundía confianza; con los libros y estampas que impartía en las misiones; con el amor que nunca le faltó. ¿Pensó fundar la Congregación en Canarias? Desde luego, mucha culpa tuvieron los canarios para que Claret sintiera esa urgencia de fundar una congregación misionera. En Canarias pensó crear un Seminario de Misiones. Pronto vio que eso era inviable por ser isla. Se dio cuenta y lo explicó. Aquí sintió la urgencia de "hacer con otros", de hacer comunidades misioneras. Ya lo había percibido en Cataluña. Acaso en Canarias se aceleró la idea, que él ya tenía, de llevar a cabo una fundación de misioneros que siguieran sus huellas. Salió para la Península el 2 de junio de 1849. Llegó a Tarragona el 11 de junio. Y el 16 de julio de ese mismo año funda la Congregación: Hijos del Corazón Inmaculado de María, Claretianos.

El ambiente que se encontró Claret no era muy favorable. Había una gran dejadez en todos los aspectos. Sin embargo, será necesario un testimonio fiel. Se reunió con algunos -pocos- sacerdotes más preocupados por la evangelización. Entre ellos estaba Antonio Vicente, que tiene introducida la causa de beatificación, párroco de Santo Domingo. A él le encargó la Librería Religiosa y la Archicofradía del Corazón de María. Y él acudía, siempre que podía, para ayudarle a confesar en las diferentes poblaciones. Este sacerdote tenía un sentido misionero muy abierto y evangélico. Claret iba de una población a otra a pie, siempre acompañado. Predicaba en las plazas, porque en las iglesias no cabía la gente. Le acompañaban de una población a otra muchos fieles, nunca estaba solo. Cuando estaba en Las Palmas predicaba en la Catedral, Santo Domingo y San Francisco. Se hospedaba en el Palacio Episcopal. En los momentos libres acudía al Hospital San Martín, predicaba y enseñaba a las monjas a tejer. También en esto era misionero. Predicaba sin cesar, rezaba sin cesar, atraía sin cesar. Las cartas que escribió desde Canarias son sencillas, cercanas, estimulantes, llenas de emoción cristiana y generosa gratitud. Siempre iba caminando, por los caminos reales, por los senderos más extraños. Así también evangelizaba. Cuando llegaba a la Capital despedía a la gente desde el balcón del Palacio. Dicen las crónicas que, algunas veces, eran varios miles de personas. Así era Gran Canaria en 1848-49 cuando Claret se desvivió por llegar a todos. Así era los pueblos que misionó (en la columna de la izquierda).

La Misión de Claret llegó más allá de los pueblos en los que predicaba. Las aldeas y pagos cercanos acudían, asiduamente, con fervor, a oír la palabra del Misionero. Por eso, toda la Isla estuvo en estado de Misión general. "En junio de 1851 el Obispo informa a Bravo Murillo que el Misionero visitó todas y cada una de las parroquias de su Diócesis, que eran dieciséis."

Esto es lo que opinaba Claret de los canarios:

"En el pueblo no puede haber mejor ni mayor disposición? Trabajen, por Dios, cuanto puedan por la gloria de Dios y bien de las almas; yo no sé qué más hacer, me expongo a los peligros de mar y tierra, me privo de todo reposo y descanso, de día y de noche, no tengo un maravedí?" (Gáldar de Gran Canaria a 5 de agosto de 1848)

"Son muy constantes y perseverantes -los canarios- en los propósitos de la Misión, de suerte que por ésta, junto con otras virtudes que les veo practicar, me tienen de tal manera robado mi corazón que será para mí muy sensible el día en que los tendré que dejar para ir a misionar a otros lugares, según mi ministerio" (Teror, 27 de septiembre de 1848)

"No ceso nunca de dar gracias a Dios por haberme enviado entre tanto a estas islas, ya por haberme librado de compromisos, ya también por los grandes frutos que reportan las misiones entre los isleños" (Tunte de Tirajana, 6 de enero de 1849)

Ante tanta emoción, ante tanta entrega, los canarios respondieron muy positivamente. En Telde, un sacerdote escribió: "esta población jamás ha presenciado cosa igual; reconciliados los enemigos más encarnizados; los pecadores más obstinados, penitentes; los escándalos públicos y pecados, cortados y expiados; los matrimonios extraviados, restablecidos". Otro canario escribió: "aquel Padrito nos volvía locos? misioneros ha habido muchos, pero como el padre Claret, ninguno". Y don Joaquín Artiles -sacerdote y poeta- dijo: "si queremos honrarle debidamente habría que dedicarle la Isla entera de Gran Canaria? La historia religiosa de Canarias se divide en dos partes: antes y después del padre Claret."

Monseñor Pildáin en el centenario de su predicación pronunció estas palabras: "¡Padre Claret!, gracias al cielo por los frutos copiosísimos que la Diócesis de Canarias ha recibido de tu apostolado". Y don Juan Alonso Vega comentó: "Bendito Padre Claret, este pueblo que te aclama en estos momentos solemnísimos es el que tú formaste." Y don Luis Doreste Silva en un amplio artículo decía: "El cabalgar en los cien años por todos los caminos de la Isla del Padre Claret recristianizador de Gran Canaria?"

Y Azorín, si en un principio lo miraba con ciertos recelos, cuando estudió la figura de Claret lo definió con una precisión admirable: "Sentía atracción profunda por la evangelización? Lo que le causaba más simpatía era el pueblo? Su carácter sencillo, modesto, llano, armonizaba perfectamente con los humildes? Rasgo curioso y fundamental de este hombre extraordinario era el caminar siempre a pie? A pie caminaba, durante largas caminatas, siendo cura párroco. A pie caminó por Canarias, siendo misionero adjunto de un obispo. A pie caminó ya electo arzobispo. A pie caminó en Cuba, ocupando la sede arzobispal de Santiago. A pie caminó en Madrid, vuelto de Cuba, siendo confesor de la Reina. El caminar a pie estaba en consonancia con su sobriedad, con el ritmo todo de su vida? Los sermones eran sencillos. Los entendían todos." (Azorín. Paris 1938).

Al recordar a Claret en los 150 años de su muerte, queremos recordar su memoria y su vida misionera en nuestras islas con actos particulares. Se irán anunciando puntualmente.

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